Primera reunión del actual Consejo de Ministros, en noviembre pasado
Primera reunión del actual Consejo de Ministros, en noviembre pasado - IGNACIO GIL

Rajoy desactiva las peleas internas en el Gobierno y los «versos sueltos»

El presidente quiere unidad para ser «fuertes» y compensar así su minoría

MadridActualizado:

Cuando Mariano Rajoy anunció que María Dolores de Cospedal entraría en su Gobierno muchos pensaron que en la mesa del Consejo de Ministros saltarían las chispas con Soraya Sáenz de Santamaría, la número dos del Ejecutivo, por la ya conocida nula simpatía que se tienen entre ellas. Pero el tiempo se ha encargado de desmentir ese choque en La Moncloa. La realidad es que tras los cambios introducidos en el Gobierno en noviembre, las rencillas internas, y los bandos que existían antes, han desaparecido prácticamente por completo. Rajoy exigió unidad y ni una sola pelea. Un Gobierno en minoría no se lo podía permitir, porque sería síntoma de más debilidad y más inestabilidad. De momento la orden se ha acatado a rajatabla.

En el anterior Gobierno de Rajoy, el ambiente se había hecho casi irrespirable. El ex ministro de Exteriores José Manuel García Margallo lideró un grupo que se bautizó como G8 dentro del Gobierno, que se reunía de manera informal y regular, y que dejaba al margen a buena parte del Consejo de Ministros. De hecho, les unían los recelos hacia la vicepresidenta, rodeada de ministros fieles, con Fátima Báñez a la cabeza. La existencia de dos bandos era un hecho. Y el presidente Rajoy empezaba a estar algo más que cansado de las pullas que se lanzaban.

Está siendo una de las obsesiones de Rajoy en este principio de legislatura: la unidad como muestra de fortaleza, en el PP y en el Gobierno, para compensar así su debilidad parlamentaria real, y también para diferenciarse de otros partidos. Los populares necesitan negociarlo todo para poder sacar adelante cualquier iniciativa, y con solo 137 diputados lo último que necesitan es meterse en batallas internas. Esa posición es la que permite a Rajoy mostrarse como referente de estabilidad, «lo que necesita España», como dicen en su equipo.

Uno de los primeros mensajes que Rajoy envió a sus ministros nada más formarse Gobierno fue que en minoría era imprescindible el diálogo, pero también permanecer unidos para ser más fuertes. El presidente no quería un solo choque en sus filas, y así se lo hizo saber a sus ministros, a los nuevos y a los veteranos. Sáenz de Santamaría y Cospedal tomaron buena nota.

«Competentes»

La vicepresidenta y la ministra de Defensa no son amigas, ni seguramente pretenden serlo, pero se comportan con «una gran profesionalidad», según comentan en La Moncloa. Despachan cuando tienen que hacerlo. El presidente habla con todos sus ministros, y la vicepresidenta también porque entre sus funciones básicas está la coordinación de los ministerios. Por eso, la comunicación entre ella y Cospedal está permanentemente abierta. «Nunca las veremos ir de cena juntas, pero en el Gobierno dejan totalmente al margen las cuestiones que no sean las del trabajo diario del Ejecutivo», comentan. «Quienes esperan ver choques entre las dos olvidan que tanto Soraya como Cospedal son grandísimas profesionales y políticas muy competentes, y no van a caer en esa trampa», señalan.

Fuentes de La Moncloa reconocen que la salida de Margallo del Gobierno en funciones en noviembre, tras la investidura de Rajoy, ha sido fundamental para calmar las aguas del Consejo de Ministros. El exministro «se metía en todos los charcos posibles, iba totalmente por libre, no eludía ninguna polémica y la prudencia no existía en sus declaraciones», comentan esas fuentes.

Pero las aguas tranquilas que bajan en el Gobierno no se deben únicamente a la salida de Margallo. Esto, en todo caso, desactivó la existencia del llamado G8, que ya empezó a disolverse con la dimisión de José Manuel Soria, y más tarde con el relevo de Jorge Fernández Díaz o la elección de Ana Pastor como presidenta del Congreso. En el Consejo de Ministros entraron seis caras nuevas, sin ningún ánimo de protagonizar un solo lío interno. El relevo de Soraya Sáenz de Santamaría como portavoz y cara visible del Gobierno cada viernes fue otro motivo para la «paz».

Sin esa exposición permanente de la vicepresidenta ante los medios de comunicación, con el control de los mensajes del Ejecutivo, y sin ninguna necesidad de que comparezcan juntas ante los medios, se equilibraron las posiciones de las dos mujeres más fuertes en el equipo de Rajoy, Santamaría y Cospedal. Con tareas muy específicas y marcadas cada una de ellas, sus caminos se cruzan cuando el Gobierno afronta tareas interministeriales o en las relaciones del Ejecutivo con el Parlamento, y ahí, insisten en La Moncloa, despachan con total normalidad. Rajoy quiere que el Gobierno se mueva al unísono en una legislatura especialmente complicada, sin versos sueltos que se salgan de su estrategia.