María Angels Feliú, en el balcón de su casa, el 27 de marzo de 1994, horas después de quedar en libertad tras el secuestro - Efe
Sucesos

La farmacéutica de Olot, 25 años después

Tras un espeluznante cautiverio de 492 días, María Angels Feliú se negó a sucumbir al terror. Regresó a Olot, a su casa y a su farmacia. Y allí sigue

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Enterrada en vida en un minúsculo zulo, durante 492 días de horror. Así aguantó María Angels Feliú Bassols, conocida popularmente como la farmacéutica de Olot (Gerona), el cruel cautiverio al que fue sometida para extorsionar a su acaudalada familia. Veinticinco años después de que arrancara aquel secuestro, María Angels Feliú sigue con su día a día. Cuando logró recuperar la libertad, regresó a su casa, con su familia. Y a su farmacia. Y allí sigue.

La farmacia de María Angels es bien conocida en Olot. Tiene veteranía. La comunidad de bienes familiar a la que pertenece, Feliú Bassols C.B., acumula más de 30 años de existencia. La farmacia está en la carretera Santa Pau (Santa Paz) de Olot.

María Angels sigue trabajando en la farmacia, indican en Olot. Sigue con su día a día 25 años después de que, tras terminar su habitual jornada laboral en la botica, fuera asaltada al llegar a casa por los encapuchados que la mantuvieron secuestrada durante 492 días. Este lunes por la tarde, justo el día que se cumplieron los 25 años del inicio del cautiverio, ABC buscó el testimonio de María Angels, pero sin éxito. «No, en este momento no está», contestó amablemente una voz femenina en la botica de la carretera de Santa Paz. «Soy una empleada y desconozco dónde podría localizarla usted en este momento», afirmó con educada discreción.

Aquel secuestro disparó la popularidad de Olot muy a su pesar. Capital de la comarca gerundense de La Garrocha, el municipio apenas tenía 27.000 habitantes en 1992, y ahora anda por los 34.000, ejemplo de despegue demográfico que para sí quisieran la mayoría de áreas rurales españolas. Al calor de una próspera economía, Olot ha crecido en estos 25 años arropado por ese telón de fondo excepcional que es el parque natural de La Garrocha. Paisaje volcánico en rotundos verdes.

Hija de un acaudalado empresario

María Angels Feliú tenía 34 años cuando fue secuestrada. Ahora anda por los 59 y rondan la treintena los hijos a los que los secuestradores dejaron temporalmente sin madre cuando contaban dos, tres y cinco años de edad.

Los Feliú Bassols eran por entonces -y siguen siendo- una familia muy conocida en la zona por su poderío económico. Con negocios en varios sectores, entre ellos el energético, el padre de María Angels era un acaudalado empresario con un patrimonio familiar que llamó la atención de los secuestradores. En vez de ir a por él, fueron a por una de sus hijas, la farmacéutica.

Sus captores no eran profesionales del delito, pero trabaron sociedad para adentrarse en el fango de lo criminal en busca de fortuna. En la banda, por haber, hasta había dos policías municipales. Junto a ellos, un guarda forestal, la mujer de éste y un conocido de uno de los policías implicados.

Primero acordaron cometer un secuestro, y tiempo después decidieron quién sería la víctima. Y fue ahí cuando le pusieron nombre: María Angels Feliú.

La alarma saltó de inmediato. La farmacéutica desapareció tras haber estado con unos amigos y haber regresado a su casa. Su ausencia fue denunciada de inmediato, y desde el primer momento se tuvo claro que todo apuntaba a un secuestro por motivos económicos.

Accidentada investigación

El hecho de que la primera denuncia llegara ante la Policía Local hizo que fuera este cuerpo el que, paradójicamente, empezó unas pesquisas por un caso en el que estaban directamente implicados dos de sus miembros. En esa investigación inicial no faltaron los despropósitos, como la chapucera manipulación del coche de la farmacéutica, tan chapucera que resultó imposible obtener una sola huella. Las pesquisas pasaron luego a los Mossos y, tras estar tiempo en peligrosa vía muerta, la Guardia Civil decidió mantener viva la investigación.

Casa de Sant Pere de Torelló en cuyo subsuelo se excavó el zulo
Casa de Sant Pere de Torelló en cuyo subsuelo se excavó el zulo - Efe

Temeroso al sentir a las fuerzas de seguridad cada vez más cerca, quien tenía encomendada la función de carcelero de María Angels Feliú decidió ponerla en libertad por su cuenta y riesgo. La dejó en una gasolinera tras llevársela del zulo en el que permaneció cautiva, un agujero excavado bajo tierra en un chalé de Sant Pere de Torelló (Barcelona). Sebastián Comas no aguantó más la presión. Aquello no solo fue el fin del secuestro de María Angels, sino también el principio del fin de la banda, pero hubo que esperar años hasta que todos los implicados fueran detenidos y juzgados. Hasta 1999 no se desencadenaron los arrestos. Y para el juicio hubo que esperar hasta el año 2002, en la Audiencia de Gerona.

