España

Talavera-Toledo, aventuras y desventuras de un viajero

La experiencia me da permiso a hablarles de la extraordinaria experiencia que es vivir un trayecto en autobús entre ambas ciudades

Viaje a Talavera, desde dentro
Viaje a Talavera, desde dentro - G.R.
GONZALO RYM Toledo - Actualizado: Guardado en:

Comienza una nueva semana, llega la hora de ir a trabajar. Desde Talavera de la Reina tengo que coger un autobús hasta Toledo, un servicio que ofrece la empresa de transportes «Autocares Toletum» por la económica cifra de 7,15 euros cada trayecto. Pero, claro, la oferta incluye un hándicap: una ruta «turística» por distintos pueblos de la provincia. Hasta nueve municipios recorre el autobús en una hora y treinta y cinco minutos, como poco, lo que resulta realmente un divertido trayecto por parte de la geografía más popular de la provincia. Da igual el día de la semana que viajes, porque no hay ningún servicio directo entre Talavera y Toledo en plena era de las comunicaciones.

Por tanto, si vas a trabajar, será mejor prevenir y salir al menos dos horas antes de la estación, por si surge algún imprevisto en la carretera. La ruta que separa Toledo y Talavera tiene un recorrido de 70,11 kilometros (según Google). Normalmente, un turismo recorrería ese trayecto en 40 minutos, pero el autobús de línea supera con creces ese tiempo. Eso un día en el que el trafico por la carretera sea prácticamente nulo.

Acabo de salir de Talavera en un autocar casi nuevo, aunque doy fe que no todos están igual de cuidados. Llevo casi dos meses realizando el mismo trayecto, ida y vuelta. Hoy voy mirando por la ventanilla, me entretengo con mi eterno «salvador», un teléfono móvil penúltima generación. Por mi mente se repite la misma idea: «Alucino porque no hay ningún servicio directo que conecte la segunda y la cuarta ciudad más poblada de Castilla-La Mancha», Talavera y Toledo, respectivamente (la primera es Albacete y la tercera,Guadalajara). Abro totalmente la rejilla del aire acondicionado para que me enchufe directamente a la cara y, de repente, mis sentidos se centran en una entretenida conversación: «¡Yo a ti te conozco!», le vocifera a un joven un hombre de unos 40 años cuya cara me resulta familiar. «Tú te bajas en Santa Olalla, ¿no?», le interroga. El chico cuenta que tiene a su novia en ese pueblo a unos treinta kilómetros de Talavera. La conversación kilométrica se ha forjado tras varios dias compartiendo vehículo. Son dos viajeros habituales, como yo.

Ruta hasta Toledo

Permítanme que les describa a vuelapluma, porque me apetece, un viaje tipo en esta línea. Pongamos un lunes en Talavera, de donde sale a las 9 de la mañana camino de la A-5. La primera parada, a los 15 minutos, en mitad del campo. Leo un cartel que indica un desvío a Cazalegas. El autobús abandona la autovía durante un minuto. A principio de verano bajaban en ese punto una señora mayor y su hija, de las que desde hace dos semanas no tengo noticias. El bus se detendrá más adelante por segunda vez. Otra parada fantasma en medio del desértico campo de Castilla, donde nunca sube ni baja nadie. ¡Normal, para recorrer los tres kilometros que separan la parada de Lucillos hace falta valor! Eso sí, cada día puedes encontrar a alguien que ha parado su coche a la misma altura y utiliza el mapa buscando cualquier punto, o un vehículo con las ventanas bajadas al que alguien ha roto los cristales. Pero, vamos, ni un pasajero.

Siguiente parada en El Casar de Escalona, al otro lado de la autovía. Nos dan la bienvenida un par de locales de alterne, donde cada dos o tres días curiosamente siempre baja alguien. Mi imaginación busca alguna explicación. Tonterías. A continuación, vamos del tirón: Santa Olalla, donde tres o cuatro usuarios suben al bus; Maqueda, un viajero a la semana por decir algo; Alcabón, donde siempre hay cinco fieles que no fallan de lunes a viernes. Luego Val de Santo Domingo, donde tampoco hay mucho movimiento.

