José Luis Martín - Opinión

El fin de una política libre José Luis Martín

Su valentía le ha llevado a convertirse en muchas ocasiones en la díscola, el látigo del PP en los escándalos del partido y abanderada de la regeneración política; muchos «compañeros» darán palmas con las orejas, pero la mayoría de los castellano y leoneses que la conocían ayer decían !Qué pena!. Adiós a su anhelo de ser la sucesora de Herrera

Herrera abraza a Rosa Valdeón en una imagen de archivo
Herrera abraza a Rosa Valdeón en una imagen de archivo - F.HERAS
JOSÉ LUIS MARTÍN - Actualizado: Guardado en: Castilla y León

Rosa Valdeón tiene una característica que no es habitual en muchos políticos: es una mujer «normal». Sensata, eficaz, trabajadora, directa, con sentido común, cercana y libre para denunciar y decir lo que le parece mal o injusto. Nunca se ha dejado atar por los «corsés» que acarrea pertenecer a un partido, lo cual en reiteradas ocasiones ha sido aplaudido por los ciudadanos y ha molestado sobremanera a sus compañeros del PP. Desde hace muchos años Valdeón ha sido la díscola, el «Pepito grillo» de los escándalos de la formación de Mariano Rajoy y la abanderada de la ética en la política. Ahora muchos de sus compañeros darán palmas con las orejas, el cazador cazado, pensarán, a pesar de que su error no sea político, sino una gravísima falta de ejemplaridad para un cargo de su responsabilidad. Eso lo pensarán sus enemigos de partido y parte de la oposición, pero el común denominador de los que la conocen coinciden en una frase que ayer se escuchó en muchos lugares de Castilla y León: «¡Qué pena!». La vicepresidenta de la Junta es, ante todo, una persona querida y muy respetada. Su valentía y buen trato le ha hecho ganar muchos adeptos.

Sin embargo, no le quedaba más remedio que dimitir, fundamentalmente porque tenía que ser consecuente. «Vergüenza ajena» sintió nada más conocer que el exministro Soria iba a ser nombrado un cargo ejecutivo en el Banco Mundial y fue la primera en transmitir su crítica en las redes sociales. Twitter ha sido su plataforma y donde hemos visto a la política del látigo. Tampoco entendió el nombramiento de su paisana Clara San Damián cuando cuestionó que la hicieran responsable de la Unidad de Violencia contra la Mujer. Incluso salió a la palestra nacional y se convirtió en la principal voz crítica del PP contra la Ley del Aborto del también dimitido ministro de Justicia Alberto Ruiz-Gallardón. Una mujer del PP, excesivamente liberal y progresista para unos, pegada a la realidad y a las nuevas formas de entender la política, para otros. Por eso ha hecho lo que tenía que hacer: dimitir. La vida personal y la política están intrínsecamente unidas desde hace muchos años y es incuestionable que para gobernar y tener vocación de servicio público hay ciertas conductas que son incompatibles. La regeneración de valores políticos tiene que estar siempre presente y todo acto tiene unas consecuencias. No es el primer caso y así deberían actuar todos. Ahora bien, los que conocemos la trayectoria política de esta zamorana coincidimos en que Castilla y León pierde una figura sin parangón en el ámbito político. Una mujer que no lo ha tenido fácil y que estaba en todas las quinielas para suceder a Juan Vicente Herrera, cuando el actual presidente tome esa decisión.

Su cercanía y complicidad con Herrera siempre la mantuvo como una auténtica sucesora. Creó la Consejería de Familia para ella; tuvo que comerse el sapo de tener que enviarla como candidata del PP de Zamora a las elecciones municipales por orden del partido, y la recuperó dos legislaturas después como vicepresidenta. No obstante, Valdeón era consciente de que sus desencuentros con Génova y, sobre todo, con el actual secretario de Organización, el también zamorano Fernando Martínez Maillo, eran un obstáculo importante. Ahora todos sus anhelos se esfuman. En solo un par de horas, su carrera política toca a su fin. Injusto o no, no había otra opción. Su salida abre una crisis desconocida en el PP regional y en la propia Junta de Castilla y León. Pero Valdeón ha dado la cara, y eso también hay que reconocérselo. Rara, muy rara, fue la estrategia ayer de comparecer ante la prensa y no anunciar si dimitía o no a expensas de hablar con Herrera. Raros también algunos argumentos en su explicación. Habrá que ver si presentar su renuncia como vicepresidenta y consejera y no como procuradora en las Cortes regionales no le sale caro. Y habrá que esperar a ver qué delitos se le imputan finalmente y cuál será el proceso judicial, pero mientras tanto Valdeón, que, como ayer reconocía, está pasando un mal año en lo personal, tendrá que rearmarse para salir adelante. La política tiene estas cosas…

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