LA GALICIA DE HOY | NAVAL Y AUTOMOCIÓN (VI)

La industria gana peso con el sector del metal creciendo en empleo y facturación

Los datos del sector automovilístico apuntan a un cierre 10 puntos superior en facturación al término de este año. Los astilleros logran revertir la situación de los últimos años con expectativas de futuro apoyados en la diversificación

La apuesta por la eólica marina en el caso de los astillero ferrolanos supone 500 millones en proyectos
La apuesta por la eólica marina en el caso de los astillero ferrolanos supone 500 millones en proyectos - M. MUÑIZ
E.P RODRÍGUEZ-SOMOZA - @ABCSantiago - Actualizado: Guardado en:

Galicia quiere jugar un papel protagonista en la reindustrialización y en la llamada cuarta revolución industrial. El sector sabe bien que trabaja en un entorno en el que hay que ganar en competitividad e internacionalización para ser los primeros en cruzar la meta. En definitiva, prepararse ante un consumidor que es cada más exigente apoyado en las nuevas tecnologías y en procesos cada vez más avanzados. En este escenario, la administración autonómica ha tomado la delantera y ha hecho suyas las recomendaciones marcadas por Bruselas en el diseño de la política industrial a la que aspira la Comunidad en el horizonte 2020.

Para lograr este objetivo se presenta clave la Agenda de Competitividad Galicia Industria 4.0 que con sus planes de impulso a la competitividad industrial, objetivos estratégicos y medidas para el tejido productivo gallego constituye el Plan Director de la Industria para el próximo quinquenio. Un instrumento con el que se buscará incrementar hasta un 50% adicional su peso actual en el valor añadido bruto de Galicia, haciendo crecer el empleo en consonancia hasta en cuatro puntos —más de 50.000 nuevos ocupados (en términos EPA)—.

Se dibuja así un nuevo modelo industrial apoyado en la competitividad y el conocimiento, centrado en la diversificación de sectores tractores, la «Fábrica del Futuro» y las TIC y Tecnologías Facilitadoras Esenciales. La directriz marca consolidar las fortalezas actuales y potenciar las actividades que miran al futuro (sector aeroespacial y biotecnológico), sin perder de vista los sectores estratégicos, tractores de la economía gallega, con margen de crecimiento y que han demostrado saber mantener el pulso a la crisis por su capacidad exportadora y tradición empresarial.

En 2015 el IPI creció casi un punto por encima de la media (4,6%). En lo que va de año acumula un alza del 5,6

Y precisamente a los sectores estratégicos para la economía gallega se les ha prestado especial atención en los últimos años, tanto que hoy el naval y la automoción recuperan su papel de cabezas tractoras y empujan al alza, junto al textil, el Índice de Producción Industrial (IPI) que en los primeros seis meses del año creció un 5,6% en comparación con el mismo periodo de 2015, año en el que Galicia fue la cuarta comunidad con el mayor crecimiento. La marca del 4,1 por ciento al cierre del pasado año es casi un punto mayor que la media y supone la consolidación de la recuperación de la producción industrial iniciada en el segundo semestre de 2014. Para encontrar la misma evolución habría que remontarse a 2010.

La recuperación del sector de la automoción, que espera cerrar 2016 con incrementos superiores al 10%; los pedidos en el sector naval que Galicia vuelve a dominar en el contexto nacional, apoyados en las diversificación; y la oportunidad que abren sectores emergentes y en auge, permite afrontar el futuro con buenas expectativas.

Cambio de tendencia

Pero han sido años difíciles en los que la crisis azotó con fuerza directamente la línea de flotación de la economía gallega. Hoy el sector industrial cuenta con 25.000 ocupados menos que hace 8 años, cuando se contabilizaban 183.500 trabajadores. Y es el metal, que representa en peso un 16% del PIB y aspira a recuperar el 20 que representaba, el que mejores noticias avanza. La previsión, atendiendo a los datos con los que ha arrancado el ejercicio, es cerrar este año creciendo en empleo y facturación. Se observa así un cambio de tendencia que favorecerá la creación en los próximos dos años de al menos 12.000 puestos de trabajo.

