Danza

Flamenco con dos caras en la 17 Bienal de Lyon

Flamenco que se mueve libre como los vientos alisios canarios en la capital mundial de la danza este mes de septiembre

Dominique Hervieu, directora de Bienal de Danza de Lyon
Dominique Hervieu, directora de Bienal de Danza de Lyon - AFP
Nadia Jiménez Castro Lyon/las Palmas De Gran Canaria - Actualizado: Guardado en: Canarias

Como arte y como filosofía de vida. Flamenco como rebeldía y flamenco como humor. Pero siempre como expresión de aquél que no calla, ya sea por hambre o por guasa. O por arte. Pero siempre por talento que bulle dentro. Y quizá sea por eso, porque el flamenco es casi una forma de ser. Aemás compatible con el hecho de estar reconocido como arte de prestigio, registrado desde 2010 como obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad por la Unesco.

Quizá sea pues, por lo que puede tener dos caras bien avenidas en una misma cita, como ha sucedido en esta 17 Biennale de Lyon. Es como un precioso bordado que, presentado por la cara que todos ven, muestra una rosa en todo su esplendor.

Pero si lo miramos por el reverso, quedarán al descubierto un sinfín de nudos que nos delata todas las puntadas dadas para conformar esa rosa. Vista del otro lado, tendremos todas las ‘espinas’ que sostienen su forma artística. Un trabajo de tiempo, mucho, igual de valioso por ambos lados. Igual de plausible por ambas caras. Lleno de pasos, requiebros y ‘quejíos’. Con el talento expresado de un modo u otro, pero desde el tacón. Flamenco.

Flamenco que se mueve libre como los vientos alisios canarios. Lyon abrió su 17 Bienal en la ‘Maison de la Danse’ con el flamenco introspectivo, trascendental y casi místico (en definitiva, más intelectual), de Israel Galván. Pero siempre ‘sentío’. Programado durante tres noches consecutivas. Y sólo dos días más tarde, en el Teatro Radiant-Bellevue del popular barrio lyonés de la Croix Rousse, ‘Franito’ se calzaba sus ‘acharolados’ tacones rojos para bailar por ‘bulerías’. Y eso sólo para empezar, en sus cinco funciones programadas.

Dos caras de una misma moneda. La de la investigación permanente para progresar en su propio estilo, de Israel Galván (eso sí, sin perder jamás las raíces). Maestro y amén. Y la del humor sobre la escena, la del flamenco-boudeville del actor francés Patrice Thibaud, acompañado del bailaor y profesor de flamenco Fran Espinosa (español, andaluz para más señas, y residente en Francia), en el papel de ‘Franito’, que da nombre a la pieza.

Un ‘homenaje burlesco y cariñoso’ al arte del flamenco, en palabras de sus protagonistas. Un dúo irresistible que la gente aplaudió hasta obligarles a un ‘bis’ y que, aunque éste no pasó de una breve y jocosa ‘bulería’, hizo las delicias de todos los presentes que, literalmente, se negaban a abandonar la sala. Hay que decir que ‘Franito’ reproduce una sencilla escena costumbrista entre madre e hijo, en el entorno de una típica cocina andaluza. Donde el ‘palmeo’ casi para todo, el taconeo del bueno (pero que muy bueno), y el cante acompasan el simpático instante de vida familiar.

Patrice Thibaud es la madre, claro. Gorda, graciosa y exagerada en todo. Y Fran Espinosa es el hijo talentoso que taconea con medias de azul chillón y chapines de charol rojo, más chillones aún. En directo, también la guitarra. Y ya está el cuadro flamenco montado, integrado en una cocina, donde cualquier objeto puede dar lugar a la fanfarria y el ritmo. Se diría que ahí está el mérito mismo. Lo doméstico se integra en el arte con naturalidad. y ambos tienen mucha chispa.

Hay imaginación, ingenio y mucho trabajo detrás…Es divertido y entretiene el tiempo justo porque nada sobra. Y hay talento. Pero además llega al público, y eso es importante. Sin estar reñido con otras cotas. Israel Galván presentó asimismo en Lyon uno de sus trabajos más introspectivos, ‘Fla.co.men’, que sintetiza su trayectoria artística. Galardonado por la Cátedra de Flamencología de Jerez con el Premio de la Crítica, hace sólo un año, tras estrenarlo en la muestra jerezana de baile flamenco y danza española.

Fla.co.men también tiene humor. De otro tipo. Más elaborado y menos evidente, pero lleno de guiños. Galván repasa sus pasos siguiendo una receta, que bien podría ser la de una tortilla en la que el ingrediente esencial es el propio Israel. No usó chapines brillantes para el taconeo y, sin embargo, bailó con corsé. Ceñido y sugerente, parecía de los que cose el diseñador canario Emilio Hernández. Puros en sus líneas pero llamativos.

El canario Hernández, conocido por elaborar sombreros para las bodas reales de las Infantas españolas (o incluso para las londinenses carreras de caballos de Ascot), siempre sabe dar esa sobria luz a sus diseños, como la de las ‘medianías’. El mismo binomio de luz-sobriedad de Israel Galván. Y, sin embargo, por más sorprendente que pueda parecer, nadie pidió un ‘bis’ a Israel Galván en su primera noche en la Maison. El aforo estaba lleno y la gente aplaudió. Sí, mucho.

Pero no alcanzó aquellos casi doce minutos de ovación que obligó a Galván a salir hasta seis veces a saludar, hace cuatro años, con el espectáculo ‘La curva’ en la 15 Biennale del mismo Lyon. ¿Por qué…? ¿Qué faltó esta vez para que el público no conectara con este maestro del siglo XXI?… Con este genio, catártico y auténtico, que es Memoria viva del arte al que representa porque está en continua evolución.

En ‘Fla,co.men’ Israel Galván hace una nueva lectura de su código estético, una declaración de intenciones y casi un verdadero decálogo de su manera de entender este arte. Pero no hay que esperar nada. Libertad flamenca en estado puro. Juntos, conviven la grandeza del arte y el conocimiento del público. Y la verdadera dimensión de la Biennale de Lyon es albergar ambas citas por igual.

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