Fachada de la Audiencia de Alicante
Fachada de la Audiencia de Alicante - JUAN CARLOS SOLER
Juicio

Cuatro policías niegan torturas a un detenido en Elda pero los testigos les incriminan

La entonces novia de la víctima, una vecina y otro arrestado en el calabozo corroboran que recibió una paliza

ALICANTEActualizado:

Cuatro policías nacionales han negado este martes durante un juicio haber torturado a un joven al que habían detenido en Elda (Alicante) y han alegado que él mismo se autolesionó, aunque varios testigos han contradicho esa versión y les han incriminado.

Al inicio de la vista oral, que concluirá el próximo viernes, la sección segunda de la Audiencia de Alicante ha rechazado que los hechos hayan prescrito, así como otras cuestiones previas de índole procesal planteadas por las defensas.

La fiscalía solicita provisionalmente para cada funcionario cuatro años y medio de cárcel por un delito de torturas y otro de lesiones, al mantener que propinaron múltiples golpes y vejaron al arrestado.

Los hechos ocurrieron sobre las 14.30 horas del 29 de junio de 2006, cuando la víctima pasó por delante de la comisaría del Cuerpo Nacional de Policía, detuvo su furgoneta y se encaró con dos de los acusados, G.F.V. y A.R.G.

Conocía a ambos funcionarios del grupo de Policía Judicial porque le habían detenido con anterioridad por un presunto delito de quebrantamiento de condena del que resultó finalmente absuelto.

Sobre las 21.30 horas del mismo día, los dos agentes y otros dos compañeros también procesados en esta causa, J.P.G. y M.A.S., se personaron en la vivienda de la novia del chico, identificado como D.A., en la calle Argentina de Elda, y le detuvieron.

Tres de los policías -G.F.V., que estaba al mando del operativo, A.R.G. y J.P.G.- han asegurado este martes que tenían orden de un superior de arrestarlo por las supuestas amenazas a los agentes unas horas antes, pero el cuarto, M.A.S., ha dicho que la instrucción era citarlo para que acudiera voluntariamente a comisaría.

En cualquier caso, los cuatro acusados han coincidido en manifestar que tuvieron que reducirle "con la mínima fuerza imprescindible" porque se mostró "muy violento y agresivo" e intentó agredir a uno de ellos.

«Tuvimos que reducirlo»

"Nunca le hemos puesto la mano encima a ningún detenido. A él tuvimos que reducirlo porque estaba endemoniado, enfurecido, fuera de sí", ha afirmado M.A.S.

Los testimonios de los policías difieren completamente de los expuestos por D.A., su entonces novia, una vecina del mismo edificio y otro detenido que estaba también en los calabozos de la comisaría de Elda-Petrer esa noche.

La víctima ha relatado que los agentes comenzaron a propinarle puñetazos y patadas por todo el cuerpo nada más abrir la puerta de la vivienda de su pareja, cuando la luz de la escalera estaba apagada, y le bajaron a rastras, ya engrilletado, hasta el zaguán de la finca, donde continuaron agrediéndole.

Tanto su exnovia como una vecina del edificio han ratificado esa versión al sostener que el chico estaba esposado boca abajo en el suelo mientras recibía esos golpes.

El joven fue conducido descalzo y con el torso desnudo hasta la comisaría de la ciudad, donde supuestamente volvió a ser golpeado y vejado por varios acusados.

Según su propio relato, G.F.V. le hizo arrodillarse y le propinó "una patada en la boca", al tiempo que su compañero A.R.G. le "retó" a pegarse con él allí mismo.

"También me bajaron los pantalones y los calzoncillos para que hiciera sentadillas mientras contaba hasta veinte", ha añadido D.A., que ha negado en todo momento haberse autolesionado, como sostienen los acusados.

El detenido fue trasladado hasta un centro médico de la ciudad, donde entró con "rojeces en el cuerpo", según otra testigo, que quedó "impactada" por su aspecto y escuchó a los policías gritar que llevaban "a un delincuente peligroso".

Otro chico que estuvo arrestado y coincidió esa misma noche con D.A. en los calabozos de la comisaría ha contado que le vio llegar "medio desnudo, con un ojo tapado y la espalda roja, con síntomas de haber sido golpeado".

Este mismo testigo oyó a la mañana siguiente a uno de los policías "amenazar" a D.A., en concreto advertirle de que "midiera sus palabras" en el juzgado porque ya le había hecho "la vida imposible" una vez y "podía volver a hacerlo".