Ciencia

El mono que intenta tener sexo con un ciervo

Es el segundo caso de apareamiento entre especies distintas detectado en la naturaleza, una auténtica rareza

El mono intenta montar a un ciervo en la isla japonesa de Yakushima
El mono intenta montar a un ciervo en la isla japonesa de Yakushima - Alexandre Bonnefoy
J. DE J. Madrid - Actualizado: Guardado en:

En 2014 una investigación que mostraba cómo los lobos marinos coaccionaban a unos pingüinos rey en la Antártida para mantener relaciones sexuales fue noticia en todo el mundo, ya que era la primera vez que se documentaba semejante comportamiento entre especies no relacionadas. Sorprendentemente, los machos de lobo marino asaltaban a los pingüinos, tanto machos como hembras, los montaban y en algunos intentos exitosos los penetraban. Después, en ocasiones, los devoraban.

Sin embargo, parece que ese no es el único asalto sexual entre especies que ocurre en la naturaleza. Científicos de la Universidad de Estrasburgo en Francia han observado en la isla japonesa de Yakushima una relación poco convencional entre un macho de macaco japonés (también conocido como mono de la nieve) y una hembra de ciervo sica.

Los monos japoneses (Macaca fuscata yakui) son famosos por bañarse en las aguas termales de las partes cubiertas de nieve del país. Viven amigablemente al lado de los ciervos sica (Cervus Nippon yakushimae). Los ciervos suelen comer los frutos que los monos dejan caer de los árboles, y también se alimentan de las heces de los macacos. Incluso algunos monos desparasitan a los ciervos o los montan de una manera lúdica, sin intención sexual, como si fueran caballos. Se conocen bien, pero ahora la amistad ha dado un paso más allá.

Según publica la revista «Primates», el comportamiento sexual en cuestión se observó a principios de noviembre de 2015 durante la época de cría del macaco. Un adulto sano intentó copular con al menos dos hembras diferentes de ciervo montando sobre sus partes traseras.

«Se trataba de un macaco macho adulto que ocupaba un lugar bajo en la jerarquía. Por lo tanto, es probable que perteneciera a un grupo de machos periféricos, ya que se observaron otros machos en las proximidades de los ciervos», dice Marie Pelé, autora principal del estudio.

Hormonas y juegos

«El macho montó al ciervo y mostró algunos comportamientos de copulación, que incluyeron cerca de 15 movimientos sexuales durante un período de 10 segundos, antes de bajarse», apunta Alexandre Bonnefoy, coautor de la investigación. No hubo penetración, posiblemente por las evidentes diferencias físicas, de tamaño y de construcción corporal entre los dos animales, pero sí eyaculación. «El ciervo parece lamer el líquido seminal después del montaje. Esto podría indicar que el esperma podría ser una buena fuente de proteína para los ciervos», indica el investigador.

El macho «lascivo» también trató de montar una segunda hembra sin ningún éxito. En esta ocasión, el ciervo se deshizo del acosador y mostró un comportamiento amenazante. Curiosamente, el extraño enamorado hizo guardia frente al objeto de sus deseos, persiguiendo a otros machos alrededor para que se alejaran. Eso sí, no fue agresivo hacia el ciervo.

Pero, ¿a qué se debe este súbito interés por los miembros de otra especie? Los investigadores creen que el aumento hormonal experimentado por los macacos japoneses durante la temporada de cría y la estrecha cooperación entre estos primates y los ciervos han podido llevar a este insólito comportamiento. «También podría ser una manifestación sexual de la conducta de juego conocida entre los macacos japoneses y los ciervos», dice Pelé.

Falta de pareja

Según Cédric Sueur, también autor del estudio, «pocos casos de apareamiento de este tipo se han descrito en especies distantes excepto cuando se crían animales en un ambiente humano o para interacción sexual entre humanos y animales». A su juicio, este romance japonés «podría tener varias explicaciones, como una forma de aprender a copular, pero esto no es probable. Una causa podría ser también un reconocimiento incompleto de especies, pero esto ocurre entre especies cercanas relacionadas y es bastante improbable en nuestro caso, ya que las especies son bastante distantes filogenéticamente y morfológicamente y están acostumbradas a convivir y interactuar juntas. Lo mismo pasa con los lobos marinos y los pingüinos», explica a ABC.

Como la conducta no puede atribuirse al mal reconocimiento, en el caso de los pingüinos los investigadores concluyeron que debe de ser considerada como intencional y aprendida. Para Sueur, «la hipótesis más realista sería la de la privación de pareja, que establece que los varones con acceso limitado a las hembras son más propensos a mostrar este comportamiento. De hecho, es más probable que se observe en las especies con un mayor riesgo de competencia sexual (muchos machos luchan por acceder a las hembras)». Por otra parte, los macacos japoneses son descritos como una especie «intolerante», lo que significa que un bajo número de varones adultos, si no ninguno, son aceptados para permanecer en un grupo con el macho dominante. «En el momento de la pubertad, los varones tienen que emigrar de su grupo a otro grupo. Sin embargo, el tiempo para ser aceptado en otro grupo o convertirse en un macho dominante puede ser largo y existen algunos grupos compuestos de sólo machos», describe el investigador. Esto puede ser suficiente para buscar el amor... en otro lado.

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