Coches y vacas en la precaria carretera francesa que conecta con el gran Túnel de Somport
Coches y vacas en la precaria carretera francesa que conecta con el gran Túnel de Somport - Fabián Simón
Sociedad

Pirineos, donde las carreteras y la política se estampan contra Francia

La atrasada red viaria del lado francés sigue hipotecando a Aragón y Navarra en beneficio de Cataluña y País Vasco

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Las autoridades francesas han decidido en los últimos días cerrar parcialmente el túnel de Bielsa que cruza desde España a través del Pirineo aragonés. Durante más de un mes, al menos hasta mediados del próximo marzo, los camiones solo podrán circular por este túnel transfronterizo durante cuatro horas al día. Es el último botón de muestra del perenne abandono que arrastran las redes de comunicaciones entre España y Francia a través del Pirineo, un déficit histórico al que sigue sin ponérsele remedio y que deja estampas tan paradójicas como el túnel de Somport: el carísimo alarde de ingeniería que se estampa contra una carretera de tercera en el lado francés.

El problema viene de lejos y no se resuelve. El túnel de Somport, que cruza a Francia desde la altoaragonesa Canfranc, es también el testigo de otro abandono histórico: el del tren transfronterizo que se cerró también allí hace más de 40 años.

Sistemáticamente, los sucesivos gobiernos franceses no han ocultado su nulo interés por las comunicaciones transfronterizas a través del Pirineo central. Y España, también históricamente, ha primado los pasos transfronterizos por los laterales, por el País Vasco y Cataluña.

El proyecto de la Travesía Central del Pirineo, abrir un gran corredor ferroviario internacional a través de Aragón, también da fe del problema. Acabó arrinconado entre el desinterés de Francia y la anuencia de la Administración española ante las presiones de Cataluña para blindar el «monopolio» de sus pasos transfronterizos.

Todo esto explica que, hoy por hoy, no se pueda viajar entre España y Francia por tren si no se cruza por el País Vasco y Cataluña; y que estas dos regiones sean también, en la práctica, las que disfrutan de redes viarias competitivas, porque las que cruzan al país vecino por Aragón y Navarra son de segundo y tercer nivel, con calzadas en el lado galo más parecidas a viejas carreteras comarcales que a trazados del siglo XXI.

Carreteras de tercera

Las restricciones aplicadas ahora al túnel de Bielsa son elocuentes: en el lado francés no solo no cuentan con redes viarias acordes al tráfico transfronterizo, sino que cuando la circulación repunta genera malestar. Para disuadir al tráfico, se aplican restricciones cuando los franceses consideran que se usa más de la cuenta. Y abundan también los casos de cierres al tráfico, a cal y canto, porque esas carreteras galas son tan precarias que resultan muy vulnerables a riesgos derivados del mal tiempo o los desprendimientos.

Hace semanas, las autoridades galas aplicaron restricciones al paso de camiones por el leridano Túnel de Viella. Eso hizo que parte de ese tráfico pesado haya buscado, como alternativa, el aragonés Túnel de Bielsa. La consecuencia: un significativo aumento de los camiones que transitan por la carretera francesa que conecta con ese túnel oscense. Y la reacción de las autoridades regionales de los Altos Pirineos (Francia) ha sido restringir el paso de camiones también por el Túnel de Bielsa, de tal forma que, hasta el 11 de marzo, solo podrán transitarlo entre las 5.30 y las 7.30 de la madrugada, y entre las 19.30 y las 21.30.

Los túneles aragoneses de Bielsa y Somport han demostrado, una vez más, que son pasos estratégicos. Pero, también, que es imposible que prosperen porque se estampan, sistemáticamente, con una red viaria francesa tremendamente precaria y unas autoridades galas que no están por la labor de corregir ese déficit.

En enero el tráfico de camiones por el túnel de Bielsa se había multiplicado por cuatro respecto a lo que venía siendo habitual hasta entonces -de medio centenar de vehículos pesados al día se pasaron a unos 200-, y el túnel de Somport vio repuntar también el trasiego de camiones. Pero, aun con todo, las cifras son anecdóticas en comparación con la actividad -y el desarrollo económico- que mueven los pasos fronterizos de Irún (País Vasco) y La Junquera (Gerona).

El caro Túnel de Somport, arrinconado

El caso del Somport ejemplifica con especial nitidez el escandaloso atraso en el que se mantienen las comunicaciones transfronterizas por el Pirineo central. Inaugurado hace quince años, su capacidad, modernidad y altas prestaciones para la circulación hacen de él uno de los más modernos túneles europeos.

Construirlo por las entrañas de la mole pirenaica costó 240 millones de euros, una fortuna que lo era mucho más en aquel momento. La inversión fue cofinanciada entre la UE y los gobiernos de España y Francia. Las obras duraron casi diez años. Por el lado español se llega al túnel por una autovía que arranca en Sagunto (Valencia), cruza Teruel, pasa por Zaragoza y Huesca, y llega hasta las puertas del Pirineo. El tramo final que enlaza con el túnel de Somport es una carretera bien acondicionada, de adecuadas prestaciones. El problema es que cuando se cruza el túnel, cuando se sale por el lado francés el viajero se topa con una carretera secundaria, estrecha, llena de curvas y en un precario estado de conservación. Un auténtico «tapón» que impide que el túnel de Somport sea realmente aquello para lo que se diseñó y construyó