Tecnología - PS4

«Watch Dogs 2»: bienvenidos al colorido Gran Hermano

La secuela del videojuego de mundo abierto y «hackers» ofrece un planteamiento más original que destila emoción y mecánicas de piratero más elaboradas

Mira en el video - j.m.s.

El Gran Hermano es real. El caos, el peor escenario posible para los ciudadanos, se rige por bits. Aparentemente indoloro y más discreto que las fórmulas tradicionales para hacer daño, pero puede hacerlo incluso más. Aquí internet es el arma. Se roban las libertades de los ciudadanos. La informática y la hiperconectividad es el aliado y, a su vez, peor enemigo de una sociedad atribulada e inoculada de sentimientos perecederos.

Ese perverso planteamiento pero posible en la realidad más circundantes es lo que intenta reflejar «Watch Dogs 2», secuela del videojuego de mundo abierto y acción en tercera persona en la que un grupo de «hackers» desafían a los poderes fácticos y los organismos que controlan la infraestructura de la ciudad, una ciudad conectada e inteligente en lo que muchos de sus elementos pueden piratearse en beneficio propio.

Mejorado narrativamente hablando respecto a su predecesor y de ambiente más festivo y jovial, el videojuego cambia la fría Chicago por una divertida San Francisco, un entorno más familiar para muchos usuarios que no han viajado pero conocen perfectamente, gracias a la magia del cine, mucho de sus rincones. Allí se levanta Silicon Valley, la cuna de la tecnología, que en la pantalla se refleja desde una perspectiva perniciosa la forma en que organizan el nuevo mundo los gigantes que, a su manera, monitorean los movimientos de los ciudadanos. Un sistema central, CtOS 2.0, controla toda la ciudad. Su responsable, Blume; el rival a batir. A esa alegría permanente que rodea la ambientación le acompaña la música disponible, una banda sonora ecléctica y amplia en la que el jugador puede activar diferentes listas de música por género (pop, eso, rock, electrónica, clásica…). Como por aquí somo más de rock aparecen temas de las bandas Creedence Clearwater Revival o Megadeth. Que no está mal.

El argumento, aunque algo superficial en ocasiones, se pasea por un alocado humor «friki» y el diseño narrativo de los personajes se ha avanzado. Intenta tomar elementos y tendencias vigentes en la realidad como el concepto de «Internet de las Cosas», la Dark Web, los coches y ciudades inteligentes o las impresoras 3D que tan de moda está actualmente y que da pie a hacer una reflexión sobre los peligros de la sociedad digital. Abstrayendonos un poco, la trama pone de relieve algunos desafíos de hoy, la lucha por la igualdad y la libertad, la defensa del ciudadano de a pie, el reto de convertir el mundo en algo mejor. Aunque el planteamiento jugable se mantiene (piratear sistemas informáticos en beneficio propio, desplazarse por la ciudad, explorar, completar sólidas misiones principales y secundarias) la nueva entrega del videojuego le da una pequeña vuelta de tuerca para favorecer a la diversión.

Por lo pronto, se han mejorado y complicado algunos sistemas de «hackeos» de puertas y sistemas informáticos para emular en cierto modo la metodología empleada por un «hacker», aunque al final todo parte desde un teléfono móvil y una tableta como principales armas (luego se pueden crear otros «gadgets» como un drone, muy útil por cierto) al servicio de Marcus Holloway, nombre del personaje al que controlamos en «Watch Dogs 2» y que, al igual que otros mundos abiertos, tiene oportunidad el jugador de personalizar sus atuendos y peinados. Este joven afroamericano forma parte de DedSec, un grupo de «hacktivistas» al estilo de «Anonymous» que permanecen alerta y vigilan los abusos del sistema.

El «smartphone» es el centro de la experiencia y desde donde se puede consultar las principales herramientas y servicios de utilidad, como el mapa -en esta ocasión mediante la aplicación ficticia Nudle Maps que parodia a Google Maps o Apple Maps- para poder moverse por la ciudad sin perderse, seguir los destinos, añadir un punto u obtener indicaciones, así como consultar información sobre una ubicación o llegar a zonas de interés donde esperan actividades secundarias, mejor trabajadas y más divertidas que las de la primera entrega que dejó un sabor agridulce por su simpleza y momentos de repetición de patrones.

Uno de los objetivos secundarios es ampliar la cuenta bancaria. Para ello, hay varias formas para obtener dinero: completar actividades en el mundo, recoger bolsas de dinero, vender objetos de valor o «hackear» las cuentas de personas del entorno. Con esa moneda virtual se pueden adquirir nuevos artículos. Menos repetitivo y más emocionante que la anterior entrega, las habilidades de pirateo, esta vez, se llaman «investigaciones» y conforme ganamos puntos podemos desbloquear algunas mejoras de «hackeo» y robo de información que ayuda a ampliar el árbol de opciones durante las misiones seleccionadas. El gran logro del juego es que se pueden completar éstas sin disparar ni usar armas letales, solo utilizando la astucia, el ingenio y los objetos «hackeables» que nos encontramos como cámaras, ordenadores, cabinas y demás sistemas.

Porque no lo olvidemos, en «Watch Dogs 2» está todo conectado, de forma que es necesario (y la base de todo el juego) las mecánicas de «hackeo» (más flexibles, abiertas y dinámicas que las del primer capítulo que le acercan un poco a Grand Theft Auto) para, por ejemplo, explosionar una tubería de gas durante una persecución y dañar al vehículo rival. Así todo. Pero hay que descubrirlo; afortunadamente se cuenta con la posibilidad de «ver» pistas, como si se tratase de la vista de águila en la serie Assassins Creed, con lo cual se facilitan las cosas, para bien o para mal, puesto que puede resultar demasiado fácil para determinados jugadores expertos en este tipo de juegos.

Dentro de la central secreta del equipo, como si se tratase de un patio de recreo de los «Anonymous», se pueden fabricar objetos y armas. Se hace mediante una impresora 3D como intento de aprovechar las tendencias tecnológicas actuales en la sociedad. El juego incluye un modo de operaciones cooperativas para donde hay que contar con «hackers». El mapa de la ciudad, inmenso, extenso y repleto de actividades, cuenta con diferentes actividades y zonas de interés para descubrir. Existen otras zonas restringidas que suelen contener bolsas de dinero, aunque algunas son difíciles de sobrepasar por la maraña de enemigos que lo frecuentan.

Respecto a su apartado gráfico, el videojuego ofrece un buen diseño, mejor elaborado y más trabajado en comparación con la anterior entrega e intentado que la ciudad ofrezca una rica jungla urbana repleta de viandantes, aunque la Inteligencia Artificial implementada para los movimientos de los enemigos rivales, por ejemplo, peca de ofrecer los mismos patrones. Sin embargo, este título demuestra que tiene bastante potencial para continuar.

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