Ciencia

¿Por qué somos tan violentos?

Los expertos están de acuerdo en que no hay una sola causa, sino varios factores interrelacionados

La violencia está presente incluso en competiciones deportivas
La violencia está presente incluso en competiciones deportivas - ABC
Pilar Quijada Madrid - Actualizado: Guardado en:

Somos seis veces más violentos que la media de los mamíferos, según un estudio de "Nature", en el que participan investigadores del CSIC. Pero el resto de los primates no se quedan atrás, aunque nosotros los superamos. La violencia parece inherente a nuestro linaje de primates al parecer casi desde sus orígenes. ¿A qué podemos atribuirlo? Los expertos están de acuerdo en que no hay una sola causa. Más bien es el resultado de una compleja red de factores interrelacionados.

Nuestra constitución: Los primates tenemos manos ágiles y prensiles, capaces de fabricar y utilizar armas que multiplican el efecto de una agresión.

El cerebro: La corteza prefrontal está más desarrollada en los primates. Esto nos da mayor inteligencia y capacidad de planificación, para el bien o para el mal. También es la región que controla los impulsos. Está más desarrollada a medida que se asciende en la escala evolutiva, y en nuestra especie alcanza el máximo desarrollo.

Las emociones: Diversos estudios apuntan a que esa zona del cerebro, la corteza prefrontal, está alterada en los criminales, que además pueden tener deficiencias en el control emocional, que lleva a actuaciones impulsivas y violentas con más frecuencia.

Neuroquímica:Niveles bajos del neurotransmisor serotonina facilita el comportamiento agresivo. La testosterona también está implicada en el comportamiento agresivo, lo que hace a los hombres más propensos a la violencia que las mujeres.

Genes: aumentan la predisposición pero no son suficientes para explicar el comportamiento violento.

El ambiente: Nuestra especie es muy buena imitando comportamientos. Lo que vivimos en la infancia se queda literalmente grabado en la corteza prefrontal, donde residen las normas. El abuso en la infancia, la negligencia de los padres, los conflictos parentales persistentes o la pobreza, entre otros factores, modifican el cerebro y pueden predisponer a la violencia. Además, cambián la expresión de nuestros genes.

Presiones externas: La presión de grupo o el sometimiento a una autoridad sin reflexionar sobre las consecuencias pueden favorecer la violencia. Según demostró Stanley Milgram, un psicólogo de la Universidad de Yale, en los años sesenta del pasado siglo, todos tenemos nuestro lado Hyde, esperando la ocasión propicia para manifestarse. En 1971, otro experimento de la cárcel de Stanford, dirigido por el psicólogo social Philip Zimbardo, dio cuenta de la crueldad a la que podemos llegar. Reclutó a universitarios de clase media para participar en un experimento que simulaba una prisión. Los voluntarios recibían por ello una paga que hoy equivaldría a unos 70 euros diarios. A los pocos días se les fue de las manos por la crueldad ejercida por los reclusos y carceleros y tuvieron que suspenderlo.

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