Llegamos a Torrijos, punto caliente de la ruta (la invasión, una veintena de golpe) y Rielves, que suma a la lista de pueblos que aportan una media de 0,5 pasajeros diarios (total, ni medio cuerpo de un ser humano). Y eso que el precio del billete es de 1,65 euros hasta Toledo (diez céntimos menos que el «ticket» de metro en Madrid en zona A).

Torrijos, un punto «caliente»

Sin duda alguna, me atrevo a afirmar que la población torrijeña supone un grupo de presión en esta línea, un «lobby» no activo si les gusta más la expresión inglesa. A los 18 viajeros diarios, Torrijos añade a la ruta algunos acompañantes, que siempre hay, y que quieren pasar un día en la capital.

¡Noticia!: al fin diviso Toledo en la lejanía. ¡Una hora y veinticinco minutos después de salir de Talavera! Muchos no nos lo podemos creer, ya con la espalda maltrecha. Algunos han abierto el ojo hasta tres veces, pensando que su parada era la siguiente cuando sentían que el bus desacerelaba. Pero no.

Todo esto para llegar a la capital de provincia en la que se encuentran la Diputación, el Alcázar, diversos hospitales, facultades universitarias o la parada del AVE en una preciosa estación de tren. Total, que así es el trayecto que a lo largo del año recorre mucha gente que acude a trabajar a la capital de provincia, a estudiar o a visitar a algún familiar que tienen ingresados en el hospital, y durante este verano un servidor.

«Una vez el aire acondicionado se averió y fuimos hasta Torrijos con la calefacción encendida, en pleno julio»

Precio del billete aparte, hay que fijarse en las condiciones en las que se encuentran algunos de los vehículos: a primera vista, unos gozan de las condiciones justas y necesarias (ni una más), como un aire acondicionado individual y un cinturón de seguridad que funcione. Pero hay otros vehículos, normalmente en el trayecto de vuelta a Talavera a las ocho de la tarde, que parece más un bus urbano reconvertido. Me viene a la memoria lo que me contó un viajero el otro día: «Un día se averió el aire acondicionado y un viajero tuvo que llamar al dueño de la empresa (a petición del conductor del autobús) y nos cambiaron de vehículo en Torrijos, ¡después de 31 kilometros con la calefacción puesta en pleno julio!». Por no hablar de las turbulencias que sufrimos recorriendo cuando el bus traquetea sobre la carreteras secundarias bacheadas más soleadas de la región.

«¿Y no hay viajes directos en esta bendita línea?», pregunta que hago en voz alta con la experiencia que me da haber pasado alrededor de 168 horas en carretera, algo así como unos 6 días consecutivos dentro de cuatro paredes sobre ruedas. «Nunca», responde un amable conductor sacudiendo la cabeza, sin mirarte a la cara. «Que nunca, ¿qué?», interrogo. «Que nunca ha existido ese servicio», aclara.

Y habrá gente que se preguntará quien es capaz de invertir tres horas de su valioso tiempo en ir y volver del trabajo. Pues los hay, son alrededor de treinta personas, trabajadores del hospital Virgen de la Salud de Toledo, que van y vienen desde Talavera de lunes a viernes. Claro, que su único transbordo se realiza en La Puebla de Montalbán, en la CM-4000, con lo quellegan unos 15 minutos antes que el resto de los mortales a su destino. Pero ese «coche» a mediodía solo se detiene en la puerta del hospital y no llega a la estación de autobuses. ¿Y quién se atreve a subir luego desde la avenida de Barber hasta el centro del casco histórico, donde el menda tiene que cumplir con la tarea, en pleno agosto y con más de 35 grados a la sombra! Muchos días el trabajo cansa incluso menos que esta odisea.

Posdata: paralos interesados en comprar un bono, los precios varían entre 55 euros por 10 viajes, 120 para 30 servicios y, para los que echéis más de una semana, como un servidor, el mes sale a 160 euros por 40 viajes. No hay visitas al extranjero este verano por mi parte, pero estoy seguro de que en dos meses habré recorrido más kilometros que muchos viajeros empedernidos por el mundo.

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