Las condenas

Ramón Ullastre, el guarda forestal considerado cabecilla del grupo, fue condenado a 22 años de cárcel. Su esposa, Montserrat Teixidor, a 18 años. En el subsuelo de su chalé mantuvieron oculta a María Angels durante esos 492 días de cautiverio. El policía municipal Antonio Guirado fue condenado también a 22 años. Otro compañero suyo, el agente José Zambrano, murió un año antes de que la Guardia Civil procediera a la detención de los miembros de aquella banda. José Luis Paz «Pato», fichado para el secuestro por José Zambrano, fue condenado a 14 años de cárcel. Y a Sebastián Comas, el carcelero que decidió liberar a María Angels, se le impusieron 17 años de prisión, condena que luego le quedó reducida a ocho años. Acabó pisando la calle en 2009.

Imagen de archivo de los tres principales condenados. De izquierda a derecha, el ex policía local Antonio Guirado, el guarda forestal Ramón Ullastre y su esposa, Montserrat Teixidó
Imagen de archivo de los tres principales condenados. De izquierda a derecha, el ex policía local Antonio Guirado, el guarda forestal Ramón Ullastre y su esposa, Montserrat Teixidó-Efe

Mientras María Angels Feliú ha seguido adelante con su vida, aquellas condenas fueron cumpliendo etapas. Por ejemplo, uno de los principales culpables, el expolicía Antonio Guirado, obtuvo el tercer grado penitenciario hace cinco años, pero le fue revocado poco después porque volvió a Olot y -por tanto- anduvo cerca de su víctima, algo que tenía prohibido.

Muerte del patriarca de los Feliú Bassols

En estos años a los Feliú Bassols la vida les ha dado otro zarpazo dramático. En mayo de 2015 moría en dramáticas circunstancias el patriarca, Tomás Feliú de Cendra. El padre de la farmacéutica pereció a los 85 años, atrapado por un motocultor en una finca de su propiedad.

María Ángels Feliú, junto a sus hermanos, figuran en consejos de media docena de sociedades empresariales de la familia. Ese patrimonio labrado por el padre que llamó la atención de los secuestradores en 1992, cuya crueldad -eso sí- de nada les sirvió. Y no porque la familia no intentara pagar el rescate con insistencia, para recuperar cuanto antes a María Angels, sino porque el cerco policial y el temor de los captores frustró las entregas de dinero hasta en cinco ocasiones.

Fortaleza vital de María Angels

Con una entereza asombrosa, María Angels aguantó el cautiverio en condiciones infrahumanas, en un zulo insalubre, cargado de humedad cuando no de agua encharcada, acompañada por roedores y por insectos de lo más variado. El zulo era minúsculo y en él estuvo totalmente a oscuras durante cuatro meses, hasta que tuvieron a ver dejarle un mechero, luego unas velas, alguna linterna y, por fin, una rudimentaria luz eléctrica.

Cuando llegó la hora del juicio, diez años después, María Angels demostró de nuevo su fortaleza. Pudo elegir si declarar ante sus secuestradores o que fueran apartados de ella durante su testimonio ante el tribunal, y decidió estar ante ellos, cara a cara. Cuando, en el juicio, le preguntaron si estaba segura que había estado cuatro meses totalmente a oscuras, contestó con contundencia: «hora por hora» midió el tiempo en su cabeza. «El tiempo bajo tierra es muy distinto al real», indicó.

Olot, una localidad marcada a sangre y fuego

En diciembre de 2005, la farmacéutica de Olot recibió 9.200 euros en concepto de mínima porción de la indemnización que la sentencia fijó en su favor. Fueron 9.200 euros que la Audiencia de Gerona logró cobrarse del expolicía Antonio Guirado. María Angels no quiso quedarse con el dinero y lo donó al Ayuntamiento de Olot, que anunció que iba a dedicarlo para comprar camas automatizadas para un geriátrico local.

Dramáticas casualidades, la desgracia de la brutalidad humana hizo que escasos años después un geriátrico de Olot se convirtiera en escenario criminal. Otro noviembre, el de 2010: Joan Vila, celador del geriátrico «La Caridad», confesó que había matado «por compasión» a 11 internos a lo largo de varios meses, nueve ancianas y dos ancianos.

Joan Vila fue condenado a 127 años de prisión en una localidad que volvió a saltar a la crónica negra escasos meses después, sobresaltada a sangre y fuego: Pere Puig, un hombre de 57 años, mató a tiros a cuatro personasen Olot horas después de haber sido despedido en la constructora para la que trabajaba. Segó la vida de su jefe en la constructora, el hijo de éste y dos empleados de una oficina bancaria. Ocurrió el 15 de diciembre de 2010. Fue condenado a 60 años de prisión.