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Semon vuelve a ser la élite

Los nuevos propietarios quisieron agradecer a sus clientes su apoyo y su confianza con una fiesta que reunió a lo mejor de la sociedad barcelonesa

Escaparate de la tienda Semon
Escaparate de la tienda Semon - ABC

Semon dejó de ser de mi familia hace un año, tras ser creado y coronado por mi abuela durante 45 años y devastado por mi madre en poco más de tres. Yo nunca quise dedicarme al negocio pero aprendí a disfrutarlo desde muy pequeño y mi vida ha ido íntimamente a él. Cuando lo vi caer estuve tan triste como feliz me siento ahora que Paulino y Pedro Robles, competentes y leales trabajadores de mi abuela, se lo han quedado y han conseguido devolverle el lustre y la calidad con que en sus mejores tiempos deslumbró a España entera.

El miércoles, los nuevos propietarios quisieron agradecer a sus clientes su apoyo y su confianza con una fiesta que reunió a lo mejor de la sociedad barcelonesa. Fue una velada donde Semon brilló con su mejor esplendor y demostró que está en disposición de afrontar todos los retos: en primer lugar, la campaña de Navidad, que está a punto de empezar, y que los hermanos Robles y su equipo han preparado con una oferta en que tanto lo clásico como lo novedoso alcanzan la excelencia, unidos por el hilo argumental del rigor y del talento.

Es raro cuando algo que dabas por descontado deja por las razones que sean -y en este caso más que justificadas- de pertenecerte. Pensé que me costaría volver a entrar a Semon, y que me sentiría extraño cuando lo hiciera. No podía estar más equivocado. Gracias al magnífico trabajo de Paulino y de Pedro, junto a quienes he pasado la mayor parte de mi vida, y que tuvieron no poca paciencia con mis travesuras infantiles -y no tan infantiles, ¿verdad, Paulino?- volver a Semon ha sido como si mi abuela todavía viviera e hiciera funcionar la empresa a su manera.

Todo lo que mi abuela intentó enseñarle a mi madre, y que mi madre por ignorancia y por resentimiento despreció -con esa arrogancia con que los hijos demuestran que han heredado todos los defectos de sus padres, pero ninguna de sus virtudes- lo aprendieron Paulino y Pedro con humildad, agradecimiento y respeto. Lo mismo que mi querido amigo Juan Cardeñas, que sigue al frente del Indret; y Antonio Jurado, Matías Vivo y José Salamanca, que cada cual a su manera continúan siendo dependientes claramente distinguibles del resto de sus compañeros de profesión.

Por si a alguien puede servirle, quiero decir que hay que proteger el patrimonio familiar -ya sean bienes o empresas- de los hijos incapaces, lo que a la larga es el mejor modo de proteger también a los hijos incapaces, para que pueden vivir de los beneficios del patrimonio sin arruinarlo. Los negocios y las empresas merecen y necesitan ser dirigidos por quien los entiende, los ama y tiene capacidad para proyectarlos, porque sólo así estarán en disposición de competir en condiciones en el durísimo mercado.

Es una magnífica noticia que Barcelona recupere su élite gastronómica, que sólo Semon ha sabido encarnar, pues ni en sus años de decadencia surgió una competencia que pudiera sin ofensa comparársele. Que Semon ya no sea de mi familia no significa que la gran familia de Semon no esté perfectamente al frente del negocio, con el mismo amor, compromiso y profesionalidad de siempre.

¿Cómo no iba a continuar siendo mi casa?

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