Rafael del Cerro Malagón - VIVIR TOLEDO

La central telefónica de la calle de la Plata y una mítica conferencia en 1936

El vísperas del Guerra Civil, el domingo 5 de julio, en los locales de la calle de la Plata se reailzó una conferencia internacional con Toledo de Ohio, en Estados Unidos

Rafael del Cerro Malagón
TOLEDOActualizado:

El martes 31 de marzo de 1914 finalizaban los servicios que había dado la Red Telefónica de Toledo a la ciudad y a diversas localidades cercanas, desde 1890, a través de su central, en el callejón de San Ginés 6. El motivo derivaba de la caducidad de la concesión -ya anotada a finales de 1913-, a favor de anteriores empresarios y gestores toledanos, como Isabel González-Alegre, Benigno Balbín, Miguel Gistau o Manuel Tourné entre otros nombres, para implantar la telefonía en Toledo. A partir del 1 de abril se hacía cargo la Compañía Peninsular de Teléfonos, entidad de origen catalán y con capital inglés, que, desde 1894, había ido absorbiendo empresas y redes de diferentes ciudades hasta poseer casi la mitad de abonados de todo el país.

La primera decisión que tomó en Toledo fue abrir una nueva central en la calle de la Plata, 20, esquina al callejón de los Usillos, en realidad, no lejos de la anterior, pues la parte posterior de la manzana es colindante con el citado callejón de San Ginés. Y es que ambas casas comparten una de las colinas interiores del recinto histórico de la ciudad, la cuarta tras el Alcázar, San Román y el Instituto. Esta ayuda topográfica, además de su céntrica ubicación, facilitaba un tendido, casi radial, del cableado por toda la ciudad. Recordemos que también, muy cerca, en la calle de la Plata, esquina a la plaza de la Ropería, por los mismos motivos, La Electricista Toledana había erigido, en 1898, un gran transformador que aún hoy permanece en uso.

Por fin, el 3 de junio de 1914, la Peninsular mostraba las «lujosas dependencias» a la élite social toledana, según recogía La Campana Gorda con el añadido de un cuidado convite a base de «dulces, champagne y habanos». Se sucedieron anuncios para captar nuevos abonados con la promesa de mejoras y servicios desde la central, aun totalmente manual, a través de operadoras, una nueva oferta de trabajo, de las muy escasas, que entonces tenía la mujer en España. En esta época la potencia empresarial de la Compañía era indiscutible, pues, en 1920, gestionaba en régimen de monopolio la red interurbana española, aunque aún permaneciesen algunas concesiones privadas o municipales. En 1925 quedó insertada dentro del monopolio estatal de la Compañía Telefónica Nacional de España (CNTE), creado por el gobierno del general Primo de Rivera un año antes. Sin embargo, la tecnología, la financiación y la gestión de la nueva empresa «española» dependía realmente de la americana International Telephone & Telegraph (ITT). Esta corporación, en 1926, fundaría en Madrid la Standard Eléctrica SA, filial de capital también estadounidense para abastecer de los equipos precisos.

En Toledo, por estos años, los abonados aumentaban, pero siempre dentro de los mismos perfiles: entidades, empresas, profesionales o particulares pudientes, y no siempre en breves plazos. En 1923, tras continuas solicitudes del Ayuntamiento ante la Dirección General de Correos y Telégrafos, se pudo instalar un teléfono en Azucaica, en la casa del guardia municipal de este alejado barrio. La gran novedad del servicio automático urbano, sin necesidad de operadoras, llegaría en julio de 1936, mejora que ya disfrutaban los madrileños desde 1926. El estreno llegó en vísperas del Guerra Civil, el domingo 5 de julio, con otro acto singular escenificado en los locales de la calle de la Plata: una conferencia internacional con Toledo de Ohio, en Estados Unidos.

A las ocho de la tarde de aquel día, con los acordes de los himnos nacionales y banderolas de ambos países, llegaban las autoridades, directivos de la compañía, delegados varios y la prensa (el acto se emitió por Radio Toledo). En un gabinete del primer piso se dispusieron cuatro teléfonos para el embajador norteamericano en España (el escritor e historiador Claude G. Bowers), el alcalde de Toledo (el republicano Guillermo Perezagua Herrera), el director general de CTNE en España (Fred T. Caldwell) y el secretario del Comité de Relaciones de Toledo de Ohio, Germán Erausquin. Este era un relevante personaje, de origen vasco, nacido en 1899, emigrante y residente en aquella ciudad americana que, desde años atrás, impulsaba un estrecho hermanamiento con su homónima en España. Al otro lado de la línea habló el «city mánager» de Toledo de Ohio, el demócrata Roy C. Start. La conferencia, con los oportunos mensajes protocolarios, se alargó durante treinta minutos. La feliz jornada concluyó con una velada en el jardín de Gregorio Ledesma, cercano a la iglesia de San Lucas, donde la Cámara de la Propiedad Urbana ofreció una cena servida por el Hotel Castilla. Digamos que, el 13 de octubre 1928, Alfonso XIII había inaugurado el enlace de Madrid con Washington, departiendo con el presidente Calvin Cooligde (1872-1933), gracias al cable submarino del Canal de la Mancha y la estación británica de Rugby.

El «milagro» toledano fue posible gracias a los enlaces que aseguró aquel día la ITT. La conferencia entre ambos alcaldes fluyó a través de la flamante central de la CTNE en Madrid, (concluida en 1929), en la madrileña Gran Vía, por las redes española y francesa hasta la citada estación de radio de Rugby para cruzar el Atlántico. Desde la costa norteamericana la señal de voz volvió a la red terrestre hasta llegar al despacho del mayor del Toledo de Ohio. Entre medias, y en lo más cercano, en las jornadas previas a aquel 5 de julio de 1936, debieron solventarse problemas laborales para culminar las obras de la calle de la Plata y atender reivindicaciones sindicales de empleados de la compañía telefónica a través de Largo Caballero.

En 1939, tras la Guerra Civil, se acometían algunas obras en la central de la calle de la Plata, efectuando la CTNE, a finales de 1948, una completa reforma que dirigieron los arquitectos de la empresa. La obra realzó la portada clasicista acorde con el aire distinguido que siempre tuvo esta calle, manteniendo un blasón entre triglifos y metopas y dos medias columnas toscanas, además de una cuidada rejería historicista en las ventanas de la planta inferior entre un zócalo de granito y mampostería encintada. En el interior, la planta baja reunía usos administrativos, las peticiones de conferencias y las cabinas para el público. Al fondo, frente a la calle, se dispuso un prototipo de patio de casona toledana del XVII, bajo una claraboya, con una fuente ornamental de mármol en el centro, y el tiro de escalera hacia las dos galerías superiores. En ellas se ubicaban algunos despachos, las salas de trabajo de las operadoras y demás espacios para los equipos, cuadros de conmutación, y otros recursos necesarios.

En 1997 se eliminó el monopolio de la CTNE, popularmente conocido siempre como La Telefónica. En esos momentos la central de la calle de la Plata era ya un vacío recuerdo tras más de setenta años de actividad. La nueva tecnología móvil saltaba a la calle. Cualquier anónimo paisano exhibía ya un mágico artefacto para comunicarse con el prójimo sin necesidad de cables, clavijas y peticiones a la empleada de un locutorio.

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