Antonio Piedra - No somos nadie

El sueño de Peter Pan

«El único sueño de Rajoy en la Moncloa es que se arreglen los problemas sin hacer nada»

Antonio Piedra
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Dos hechos desde Castilla y León: que no hay estado en Cataluña porque no existe un Gobierno de estado, y que los golpistas ganan porque los políticos que gestionan el Estado parecen capullos de alhelí. La figura trágica de Enric Millo, pidiendo perdón por una impostura -la fuerza del derecho, con porra o sin ella, es siempre legal porque se ejerce en defensa de las leyes democráticas-, prueba lo primero. Rajoy, hablando de diálogo por boca del diputado cunero de Palencia, Méndez de Vigo, evidencia lo segundo. Conclusión, que la desprotección de la democracia y de los demócratas es absoluta por algo que avisaba Fedro hace dos mil años: «Un hombre cobarde, que farda de valor, engaña a quienes no le conocen y sirve de risa a los que le conocen».

Lo de Rajoy, asegurando que actuará cuando crea conveniente como los grandes dictadores de Charles Chaplin, es de risa por no decir de cachondeo. No engaña a los que dice desconocer -a los golpistas que tanto considera-, porque con su inacción de avestruz los anima a delinquir más cada día. Provoca risa en los que le conocen -por no decir cabreo sustancial-, porque su lealtad democrática hace juego con sus piernas: no distingue entre el conflicto y su evolución. Y ocurre así porque Mariano sólo lee el Marca, y este periódico deportivo sólo si juega en la Selección Nacional el independentista Piqué. Si leyera a Shakespeare -imposible porque no sabe inglés- o a Cervantes -más imposible porque necesita intérprete-, sabría qué es una encrucijada y a lo que conduce: a la senda de los villanos que pierden la cabeza y arrasan las leyes para imponer la suya.

El único sueño de Rajoy en la Moncloa es que se arreglen los problemas -la economía, la Constitución, y el totalitarismo- sin hacer nada. Ya ha estallado en sus narices el hecho y de derecho, pero a él le da igual. El suyo es un cuento de niños que necesita imperiosamente un hada madrina para echar a volar y esparcir la lluvia dorada de Peter Pan por la España invertebrada, ignorando lo que advertía don Quijote a Sancho: so místico, que «esta aventura no es de isla, sino de encrucijada».

Desde su isla monclovita, Rajoy lo ve todo con un fastidio inconfesable. Es un político que pasa del interés general porque le gusta el rosa de Peter Pan: Puigdemont se parece un poco a Garfio, sí, pero en realidad es un colibrí que pasa visto y no visto. O sea, que para el habitante de la Moncloa estamos en ese momento interesante del diálogo en el que un cocodrilo y un pato, vestidos de blanco como ayer sábado, parlamentan para ver por dónde quiere el ánade que se lo zampe limpiamente el reptil. Pura gilipollez democrática. Como el pueblo español, siguiendo al Rey, no reaccione más veces con el vigor de ayer en la plaza de Colón, el próximo martes se servirá, inevitablemente, el pato con naranja a lo Rajoy y Pedro Sánchez.

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