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El hombre lobo en París era canario

Pedro González tuvo seis hijos producto de su matrimonio fabricado por Catalina de Médicis, que los regaló por las cortes europeas

Cuadro de Lavinia Fontana de Zappi sobre la familia González en París
Cuadro de Lavinia Fontana de Zappi sobre la familia González en París - ABC
R.L.P. - @ABC_Canarias Las Palmas De Gran Canaria - Actualizado: Guardado en: Canarias

Se llamaba Pedro González y nació en 1537 en Tenerife. Murió en 1618 en Capodimonte, Viterbo, Italia. Era víctima de una enfermedad que se llama hipertricosis, es decir, mucho pelo facial. Era descendiente de reyes de Tenerife antes de la Conquista y su descubrimiento se achaca a Alonso Fernández de Lugo, un enviado de la Corte de Castilla a la isla. Fue capturado en Tenerife y vendido. No se sabe cómo, pero llegó a París quizás por Flandes.

Todas las crónicas de la época dicen que era un hombre inteligente, sensible, que aprendió tres idiomas y tuvo seis hijos producto se su matrimonio fabricado por Catalina de Médicis. Algunos de sus hijos fueron enviados como regalos a otras cortes europeas en la infancia tras nacer con la misma enfermedad hereditaria.

La historia surge cuando Enrique II de Francia se entera de la existencia de un hombre con problemas de bello facial no controlado. Era una patología no conocida y surgen leyendas superticiosas. Lo manda a llamar. Ahí surge el hombre lobo en París. Y también mil historias de miedo.

Pudo ser comprado como esclavo a la edad de 10 o 12 años. Y lo establecieron en París. Enrique II le proporciona título nobiliario. El monarca francés habla español y el canario le explica que es familia de los reyes guanches de Tenerife.

La Corona francesa lo protege por lo exótico que resulta en los pasillos de la corte. Protege al entonces menor, que vive en París hasta la edad de 44 años. En la capital francesa aprendió latín y otros dos idiomas. Fue refinado. Lo convirtió en un pijo de la época. Alternando con el glamour de la diplomacia y la pomada gala.

Enrique II de Francia, dado su excelente comportamiento, le concede también el tratamiento de Don a Pedro González. Cosa que, en aquella época, poca gente tenía acceso. La reina Catalina de Médicis, a la muerte de Enrique II, le busca esposa, a la que conoce el mismo día de la boda. Se llamaba Catherine Raffeliny. Catherinee estaba horrorizada por la idea pero era una orden de la reina. Catalina de Médicis quería hacer un experimento: ¿Era hereditaria la enfermedad?

Al final, con su esposa, congenia. Y nacieron Madeleine, Enrique, Françoise, Antonietta, Horacio, y Ercole. De Antonietta hay cuadros. Cuatro de los seis hijos tienen hipertricosis del padre. Algunos hijos se reparten por Europa como regalo de la corte francesa. Cuando Catalina de Médicis fallece, un duque, el de Mayenne, ofrece la familia a Ranunccio Farnese, el duque de Parma.

A los 80 años de edad, el hombre lobo canario muere en Capodimonte. Fue en 1618. Catherine Raffeliny en 1623. Su historia duró 40 años. Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve basó en esta historia el cuento de La Bella y la Bestia.

La presencia de estos canarios en la corte francesa se puede encontrar en cuadros de la Galería Nacional de Arte de Washington o en Cámara de Arte y Curiosidades de Viena creada por Fernando II, archiduque de Austria.

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