El fundador de Ikea, Ingvar Kamprad, en una imagen de archivo - EFE
INGVAR KAMPRAD

El fundador de Ikea, un multimillonario que se cortaba el pelo cuando viajaba a países del Tercer Mundo

A los 17 años fundó el gigante sueco con unos ahorros que le regaló su padre; hoy su fortuna superaba los 65.000 millones de euros

CORRESPONSAL EN COPENHAGUEActualizado:

Según los medios suecos, la fortuna de Ingvar Kamprad, el fundador de la mayor empresa productora de muebles del mundo, ascendía a unos 65.000 millones de euros. Llegó a ocupar el cuarto puesto entre los hombres más ricos del mundo de la revista «Forbes» en 2006, pero desapareció de la lista y sus hijos solo figuran en el lugar 1.694. No es que su patrimonio se haya evaporado, pero es tal el entramado financiero que resulta complicado separar qué parte le pertenecía a él, a sus hijos o a la fundación Interogo que estableció a finales de los ochenta en el principado de Liechtenstein.

Kamprad, que ha fallecido a los 91 años, nació el 30 de marzo de 1926 en la provincia sueca de Småland, una región agrícola al sur del país, en una época de penurias, escasez y trabajo duro. Su infancia en una Suecia rural y pobre marcó su carácter y ha impregnado el espíritu de la compañía que creó con apenas diecisiete años. Una personalidad emprendedora y las carencias de su infancia le empujaron a los seis años a vender cerillas a sus vecinos y a recorrer su pueblo, a partir de los diez, repartiendo decoraciones de navidad, postales y lápices que sus paisanos le encargaban de un catálogo.

A los diecisiete años, su padre le regaló una pequeña suma de dinero por sus buenos resultados en el colegio y, con ella, amplió su negocio de venta, al que incorporó los muebles que los granjeros de la zona fabricaban a mano para conseguir ingresos adicionales. Desde entonces, su firma no paró de crecer hasta convertirse en el gran imperio del mueble y la decoración, cuyas tiendas están en todo el planeta.

Un tacaño millonario

Si algo destacan las personas que le conocían es su tacañería. Viajaba en clase económica, se hospedaba en hoteles sencillos, tuvo que dejar de utilizar su viejo Volvo 240 porque el estado del vehículo hacía peligrar su seguridad e iba a la peluquería cuando viajaba a países del Tercer Mundo. «Normalmente me corto el pelo cuando voy a un país menos desarrollado. La última vez lo hice en Vietnam», contó en una ocasión al diario «Sydsvenskan» mientras se quejaba de que un corte de pelo en Holanda costaba 22 euros. En un programa de la televisión sueca emitido en 2016 Kamprad confesó que toda su ropa era de segunda mano. «No creo que haya nada de mi ropa que no haya sido comprado en una tienda de segunda mano. Eso significa que doy un buen ejemplo», dijo al canal TV4. «Está en la naturaleza de los de Småland ser agarrados», aseguró.

En su biografía hay también episodios oscuros, como sus simpatías adolescentes por el partido nazi, algo que achacó a la admiración que su abuela alemana sentía por Hitler. Tiempo después calificó aquel periodo como «el mayor error de mi vida» e, incluso, escribió una carta a sus empleados pidiendo perdón. Además, no ha sido un hombre popular en su país natal, ya que en 1973 trasladó la sede de la firma a Copenhague para esquivar los elevados impuestos del Gobierno sueco y fijó su residencia en Epalinges (Suiza) desde 1976 hasta 2014. La muerte de su segunda esposa en 2011 y su avanzada edad le hicieron regresar a Älmhult en su región natal. La sede de Ikea hoy está en Holanda y, poco a poco, se fue retirando de sus negocios que ya gestionan sus tres hijos: Peter, Jonas y Mathias.