Perfil

Maza, al servicio del Estado de Derecho

Inteligente, culto, sencillo y con gran sentido del humor, José Manuel Maza tomó decisiones de gran calado con discreción y nunca fue sectario

MadridActualizado:

Un hombre con un gran sentido de Estado, de talante abierto y tolerante. Así era el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, quien, procedente del Tribunal Supremo, aterrizó en la Fiscalía General el 25 de noviembre de 2016 en sustitución de Consuelo Madrigal. Madrileño de nacimiento, pero segoviano de corazón, Maza (23 de octubre, 1951) era un hombre inteligente, culto, sencillo y con un gran sentido del humor. Aunque de talante conservador, nunca fue sectario y desde su nombramiento fue capaz de tomar decisiones de un enorme calado con una discreción extrema. La última, la de querellarse contra el presidente de la Generalitat y los miembros de su gobierno, y contra la presidenta del Parlamento catalán y los miembros de la Mesa por rebelión, sedición y malversación de fondos públicos. «A partir de ahora la Fiscalía continuará ejerciendo sus funciones desde la imparcialidad y con estricta observancia de lo dispuesto en la ley, para garantizar el respeto al Estado de Derecho, al orden constitucional y a nuestro sistema de convivencia, gravemente afectado por las conductas que motivan las querellas», fueron las últimas palabras del fiscal general en la rueda de prensa que ofreció en la sede de Fortuny.

Su cometido estaba claro en un momento especialmente complicado en Cataluña, donde se necesitaba firmeza para afrontar y responder a cada uno de los pasos que los independentistas iban dando y que se saldaron, además de con las citadas querellas, con la aplicación del artículo 155 de la Constitución. También fue clave en su designación la renovación de la cúpula fiscal, en la que su primer mal trago fue tener que aceptar la dimisión del recién nombrado fiscal-jefe Anticorrupción, Manuel Moix, cuando se descubrió que tenía en Panamá el 25 por ciento de una sociedad offshore.

Doctor en Derecho y licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid, miembro de la carrera judicial desde 1975 y de la fiscal (de la que fue número uno de su promoción), tras pasar 14 años en la Audiencia Provincial de Madrid llegó en 2002 a la Sala de lo Penal del Supremo, donde ocupó la plaza que dejó Adolfo Prego. Como miembro de esta Sala Segunda fue uno de los magistrados que se opuso de forma férrea a la aplicación de la denominada doctrina Botín en el caso de las cesiones de crédito que implicaba al ex presidente de Banco Santander porque consideraba que se restringía la acción popular.

Además, fue el único juez que emitió un voto particular en contra de que se absolviese al exjuez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón por el caso de la memoria histórica, discrepando del sentir de la mayoría de la Sala. También fue el ponente del auto que rechazó la querella que el sindicato Manos Limpias interpuso contra los líderes de Podemos Pablo Iglesias e Iñigo Errejón por financiación ilegal de Irán y Venezuela.

Maza era un hombre comprometido con las reformas necesarias que necesita la Administración de Justicia, entre ellas la de dejar la instrucción penal en manos de los fiscales y agilizar los tiempos de la justicia.

Apasionado del golf, estaba separado y era padre un hijo varón. Su equipo, el Atlético de Madrid, guardó ayer un minuto de silencio en su memoria, la memoria de un hombre que «desempeñó sus funciones con total entrega y dedicación, al servicio del Estado de Derecho y en defensa de la legalidad y del interés social», como subrayaba ayer la Fiscalía General.

El pasado 10 de julio leyó la tesis doctoral sobre la responsabilidad penal de los partidos políticos, y obtuvo sobresaliente cum laude.