España

¡Dengra, a su servicio!

A sus 50 años, este teniente coronel toledano es el nuevo jefe del BIEM I de la Unidad de Militar de Emergencias (UME), que abarca Madrid, Castilla-La Mancha y Extremadura

Rafael Dengra Tello
Rafael Dengra Tello
MANUEL MORENO Toledo - Actualizado: Guardado en:

Rafael Dengra Tello (Toledo, 1966) no recuerda que en la infancia se entretuviese con los soldaditos en su habitación. Lo suyo fue el balón. «De pequeño jugaba a muchas cosas, sobre todo a juegos de equipo y, en particular, al fútbol», rememora. Llegó a ser portero del equipo juvenil del CD Toledo y «tengo muy buenos recuerdos de esa época, ¡incluso fuimos a jugar a Francia!».

Pero el Ejército se cruzó en su camino. «Dejé el fútbol para irme a Zaragoza cuando ingresé como cadete en la Academia General Militar». Se cumplió así la predicción que alguien le anuncio cuando él era un chavalín. «En unas pruebas que me hicieron en el colegio cuando tenía diez años, me dijeron que mi carácter era muy compatible con la carrera militar», recuerda el nuevo jefe del Primer Batallón de Intervención en Emergencias (BIEM I), situado en la Base Aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid), de la Unidad Militar de Emergencia (UME). Asumirá el cargo oficialmente el 28 de septiembre y a sus órdenes estarán casi 500 militares, cuya acción operativa abarca las comunidades autónomas de Madrid, Castilla-La Mancha y Extremadura.

El ajedrez

El teniente coronel Dengra cree que el hecho de vivir en Toledo, cuna de la Academia de Infantería, habrá tenido algo que ver con su vocación militar: «Recuerdo ver de adolescente, con mucho cariño, a los alumnos de la academia paseando con sus uniformes por las calles de la ciudad».

Para entonces, ya jugaba al ajedrez. «Disfruto mucho del reto personal que supone enfrentar tu mente a la de la otra persona, para ver quién llega más lejos en el razonamiento sin la participación de la suerte», reflexiona. «Con su práctica se aprenden muchas cosas aplicables a la vida en general y a la milicia en particular, como razonamiento lógico, estrategia, control de los tiempos, a ganar y a perder», enumera.

Al jefe de la BIEM I le cuesta, por pudor, hablar de sus propias cualidades. «Algo que creo que me caracteriza es mi preocupación por los demás —explica—. Me gusta escuchar y empatizo con los que me rodean; a veces, quizás, demasiado. Los años de trabajo en el ámbito de los recursos humanos hacen que te involucres en los problemas de tus compañeros y luchas por alcanzar las mejores soluciones posibles».

«Debemos estar orgullosos de España, porque el papel de nuestros militares fuera es muy apreciado»

También se esfuerza en la cocina. Sus amigos dicen de él que lo mismo hace un buen arroz valenciano que un sabroso cochinillo, un cocido y unas fabulosas patatas a la riojana. Además, Rafael es capaz de contar sus secretos culinarios en inglés, alemán y francés. Habla y escribe en los tres idiomas. «El inglés ha sido muy potenciado en las Fuerzas Armadas en los últimos años para la participación en misiones internacionales», resalta. «No es una excepción encontrar militares que hablen varios idiomas. Además, en cuanto hablas inglés y participas en actividades en el extranjero, se abren las posibilidades para aprender otros», asegura quien ha tenido varias oportunidades para practicar idiomas.

Estuvo en operaciones en Bosnia, Kosovo y Malí, esta última recientemente. En 1994 llegó a Bosnia como jefe de sección con el Regimiento Saboya 6 y como «casco azul» de Naciones Unidas. «Aún no se había firmado la paz y nuestra misión era supervisar un alto el fuego que realmente aún no se había alcanzado», explica. «Fue una experiencia muy positiva para mí y para aquellos a los que intentamos ayudar», resume. «Ahora que reina la paz en esas tierras, veo el cariño con el que nos recuerdan a los españoles, aunque ya entonces lo veíamos. Algunos países ponían la bandera española en sus vehículos para pasar por nuestra zona sin problemas, porque sabían que éramos muy bien aceptados por todas las partes en conflicto», cuenta como anécdota.

