Richi Dávila Un seleccionador español para Corea del Norte

El país más hermético del mundo elige al madrileño Richi González Dávila como nuevo técnico del equipo nacional

Richi Dávila, durante su etapa al frente de la selección chilena
Richi Dávila, durante su etapa al frente de la selección chilena - ABC

Mientras apuraba sus últimas horas como presidente de los Estados Unidos, Barack Obama jugaba ayer al baloncesto. Su afición a la canasta es una de las pocas cosas que le unen con su homólogo de Corea del Norte, Kim Jong Un, cuyo amor por la canasta ha provocado una insólita apertura dentro del hermético régimen con el que dirige el país.

El líder del país asiático ha dado luz verde a la contratación del técnico Ricardo González Dávila (Madrid, 1972) como nuevo seleccionador nacional en un intento por revitalizar la canasta coreana con métodos alejados de la habitual rigidez asiática. «Cuando se me presentó la oportunidad ni me lo pensé. Yo tenía muchas ganas de entrenar en Asia y enseguida dije que sí», afirma emocionado Dávila, que en unas horas pondrá rumbo a Pyongyang para emprendar la aventura de dirigir el baloncesto coreano desde dentro.

Este madrileño de 44 años es un trotamundos de los banquillos. Ligado casi siempre al baloncesto femenino, entrenó a varios clubes en España antes de probar en Chile y Bolivia. «Estas oportunidades no se pueden dejar pasar y el proyecto es muy atractivo. El nivel del baloncesto en Corea del Norte es muy bueno, así que me siento afortunado de poder vivir este momento», reconoce el técnico, que viajará a Corea durante algo más de un mes en una primera toma de contacto que determinará su vinculación futura con el Comité Olímpico del país asiático.

Internet y un teléfono

«La idea es estar allí hasta Navidad y luego ya valorar la experiencia y ver si tanto ellos como yo estamos contentos para continuar durante más tiempo. En este mes me han pedido que elabore un programa de tecnificación para las selecciones masculina y femenina pensando en los torneos continentales del próximo año», afirma el español, que espera encontrar allí «un grupo de jugadores muy disciplinados con ganas de aprender».

En Corea, Dávila vivirá en un hotel situado en la Villa Olímpica, muy cerca de las instalaciones donde trabajará para implantar sus métodos e impulsar el nivel del baloncesto en Corea. «Las condiciones que me han puesto para desarrollar mi labor son muy buenas. Tienen unos centros de entrenamiento impresionantes. Saben que quieren dar un salto de calidad en los próximos años y tienen claras las ideas para conseguirlo», señala.

«Richi», como le conocen sus amigos, no se llevará a Corea a su mujer y su hija, pero le han prometido que podrá tener contacto diario con ellas desde el primer día. «La idea es que me den un móvil cuando llegue allí con el que pueda llamar a mi familia y que tenga un ordenador con acceso a Internet en la habitación para poder realizar mi trabajo», indica el madrileño, ilusionado con la oportunidad que tiene por delante. Una aventura que su mujer, Lidia Mirchandani –jugadora de baloncesto durante casi dos décadas–, entiende mejor que nadie. «Ella ha sido una de las que más me ha apoyado para aceptar este reto. Como exjugadora sabe lo que significa esta oportunidad, aunque era un poco precipitado que se viniera conmigo, porque tenemos una niña muy pequeña».

Con el beneplácito del líder

Aunque su único contacto por el momento ha sido el Comité Olímpico de Corea del Norte, la afición de Kim Jong Un por el baloncesto es un acicate más para pensar en un futuro ligado a la canasta coreana. «Entiendo que esta apertura de fronteras que han hecho al ficharme es porque él está de acuerdo. Si a una persona que le gusta mucho el baloncesto acepta que se abra así el país a un extranjero es porque querrá que el deporte siga creciendo», apunta Dávila sobre el líder del país antes de emprender la aventura más apasionante de su vida deportiva, que llevará a vivir en primera persona en un país casi desconocido.

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