Atendiendo a los datos del sector automovilístico, la facturación alcanzaba el pasado año su mayor techo desde 2009, cuando las empresas con intereses en la automoción facturaban 6.800 millones frente a los 8.200 con los que se cerró el ejercicio de 2015. En cuanto a la evolución del empleo, hoy hay 600 ocupados menos que hace ocho años, pero otros tantos más que hace cuatro. El esfuerzo inversor del sector desde el 2012 se traduce en un montante de 800 millones.

Cifras en cuya recuperación mucho ha tenido que ver la evolución en la fábrica de PSA en Vigo. El anuncio a finales de 2014 de la adjudicación a la factoría olívica de la nueva generación de furgonetas —empezarán a fabricarse a partir de 2017— insuflaba oxígeno en una fábrica en pleno proceso de transformación, que encadenaba duros ajustes laborales para ganar en competitividad y, por ende, en una industria auxiliar tocada. No hay que olvidar que la planta de Balaídos genera cerca de 7.000 empleos directos y 25.000 indirectos en Galicia.

En 2015, uno de cada dos vehículos comerciales producidos en España salió de la factoría viguesa de Citroën. En concreto, 407.000 coches, a una media de 1.800 unidades por día. Y el pasado mes de mayo la firma gala volvía a sorprender con una nueva adjudicación, un todocamino (V20) que empezará a fabricarse en 2020 y que complementa al proyecto k-9 (furgonetas). Del nuevo modelo, de proyección mundial, se fabricarán unas 200.000 unidades al año y los proveedores gallegos esperan hacerse con al menos un 30% de las piezas. La inversión aparejada a su llegada, que mantendrá la fábrica a pleno rendimiento durante los próximos diez años, se cifra en un total de 640 millones; 3.000 atendiendo a su efecto dominó.

Una veintena de pedidos

Sobre la situación actual del naval, en términos de facturación y empleo, las caídas han sido fuertes (un 40 y un 45% menos, respectivamente, frente a 2009), si bien tras un 2015 prácticamente en blanco, los astilleros gallegos han logrado revertir la situación.

Atendiendo a la cartera de pedidos de este primer semestre del año, de los seis contratos en liza, cuatro corresponden a Galicia; dos unidades de Armón Vigo (para Argentina y Seichelles); otra de Nodosa (Marín); y la de Cardama (con sede en Vigo), para Senegal.

Tras varios años en el dique seco hasta que en 2012 Pemex anuncia la construcción de dos floteles en Galicia —uno de ellos, el de Barreras recién entregado, mientras que el segundo corresponde Navantia Ferrol— la mayor estocada para el sector naval llegaba de la mano de Bruselas con la anulación en 2011 del tax lease el antiguo sistema de bonificaciones fiscales. Una batalla que duró cuatro años y aunque la justicia acabó dándole la razón a España —por sentencia del Tribunal General Europeo en diciembre de 2015— el número de empleos perdidos se contaron por miles (solo en Vigo y Pontevedra 8.000), cientos de empresas auxiliares se vieron abocadas al cierre y el mapa de constructores navales adelgazó considerablemente. Solo en la Comunidad gallega las pérdidas económicas se estiman en los 2.000 millones de euros. Galicia, según datos del boletín trimestral que elabora el Ministerio de Industria, hasta julio de este año arroja un salgo de 20 unidades contratadas.

Por su parte los astilleros públicos de Navantia han encontrado en la diversificación, una de las principales apuestas del Gobierno gallego, un importante nicho de mercado. En los últimos años se ha convertido ya en constructor de referencia de la eólica marina de la mano de Windar Renovables, con contratos que superan los 500 millones de euros y que aseguran una década de empleo en ferrolterra. Todo ello, gracias al fin del veto europeo a la construcción civil desde el pasado enero. Además, el constructor firmaba en junio el acuerdo definitivo con Arabia Saudí de cinco corbetas para su Armada —entre Cádiz y Ferrol—, y los dos buques para Australia íntegros en Galicia.

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