Antonio Piedra - No somos nadie

¡Cayó Lassalle! Antonio Piedra

«La inquina manifiesta de Lassalle con Castilla y León ha sido de una continuidad en el tiempo y en el espacio propia de un 'majaderillo', como se decía en el siglo XVII»

Lo expresaré en espanglish como interjección restallante: Wow! ¡¡¡guau!!! Ha caído José María Lassalle, hasta el viernes Secretario de Estado de Cultura y ministro de facto. Excelente noticia para la cultura de Castilla y León, pues con él se cierra -esperemos que para siempre- el capítulo más oscuro y nefasto de una saga de políticos entreguistas que han hecho de la cultura una moneda de cambio y una impostura. Jamás en la historia de España -desde la época romana en la que nos estrenamos como unidad hispánica, hasta nuestros días- hemos conocido a un administrador de Cultura tan pésimo, intratable, escaso de argumentos, lejano, y sectario en sus aplicaciones políticas. Así que la expresión de alegría Wow! o ¡¡¡Guau!!! rompe hoy el cielo sonoro y glorioso de las letras hispánicas y mesetarias.

La inquina manifiesta de Lassalle con Castilla y León ha sido de una continuidad en el tiempo y en el espacio propia de un «majaderillo», como se decía en el siglo XVII. Es decir, un señor que hacía bolillos de encaje con el lino y el cáñamo. Metáfora benigna, pues imaginar que el ex ya Secretario de Cultura hilaba la ídem con hebra de plata equivale a cuestionar dos siglos de oro que pasaron por Castilla y León con el peso de un clasicismo impresionante.

Demasiado para Lassalle como han demostrados sus políticas culturicidas en relación con el canon digital, su esclerótica ley de mecenazgo, o la persecución a escritores jubilados que siguen escribiendo y que se les quiere reducir a la condición de silentes porque cobran una pensión a la que tienen derecho. En Castilla y León nos dimos cuenta muy pronto de la incapacidad de Lassalle para gestionar cultura. En los preámbulos al centenario de Teresa de Ávila, pudimos constatar cómo él y sus adláteres del Ministerio se desentendieron en principio de la gran mujer, de la gran mística, y de la gran escritora porque, según ellos -¡qué vergüenza!- se trataba de un fenómeno devoto restringido a Castilla y León. Una paletada integrista que no resiste un político menor.

Pero ha sido su gestión sectaria en torno al Archivo de Salamanca lo que ha convertido a Lassalle en un piquetero de la cultura archivística en particular, y en el dinamitero providencial del legado histórico de un pueblo. Él permitió asaltos con nocturnidad y alevosía a la integridad del Archivo que perpetraron manos inexpertas y afines a la dictadura castrista. Él llenó miles de cajas con un contenido impropio o directamente ilegal para contentura del independentismo catalán. Él, en un pacto de catre giratorio entre su mujer -la independentista visceral Meritxell Batet de la que se divorció hace unos meses- y ese independentismo, hizo de la documentación más inocente y objetiva una ideología contaminada. ¿Es posible que semejante experto en artes marciales siga siendo ahora Secretario de Estado de no sé qué? Wow! ¡¡¡guau!!!

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