Sir Paul Nurse, Nobel de Medicina

«Estoy contra el Brexit: La ciencia no puede admitir la xenofobia»

El laureado científico dirige a su manera, con lo que él llama una «suave anarquía», el nuevo Instituto Francis Crick en Londres, el mayor centro de investigación biomédica de Europa

Sir Paul Nurse, en Madrid
Sir Paul Nurse, en Madrid - Ignacio Gil

Dicen de él que es el científico más poderoso de Reino Unido y uno de los más influyentes del mundo, pero si se le pregunta al respecto junta las manos y mira hacia abajo. «No, por supuesto que no», responde con una sonrisa amable sin querer añadir nada más. Una revelación de carácter en un hombre que es Premio Nobel de Medicina (en 2001, por descubrir genes esenciales para la división celular), ha presidido la prestigiosa Royal Society y puede escribir Sir antes de su nombre... Paul Nurse (Norfolk, Reino Unido, 1949) dirige ahora el mayor centro de investigación biomédica de Europa, el inmenso e impresionante Instituto Francis Crick, que acaba de abrir el telón en pleno centro de Londres. El afamado investigador, invitado en Madrid por la Fundación BBVA, cuenta lo que se cuece dentro de un edificio con 1.500 empleados que funciona a su manera y ya ha sido apodado «la catedral» de Sir Paul. No le falta sentido del humor.

-¿De qué se va a ocupar el centro Crick?

-Es un centro de investigación de descubrimientos al más alto nivel, porque intenta comprender la biología fundamental tras toda una serie de enfermedades en los seres humanos. Tratamos de hacer ciencia de calidad que pueda ser utilizada en bien de la humanidad.

-¿Qué enfermedades nos permitirá entender mejor?

-Pensamos poder hacer contribuciones en el cáncer, las cardiopatías -incluyendo el ictus-, las infecciones y las enfermedades neurodegenerativas. Pero es importante reconocer que esto no se puede predecir.

-¿Qué es lo que hace especial a su instituto?

-Somos un centro muy grande e inusual. Vamos a tener 120 grupos de investigación que van a cubrir una amplia gama de estudios, con enfoques multidisciplinares. Nuestra estrategia es pescar peces grandes en un gran estanque: atraer a los mejores científicos del mundo en muchos ámbitos distintos, lo que creemos tiene mucho éxito para poder obtener investigación con la mas alta calidad.

-Funcionan de una manera bastante peculiar.

-No tenemos departamentos, divisiones ni separación alguna. Esto significa que no hay barreras entre las diferentes actividades académicas. A menudo la buena investigación viene de esa interfaz entre diferentes tipos de actividades y además eso evita los «barones» y yo me quiero reir de mí mismo: Tenemos un rey, y tenemos caballeros, pero no tenemos barones que peleen unos contra otros.

-¿Y cómo pone orden a todo eso?

-Dando libertad creativa. Es lo que yo llamo una «suave anarquía». Creo que dar libertad a investigadores muy capacitados y con mucho interés en hacer cosas nuevas es lo mejor. Porque muchas veces las decisiones las toman comités de señores con el pelo blanco que plantean lo que es evidente. Sin embargo, los nuevos descubrimientos salen de la juventud y de nuevas formas de pensar. Imagínate que lleváramos el comité a cargo de la Geographical Society en el siglo XIX. Nuestra tarea sería decidir si la expedición de exploración va a la Antártida, a la selva africana o a la Amazonía, y dar buenos recursos al explorador. Pero una vez sobre el terreno, es él quien debe tomar las decisiones.

-Apuesta de forma declarada por los científicos jóvenes, ¿por qué?

-Los jovenes son a menudo los individuos más creativos. Pueden estar un poco verdes, quizás un poco alocados, pero nuestro objetivo es darles consejo, guiarles, dejando siempre que puedan liberar toda esa creatividad en una forma productiva. Les mantenemos diez o doce años, lo que es suficiente para trabajar sobre un gran problema en un entorno con mucha ayuda, pero entonces tienen que marcharse, y les ayudamos a hacerlo, a otra institución donde puedan ser líderes de investigación. Si retornan a sus países de origen, vamos a establecer una red internacional. Considerando el Brexit, esto hoy en día lo necesitamos, y mucho.

-Su forma de dirigir el Crick también ha suscitado algunas críticas.

-Sí, es que es poco usual. Pero puedo señalar algunos institutos en el mundo donde estos componentes que te acabo de describir han funcionado maravillosamente bien. Por ejemplo, el Laboratorio de Biología Molecular Europeo, de cuyo comité asesor soy presidente, o la Universidad Rockefeller en EE.UU., de la que también fui presidente. Si aún así la gente se pone difícil, les llevo a cenar, les doy un buen vino y les convenzo (Risas).

-Parece una organización inspirada en Silicon Valley.

