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La «España amenazada» y en funciones de Rajoy Marisa Gallero

Mariano Rajoy y Luis de Guindos
Mariano Rajoy y Luis de Guindos - EFE

A las 17:41 de la tarde lanzaba elPartido Popular un comunicado en nombre de Rita Barberá, justo cuando la senadora solicitaba su baja del partido, después de horas de intentar convencerla de que diera marcha atrás. En mayúsculas, su voluntad de «NO DIMITIR».

Con esa coyuntura, antes de las 19:00 se dirigía casi todos los miembros del Gobierno a la presentación del libro de Luis de Guindos, «España amenazada» (Editorial Península). Viendo la portada más parecía que era él quién amenazaba, mirando fijamente con las solapas del chaquetón levantadas, como un agente secreto listo para emprender una nueva misión.

Y no es para menos. El día anterior había sido sacrificado al tener que responder a las críticas en laComisión de Economía para explicar el nombramiento «discrecional» de José Manuel Soria para el Banco Mundial. Curiosamente, en los agradecimientos especiales hay una mención a su amigo Soria, que quedará como una paradoja de quién fagocitó a quién.

La expectación en la Fundación Rafael del Pino estaba por encima de las expectativas. El aforo completo, tuvieron que habilitar las salas contiguas, más de 100 periodistas acreditados, y casi la mitad del Gobierno en funciones arropando más al prologuista, Mariano Rajoy, también encargado de la clausura del acto, que al ministro de Economía en funciones. Por si quedaba alguna duda, la anfitriona, María del Pino, advirtió que no habría turno de preguntas.

Salida de la crisis

Con Rita Barberá como una amenaza fantasma, las caras de muchos eran un poema. Serio el ministro agasajado, muy cansado el presidente en funciones, como un alma en pena Jorge Fernández Díaz, que se sentó al lado de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. Sólo se les veía con una sonrisa en la cara al ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, al de Exteriores, José Manuel García-Margallo, y al portavoz del Grupo Popular, Rafael Hernando. El único que no estaba sentado en primera fila.

De Guindos aceptó el encargo del editor Ramón Perelló, a finales de diciembre de 2015, creyendo que lo de estar en funciones no iría para largo. Su libro, sobre todo, responde a la premisa del subtítulo: «De cómo evitamos el rescate y la economía recuperó el crecimiento». Un relato épico de cómo España evitó el colapso y pudo salir de la recesión, borrando todos los capítulos más negros, y proclamando a Rajoy como el salvador.

Su discurso fue institucional. Ninguna anécdota, ni una palabra de lo ocurrido 24 horas antes, cuando tuvo que dar explicaciones del nombramiento de Soria. Como si ese martes 13 ya se hubiera borrado del disco duro de los ordenadores, como lo ha hecho el propio Luis Bárcenas. De Guindos abogó por seguir en la senda marcada por el Gobierno estos años para conseguir el objetivo de «20 millones de personas trabajando». Cuando mencionó que espera que muy pronto gobierne Mariano Rajoy, el presidente en funciones levantó la ceja.

Rajoy tomó la palabra para hablar del tema en el que se siente más cómodo. Las dificultades del Ejecutivo para evitar que España no saliera del euro ni pidiera un rescate como Grecia, Irlanda y Portugal, y conseguir abrir una nueva vía: el rescate bancario. Ensalzó la labor de su ministro de Economía, perdonándole la vida, y a partir de ahí se concentró en hablar de esa «España amenazada», no la del 2012, sino la actual. De lo «contraproducente y pernicioso» que sería tener un «mal Gobierno» y los efectos negativos de la «parálisis», que «dañara a los españoles».

Amenaza

Según su diagnóstico, España sigue amenazada, asomada a ese agujero del que habla en el prólogo. Sin vislumbrarse el futuro en manos de políticos en una «adolescencia permanente». Echándole la culpa a Pedro Sánchez del bloqueo y de que podamos ir a una terceras elecciones. «En España no hay oposición, hay ruido», sentenció Rajoy evocando a Ortega.

Cuando termino su discurso electoral y se apagaron los aplausos, hubo un silencio, reclamando que faltaba algo más. Rajoy consciente de todas las miradas, en el centro del estrado, dijo para quitar hierro: «Se levanta la sesión», quedando la sensación de que tendría que haberse pronunciado por la crisis abierta con la no dimisión de Rita Barberá.

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