Ignacio Miranda - Por mi vereda

Aceras entre las eras Ignacio Miranda

«¡Si no apreciamos sentido de estado en los dirigentes nacionales, qué vamos a pedir a los virreyes autonómicos!»

Ignacio Miranda - Actualizado: Guardado en: Castilla y León

La Laponia española existe y la tenemos bien cerca. Un inmenso territorio despoblado paralelo al Sistema Ibérico, con una superficie de casi 66.000 kilómetros cuadrados y apenas 483.000 habitantes. En Castilla y León comprende toda la provincia de Soria, el sureste de Burgos y el extremo oriental de Segovia, para continuar por comarcas serranas de La Rioja, Guadalajara, Cuenca, Zaragoza y Teruel. Con una densidad de 7,3 habitantes por kilómetro cuadrado, es el espacio más envejecido y desestructurado del continente.

Llevamos ya unos cuantos lustros tratando de atajar la sangría demográfica en el interior de nuestro país con la ayuda de fondos europeos, pero el panorama resulta desolador. Las medidas no han servido para atemperar el fenómeno, salvo excepciones, y todo apunta a la responsabilidad de las taifas autonómicas. Así lo entiende Mercedes Molina, catedrática de Geografía Humana de la Universidad Complutense, que destaca las dificultades de ejecutar actuaciones conjuntas entre varias comunidades y el fomento del crecimiento excesivo de las ciudades. ¡Si no apreciamos sentido de estado en los dirigentes nacionales, qué vamos a pedir a los virreyes autonómicos!

Pero hay más. Mientras en la Laponia de Papa Noel las inversiones financian conocimiento, tecnología y proyectos de particulares que generen un beneficio social y económico, aquí se ha gastado dinero a espuertas en equipamientos como centros polivalentes sin uso o pistas deportivas donde no bota ningún balón, aunque luego falle la cobertura móvil. Por no hablar de los omnipresentes aparatos de gimnasia muertos de risa que jalonan nuestros pueblos gracias al Plan E de Zapatero, un calamitoso dispendio que permitió pavimentar aceras entre las eras y adornar la entrada con un cartelazo hortera para anunciar la intervención. Definitivamente, somos diferentes.

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