-Sí, empresas como Google han influido en mi forma de pensar y concebir el Crick. El centro de investigación más importante de Google en Europa está a solo unos cien metros de distancia de mi instituto. Ya estoy explorando posibles contactos y tengo una cena con Eric Schmidt (ahora presidente de Alphabet-Google).

-Maneja un presupuesto impresionante -150 millones de euros- en una época en la que los científicos se quejan de no tener fondos. ¿Cómo lo ha logrado?

-Hay dos tipos de costes: el del edificio y los de gestión del instituto. Los segundos vienen del hecho de que yo he fusionado tres institutos que previamente ya existían y los he puesto juntos, así que he heredado el presupuesto de gestión de los tres y, de hecho, el Crick cuesta menos que la suma de los tres independientes. Si hablamos del coste del edificio, sustituye uno anterior que fue construido hace 60 o 70 años y no encajaba para su propósito. Ayudé a buscar los fondos personalmente y creo que la inversión durará otros 50 o 70 años en el futuro. Es como si fuera una catedral románica, muy fuerte y creo que durará para siempre.

-¿Cuáles cree que serán las consecuencias del «Brexit» para la ciencia británica?

-La mayor parte de los científicos británicos estábamos en contra del brexit, un 90% en las encuestas. Es un problema muy significativo por varias razones. Para empezar, porque recibimos de los fondos europeos más dinero para dedicar a la Ciencia de lo que nosotros tenemos. Hay un hueco en las finanzas de 500 millones de euros y ahora el gobierno tendrá que poner la diferencia. Además, la ciencia es una actividad internacional, y la UE financia redes colaboradoras que han tenido un éxito extraordinario. El tercer problema es este aire de xenofobia, que la ciencia no puede admitir: tiene que estar abierta al mundo y parece que le hemos dado la espalda.

-¿Y cómo afecta a la investigación en el Crick?

-En el instituto tenemos cinco millones de euros de la UE y mis planes eran multiplicarlos por dos. Ahora tengo que encontrar el dinero por otra vía. El 55% de nuestros científicos mejor formados, los que tienen doctorados, vienen de países europeos fuera de Reino Unido. Es una cifra enorme. Y estar fuera de la UE aumenta enormemente la burocracia para que vengan a trabajar. ¿Qué vamos a hacer con eso? ¿Será posible sobrevivir al «Brexit»? Habrá que trabajar duramente sobre las finanzas, para poder mantener las redes colaborativas y para aplastar a la xenofobia. El Reino Unido es un lugar atractivo para la investigación y debemos construir sobre ello con los brazos abiertos para recibir a todo el mundo.

-En el centro trabajan personas de 70 nacionalidades. ¿También españoles?

-Muchos. España tiene científicos muy bien formados y excelentes científicos españoles trabajan en el Crick, nos sentimos muy felices de tenerlos. En mi propio laboratorio, desde hace treinta años, siempre he tenido a algún español trabajando. Y eso significa que a menudo puedo volver a España, muy bueno para el Rioja y las tapas (Risas).

-¿Cómo ve la ciencia en España?

-En los 70, cuando yo empezaba, España era casi un país del tercer mundo en lo que se refería a la Ciencia. Dio pasos de gigante en los últimos treinta años y la calidad mejoró impactantemente. España iba por el buen camino para hacer contribuciones fundamentales. Pero la crisis financiera ha recortado dinero de la investigación y esos grandes programas sufren mucho. Es muy importante que el gobierno español, cuando lo tengan, invierta la tendencia de recortes y reconozca adecuadamente la importancia que tiene invertir en ciencia para lograr descubrimientos sobre los cuales se basa el desarrollo económico sostenible, aumentando la riqueza, la salud y el bienestar público. Esto es absolutamente esencial y si no publicas nada más de lo que he dicho salvo esto, estaré satisfecho.

-Lleva años investigando con levadura, ¿por qué le resulta tan fascinante?

-Me dicen que ahora todo se puede hacer con células humanas o ratones, pero me temo que se equivocan. Estudio problemas fundamentales sobre cómo funcionan las células, y uso levadura porque es muy simple, hay muchas técnicas muy potentes para poder estudiarla, avanzamos muy rápidamente y comprendemos mejor problemas fundamentales.

-¿Qué opina entonces sobre el «corta-pega» genético, el polémico CRISPR-Cas9?

-Nos permite un método para hacer cambios genéticos precisos en organismos complejos de una forma que ya hemos hecho con la levadura durante 40 años. La técnica en sí misma no es peligrosa, pero plantear la posibilidad de cambiar el genoma humano requiere una discusión pública importante.

-¿Cuál es su gran deseo para el Crick?

-En mi propia investigación, me gustaría conocer cómo los componentes celulares saben dónde están en la célula. Podría no parecer importante, pero le aseguro que lo es. Como director, me gustaría lograr que el Crick sea un instituto de éxito. Y en términos de mi función política, tengo que lograr que la ciencia sobreviva al «Brexit».

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