Panorámicas de Galicia (II)

Vigo, el talón de Aquiles del PP

Cumplió su palabra de sustituir las maquetas por obras. Ahí están el hospital, la depuradora o la ampliación de Navia, pero todo es insuficiente para una ciudad de naturaleza inconformista

Tras años de retrasos, las obras de la Edar del Lagares avanzan a buen ritmo
Tras años de retrasos, las obras de la Edar del Lagares avanzan a buen ritmo - ACUAES
E. P. RODRÍGUEZ-SOMOZA - @abcengalicia Vigo - Actualizado: Guardado en:

Lejos queda aquella mayoría absoluta de Manuel Pérez en 1995, la primera que lograba un alcalde de Vigo y, por ende, del Partido Popular. Para repetir la gesta tenían que pasar dos décadas. El 24 de mayo de 2015 el socialista Abel Caballero batía todas las marcas y con 73.074 votos —frente a los 69.095 y quince concejales de Pérez— lograba 17 de los 29 ediles del arco municipal. Entretanto, los populares no han dejado de ceder votos en una ciudad que se ha convertido en su talón de Aquiles. Una situación a la que no ha ayudado, más bien todo lo contrario, la pérdida de sus referentes más destacados.

Las diferencias de Pérez con la cúpula del partido le apartarían de la carrera municipal en 1999. El fenecido Xosé Cuíña, que entonces mandaba en el aparato provincial, imponía a Juan Corral, presidente de la Autoridad Portuaria, como candidato en unas elecciones en las que el PP cedería su hegemonía a la suma de apoyos de nacionalistas y socialistas (con 8 y 7 actas respectivamente frente a las 11 de los populares). El frentista Lois Pérez Castrillo se convertía entonces en el alcalde de Vigo. Cuatro años más tarde, el resultado volvía a empeorar con la candidatura encabezada por Corina Porro, que dejaba al partido con un edil menos respecto a los resultados del 99. Con todo, ese año sería el de la recuperación de la alcaldía para el PP con la ayuda del BNG, tras prosperar la moción de confianza a la que se vio sometido Ventura Pérez Mariño (PSOE).

Abel Caballero lograba superar en las pasadas municipales la holgada mayoría que cosechaba Manuel Pérez (PP) en 1995

En los comicios de 2011, últimos de Porro como cabeza de cartel, el electorado castigó a la exalcaldesa (con 3.676 votos menos) por no quedarse en la oposición, acomodada en la presidencia de la Autoridad Portuaria de Vigo, dejando esta en manos de José Manuel Figueroa. El PP estuvo durante los siguientes cuatro años sin un referente claro en Vigo, con Figueroa ejerciendo de presidente local y portavoz municipal, pero sin el apoyo explícito de la dirección del partido en sus aspiraciones a la alcaldía. Pocos meses antes, sin tiempo de reacción, Feijóo daba un golpe de timón y nombraba como candidata a la que era su conselleira de Facenda, Elena Muñoz, una decisión que le pasaría factura. El batacazo el año pasado fue histórico. Tuvo que conformarse con 28.874 votos (7 concejales), frente a los 66.559 de 2007 y los 61.616 de 2011.

Tampoco arroja mejores números la comparativa de las dos últimas citas autonómicas, ya que frente a los 102.148 votantes que apostaron por Feijóo en 2009, en 2012 solo lo hacían 49.952. Y en igual situación se veía Rajoy, quien pasó de 71.827 votos en Vigo en 2011 a 48.674 el 20-D, como segunda fuerza en la ciudad superada en esta ocasión por Podemos. El 26-J los conservadores lograban mejorar tímidamente los números, ganando en siete meses 3.623 papeletas en la urbe.

Compromisos cumplidos

Pese a los esfuerzos, el PP no logra mejorar los resultados. Así, frente a quienes acentúan esta última como «la legislatura de Vigo», hay quienes dibujan en Feijóo a su «enemigo». Es el caso del alcalde, quien ha sacado no poco rédito electoral a su enfrentamiento público con el líder popular y la Xunta. Si bien, en el balance de compromisos cumplidos la administración gallega pasa con nota el examen.

Feijóo cumplió la palabra dada de sustituir las maquetas y los planos por obras. Y ahí están el hospital, la depuradora o la ampliación de Navia, pero todo es insuficiente para una ciudad de naturaleza inconformista. Lleva los últimos años reivindicando para Vigo el protagonismo económico que perdió en 2009, siendo unas de las ciudades en la que más se dejó notar la crisis por su dependencia del sector industrial. En este sentido, no han sido pocas las medidas activadas desde la administración autonómica para relanzar dos de sus sectores claves:el naval y la automoción. Llegaron entonces el flotel de Pemex, adjudicado al astillero Hijos de J. Barreras, y los modelos para PSA Peugeot Citroën en Vigo —la nueva generación de furgonetas y un turismo que se comercializará a nivel mundial—.

Y a su Ejecutivo le corresponde la mayor edificación sanitaria construida en España en época de crisis —280.000 metros cuadrados en la parroquia de Beade—. Una década después de que el proyecto se pusiera sobre la mesa, el Hospital Álvaro Cunqueiroabría sus puertas en junio de 2015, con una capacidad de hospitalización de 1.465 camas y 32 quirófanos.

Nada más llegar al Gobierno, el PP anunció en 2009 una dotación presupuestaria de 126 millones para la ampliación de la depuradora de Vigo (financiada a medias con Medio Ambiente), desatascando así años de retrasos en una obra que se urgía desde Bruselas —que ya impuso varias multas— y que los anteriores gobiernos tenían paralizada. Pese a los retrasos provocados por cuestiones técnicas, las obras avanzan a buen ritmo.

Asimismo, tras varios ejercicios encadenando una partida reservada para la construcción de la Ciudad de la Justicia, a la espera de que el gobierno local cediese los terrenos, este proyecto quedaba desbloqueado tras acordar su traslado al antiguo hospital Xeral de Vigo. Una iniciativa que concitó la adhesión de partidos, sindicatos y asociaciones de la ciudad y cuya reforma estará acabada en 2019.

Eje Atlántico

A finales de marzo de 2015, Fomento y la Xunta celebraban la puesta de largo del Eje Atlántico con un primer viaje que dejaba a Vigo a una distancia de 80 minutos en tren hasta La Coruña. Otro de los méritos atribuibles al Ejecutivo de Feijóo es la aprobación definitiva del área metropolitana y el transporte, más de dos décadas después de que se empezara a idear su configuración. Hasta su aprobación el pasado julio —el texto modifica una normativa a la que el Parlamento dio luz verde en 2012— las discrepancias entre las distintas administraciones se conjuraron para que no saliera adelante.

Y por último, la bautizada como «ley Vigo» para desbloquear proyectos urbanísticos como el del polígono de Balaídos. La ampliación de PSA corría riesgo tras la anulación del Plan General de Ordenación Municipal (PGOM) en sentencia dictada por el Supremo. Y suma y sigue, con una batería de iniciativas que han hecho a Vigo protagonista de la acción de la Xunta.

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