En Kosovo estuvo en el año 2000, poco después de la intervención de la OTAN. Lo recuerda como una experiencia enriquecedora desde el punto de vista humano y profesional: «Allí colaboré con muchas organismos internacionales y participé en la organización de las primeras elecciones que se celebraron después de la guerra».

En Malí, en el África Occidental, aterrizó en el primer semestre de este año. «Es un país muy pobre y en el que el terrorismo está intentando hacerse hueco», analiza. Allí participó en una misión de la Unión Europea, «con un gran peso específico de España», y donde se está haciendo «una gran labor apoyando al gobierno de Malí».

«Creo que me caracteriza mi preocupación por los demás. Me gusta escuchar y empatizo con los que me rodean»

Sin embargo, Rafael Dengra no se encontraba en el país africano el 21 de marzo, cuando un grupo de hombres armados atacó el hotel Nord-Sud de Bamako, base para la misión europea de entrenamiento al Ejército maliense. «Concretamente, un atacante disparó a corta distancia a un grupo de compañeros que se encontraban en el exterior haciendo deporte —relata—. Fue un milagro que no hubiese ni un herido. El personal de seguridad, tanto maliense como checo, respondió con gran rapidez y eficacia, y neutralizó al atacante».

El teniente coronel había volado la madrugada de ese mismo día a Bruselas con el jefe de la misión para asistir a una conferencia y a la presentación del plan del mandato de la misión para los siguientes dos años.

Rafael Dengra se libró del ataque terrorista en Malí y se encontró con un doble atentado (en el aeropuerto y en el metro) en Bruselas, durante la mañana del 22 de marzo. «Posiblemente, estaba relacionado con el ataque del día anterior en Bamako», señala.

Casado y padre de dos hijas, su carrera militar le ha obligado a cambiar de casa junto con su familia, excepto en las operaciones en el extranjero, a las que ha ido solo. De Zaragoza a Badajoz, pasando por Madrid, Pamplona, Müllheim am Rhein y Hamburgo (ambas en Alemania). «Una de las características de nuestra profesión es la diversidad, y eso es lo que más te enriquece. No destaco ningún destino como el más interesante, ya que he disfrutado y aprendido mucho en todos ellos», afirma.

En sus destinos en el extranjero, además del contacto con los soldados, Rafael Dengra siempre ha procurado aprender del personal de otros países. También ha tenido que superar la muerte de compañeros en acto de servicio, en España y en Bosnia. «Son situaciones muy duras que debes afrontar con la mayor tranquilidad y entereza posible», reconoce. «Creo que podemos estar muy orgullosos de nuestro país, ya que el papel que desempeñan nuestros militares fuera de España es muy apreciado», añade el teniente coronel, en cuyo perfil de su teléfono móvil se puede leer: «Para servir!!!».

Subsecretaría de Defensa

Los tres últimos años ha ocupado el puesto de consejero en la Subsecretaría de Defensa, un cargo relacionado con los recursos humanos del ministerio. Allí ha aprendido sobre el planeamiento y la gestión del personal al más alto nivel. «Aunque la gestión de personal a veces es ingrata, porque es imposible satisfacer a todo el mundo, también es gratificante ver los pasos que se dan para mejorar las condiciones de vida y el régimen de tus compañeros», explica.

Ahora, a sus 50 años, encara otro reto en el BIEM I como responsable del batallón. «Son puestos de gran responsabilidad asignados por libre designación, para los que se valoran condiciones profesionales y personales de idoneidad», cuenta. Con este nuevo destino, Rafael Dengra se muestra igual de ilusionado que con los otros que ha tenido en su carrera militar. La razón es simple:«En el centro está siempre el servicio a los demás».

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