CUARENTA AÑOS DE LA LEY PARA LA REFORMA POLÍTICA

Lorenzo Olarte: «Todo se puso muy mal cuando empleé la palabra democracia»

La Ley para la Reforma Política fue el gran salto que permitió a España iniciar un proceso constituyente sin ataduras y la convocatoria de elecciones libres por primera vez en 40 años. Cuarenta años después, ABC ha conversado con dos de los cinco ponentes de la Ley para la Reforma Política: Fernando Suárez y Lorenzo Olarte

Lorenzo Olarte, ponente de la Ley para la Reforma Política
Lorenzo Olarte, ponente de la Ley para la Reforma Política - A. QUEVEDO

¿Qué pensó cuando le propusieron formar parte de la ponencia de la Reforma Política?

Me lo propuso Torcuato Fernández-Miranda y en aquel momento me pareció que yo tenía muy poca categoría para una empresa tan ardua como aquella. Me convencieron bajo el argumento de que los cinco ponentes habían sido elegidos entre personas que no habíamos hecho la guerra. Ese argumento me pareció definitivo. Fernández-Miranda era un hombre de una inteligencia extraordinaria, pero de pocas palabras. Únicamente nos lo propusieron y aceptamos. Y nos pusimos a trabajar. Entre los ponentes destacaba Fernando Suárez, era un fuera de serie. Y fue muy relevante el papel de los letrados, que eran magníficos.

En aquel momento, antes de ponerse a trabajar, ¿le pareció un reto asumible?

Desde el primer momento se vio que había un deseo grande de articular toda la normativa para una España absolutamente en paz. Todos fuimos muy constructivos. Pero aunque de entrada había una cierta predisposición a que saliera bien, Suárez estaba acojonado perdido… y Torcuato también, pero era un hombre que no mostraba sus emociones.

Su participación en el debate se produjo en uno de los momentos más tensos, cuando Alianza Popular amenaza con no apoyar la reforma con el sistema electoral previsto inicialmente.

Así fue. El día antes yo había encontrado un libro de un franquista tremendo, Gonzalo Fernández de la Mora, titulado «El crespúsculo de las ideologías», en el que era partidario del sistema proporcional, que es el que defendía la ponencia, frente al sistema mayoritario. Era un libro muy pequeñito y durante el debate yo lo llevaba en el bolsillo, con la intención de sacarlo para dar un golpe de efecto y desmontar los argumentos de Cruz Martínez Esteruelas (el representante de AP), que por cierto era un hombre de una categoría excepcional y, además, muy amigo. Yo lo tenía todo preparado para dar el golpe de efecto, pero de repente todo se me puso muy mal porque empleé la palabra «democracia». Hubo un ronroneo tremendo. Torcuato Fernández-Miranda tuvo que dar un toque de atención a la Cámara y darme amparo. Cuando los procuradores más críticos se me echaron encima, el presidente dijo: «El que no quiera escuchar al señor procurador, que se vaya al bar». Y añadió: «Yo también me iría al bar si no fuera el presidente de la Cámara», como dando a entender que él tampoco estaba de acuerdo conmigo. Pero en realidad estábamos compinchados, estábamos muy de acuerdo. Y así consiguió aplacarles.

¿Fue muy difícil convencer a los procuradores?

Fue bastante difícil, pero lo teníamos preparado. Imagínese: Yo tenía que defender la necesidad de una nueva Constitución sin emplear la palabra Constitución… En aquella época el presidente del Gobierno estaba sentado al lado del ponente, así que Suárez estaba a mi lado. Cuando los procuradores se metían conmigo, me decía «cambia de tema», por si se fastidiaba el debate y perdíamos la votación. Fue un pleno muy interesante.

Aquel fue un éxito inmenso.

Insisto, fue bastante difícil, pero aguantamos impasibles. Yo no me pongo nervioso. Cuando hoy me pregunta mi currículum, y he ejercido muchas responsabilidades, siempre digo «ponente de la Reforma Política».

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