PANORÁMICAS DE GALICIA (I)

La batalla moral del BNG se libra en Allariz

La villa orensana tiene categoría de mito dentro del Bloque. Es un punto con una magnífica carga política y, tras 26 años de gobierno nacionalista, ahora puede ser enclave del PPdeG

Pontón, flanqueada por el alcalde de Allariz y la número 1 por Orense
Pontón, flanqueada por el alcalde de Allariz y la número 1 por Orense - EFE
MARIO NESPEREIRA - @abcengalicia Santiago - Actualizado: Guardado en:

El Allariz de hoy poco recuerda al de verano de 1989: el año de la Revolución de los Peces. Solo comparte la historia. Las revueltas irmandiñas de mediados del siglo XIV, el mito de la Santa Mariña y la planta erguida del Monte do Castelo, en cuya cumbre roma hondea la bandera gallega los días de viento. Ahora hay un lugar donde terminar el tránsito por el empedrado con un café en la sociedad nacionalista Roi Xordo, donde comprar almendrados a precio de delicatessen, vestirse de Inditex y extender la carta sobre las mesas del restaurante O Pepe, propiedad de Anxo Quintana.

Tanto está cambiando Allariz que hay elecciones que ya no las gana el Bloque. La siempre mancha celeste sobre el mapeado azul del PP de Orense y la cuna de aquellos nacionalistas de barba densa que se encerraron en el Concello para apear del poder al alcalde de Centristas-PP, López Camba, después de que una mañana el río Arnoia viera amanecer con un reguero de peces muertos. En las raíces del quintanismo o de la socialista Laura Seara los populares ganaron las elecciones generales de 2015 con el 29% de los votos. El triunfo se repitió el 26-J, con diferencia ampliada (+5%) y un hecho diferencial: En Marea infligió el «sorpasso» al Bloque en el patio de su casa. La niña bonita del nacionalismo se resiente hoy cargando con el peso de sus propios mitos.

El alcalde Francisco García cree que no son ajenos a las tendencias globales. Los populares les acusan de gobernar de una forma «en cierto modo dictatorial»

«Sí, perdimos las elecciones», reconoce el alcalde Francisco García, segundo de Quintana durante sus años en la alcaldía (1989-2000) y factótum en la sombra del urbanismo de la villa más afrancesada de Orense. «En los últimos ocho años han venido a vivir aquí 1.000 personas más; y se nota, hay una tendencia más urbana, más global». explica García. Se juegan en estas elecciones autonómicas conservar el pilar maestro en el imaginario colectivo del BNG. Más eso que entregar un tanto electoral al PP de Baltar en el lugar donde su padre nunca pudo validar su hegemonía. No es casualidad que Ana Pontón eligiera este escenario para iniciar la campaña electoral y declarar desde allí que su objetivo es hacer «un Allariz en Galicia».

La portavoz municipal del PP, Luz Doporto, lamenta que el trabajo político requiera «fortaleza y un punto de valentía» para plantar cara a un equipo de gobierno cuya forma de ejercer el poder califica de «en cierto modo dictatorial». «Cuando llevas gobernando 26 años, lo lógico es que pierdas la sensibilidad y la capacidad de escuchar», critica Doporto.

Hasta ahora se ha comprobado que los procesos electorales municipales y generales son dos dimensiones diferentes para el alaricano. García gobierna con 9 escaños frente a los 3 del PP y el único edil de los socialistas. Hasta 2019, habrá un gobierno nacionalista si nada lo impide «porque la gente se siente satisfecha con nuestro trabajo». Pero hay un proceso mudo que va mostrando su expresión progresivamente en las urnas: «La evolución es también un cambio sociológico, antes éramos una sociedad muy familiar, muy próxima, ahora no tanto». dice. Ya en 2011, los populares estuvieron a punto de llevarse la victoria en las elecciones que llevaron a Mariano Rajoy a Moncloa.

Algo más que un concello

El BNG gobierna en 27 concellos de Galicia. La Pontevedra de Lores es otro ejemplo del votante dual que ahora asoma en Orense. De la misma manera que la ciudad de la Peregrina significa mucho para el PP, por ser el punto de encuentro y cuartel general de Rajoy, Pastor, Rojo o Rueda; hubo un tiempo en que la tríada Quintana-Suárez Canal-García era conocida en los despachos de Rodríguez de Viguri como el clan de Allariz. Fue en el año 2002, cuando la UPG, la mano que mece la cuna de la organización desde hace décadas, había enseñado la puerta a Beiras. Francisco Rodríguez los señaló a ellos y la luz se posó sobre Anxo Quintana, sin el carné de la U que podía desairar a los fieles de Beiras.

Ahora la pelea es otra. El riesgo de que el BNG pierda toda influencia en su espacio natural es una realidad. Entre el Arnoia y el Monte do Castelo, Allariz de momento espera.

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