Antonio Piedra - No somos nadie

Quintorro de verano

«El viernes pasado se anunció la salida al mercado de un tintorro catalán con aires de peleón y nada barato. Lo llaman QuimTorra»

Antonio Piedra
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Dicen los enólogos que, dada la climatología, la cosecha trae buena pinta. Los caldos de la Ribera del Duero serán excelentes. A cambio, el viernes pasado se anunció la salida al mercado de un tintorro catalán con aires de peleón y nada barato. Lo llaman QuimTorra. En algunas partes de España, dada la riqueza lingüística, ya lo llaman Quintorro. Acostumbrado al buen Ribera del Duero, me da igual que lo llamen QuimTorra, QuinTorro o Tintorro. Sé lo que supone un Ribera: cultura, salud, calidad, país. Vamos, que los quintorros, de entrada, me dan dolor de cabeza.

En Castilla y León, tolerantes con todas las denominaciones de origen, estamos tan acostumbrados a que se hable de vinos buenos y malos en igualdad de condiciones como si lloviera. Lo mismo ocurre cuando se quiere prohibir el buen vino porque lleva alcohol: que dejamos de leer esas noticias del gato por liebre con sana paciencia. Ya sabemos las características genéricas del QuimTorra como atracción del verano: un mal tintorro que da molestias de estómago, que tiene un alto grado de acidez, que repite con furia, que conserva intacta la hipocresía del hollejo, que tiran «patras» las flatulencias, y que resulta insoportable incluso con gaseosa. Cuestión de tragaderas.

Por salud pública traslademos el asunto al Gobierno. ¿Qué piensa hacer Rajoy con el QuimTorra independentista? ¿Cambiará las barricas de una vez para que no salga el vino picado, o transigirá hasta acostumbrarnos a un producto macarra? Hablamos del QuimTorra que promocionan y subvencionan los sumilleres del Estado español y las Comisarías europeas. Un asalto al buen gusto que los políticos de aquí y los de Bruselas quieren que se pague a beneficio de inventario. Al parecer, aquí pagamos por igual el buen y el mal vino, los concursos de Eurovisión, o las tarjetas black para un puticlub. Lo hacen con buena intención, no cabe duda. Pensarán como algunos del PSOE: que a los de la UGT y a los del partido les hacen rebaja.

Conclusión, bebed@s: un interesante experimento sociológico con un montón de preguntas. ¿Irá a peor la borrachera catalana? ¿Qué límite tendrá la estupidez política y el aguante ciudadano? ¿Cuántas veces hay que repetir que algo es ilegal para que sea legal? ¿Por cuánto tiempo pagaremos los viajes a Berlín de un golpista para que la bruja le lea su destino? ¿Hasta cuándo las brujas cobrarán de los presupuestos generales? ¿Cuánta gente en España está en la cárcel por mil causas menores a las de Pujol? ¿Por qué Carmena cuando juzgaba a una mujer por delito de violación no la creía y ahora dice demagógicamente que hay que creer siempre a las mujeres? Etc, etc. Demasiadas preguntas y demasiada jeta que recuerda la parte del cerdo que hoza en el lodo. Que no, que no cambio una copa de Ribera del Duero por un botellón de QuimTorra de verano xenófobo y supremacista hasta las trancas. Ni de coña.

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