Video capturado desde una consola PlayStation 4 Pro en modo cinemático
ANÁLISIS

Shadow of the Colossus: la soledad del guerrero

La impecable remasterización y limpieza técnica del célebre videojuego de culto muestra el camino de la perfección manteniendo su esencia como vehículo narrativo y fundiéndose de nuevo en una mágica experiencia

MADRIDActualizado:

El videojuego es un medio interactivo. El mundo que se extrae de ellos representa, o debe representar, un cuadro maleable y vivo que reacciona ante el jugador. La confluencia de diversas disciplinas artísticas logran, en muchos casos, evocar nuevos sentimientos, cuyo vehículo viene de un universo digital. Llorar incluso en ocasiones, vivir vidas ajenas, conocer otras perspectivas. Sentir al final y al cabo en el gran poder evocador de este medio ludonarrativo que en ocasiones, y frente a los habituales triunfadores de las listas de ventas, nos permite encontrar un título que desafía el tiempo.

En la música o el arte pictórico es fácil descubrirlos. Son aquellas canciones o cuadros atemporales, que trasciende su época y logra ganar adeptos en cada generación. Obras que no pasan de moda, que siempre tienen algo que ofrecer al espectador u oyente. En el mundo de los videojuegos es realmente difícil localizarlos dado que está supeditado, en parte, a la evolución de las tecnologías.

Con esa visión del medio de Fumito Ueda, uno de esos creadores de culto, su flamante título «Shadow of the Colossus» ha regresado a la vida por medio de una impecable remasterización y limpieza técnica que ha sabido sacar provecho no solo a su apartado visual, sino a mostrar casi un nuevo relato. Luciendo tremendamente bien, la aventura de fantasía se recupera después de haberse adaptado en anteriores ocasiones a las plataformas de la época. Ahora, con su llegada a la consola PlayStation 4 permite que, aquellos jugadores que vivieron su intensidad y originalidad, vuelvan a sentirlo, pero permitirá sobre todo que nuevos jugadores lleguen a descubrirlo.

Lo curioso es que para haberse lanzado en varias ocasiones (debutó en la extinta PlayStation 2), el título conserva su actitud y magia. Es toda una leyenda que da de verdad sentido a la idea de «remasterización» de la mercadotecnia. Algo queda claro; las tres obras del genio Ueda funcionan como un todo consistente que encaja a la perfección en una especie de mundo ulterior en el que el jugador se teletransporta en la piel de un personaje que siente y padece. La narrativa de esta aventura se descarga a lomos del magnánimo esfuerzo de superar a sus rivales a lo largo de las diez horas que puede alcanzar un jugador en completarlo.

Este renacimiento encargado al estudio Bluepoint resulta asombroso porque es, precisamente, eso, un renacer, un trabajo casi rehecho al completo. Un comienzo desde cero. El impecable resultado se aprecia no solo a los personajes sino también en todo el vasto mundo por el que se pasea, las texturas de la vegetación, el realismo del entorno. La iluminación y los movimientos de la cámara de corte cinematográfico, que logran enfatizar los momentos de más templanza. La puesta al día es asombrosa. Además, incluye dos modos de resolución distintos, que potencia la fluidez en el rendimiento (la más recomendable, la verdad) y la calidad visual (desde una PlayStation 4 Pro se alcanza una resolución 4K o Full HD con una tasa de 60 imágenes por segundo).

Las mínimas secuencias cinemáticas ofrecen, además, una coherencia narrativa que permite poner en situación al espectador en su camino hacia la gloria, interpretada aquí como una permanente gestión de la tragedia, de la superación personal y del sacrificio individual. la mecánica del juego no ha cambiado desde entonces. Desde un punto central, a donde regresa el jugador cada vez que elimina uno de los colosos, inicia el jugador la búsqueda del siguiente rival.

El trasfondo de la aventura demuestra de qué pasta está hecho. La mitología griega se encarnó de transmitir a los siglos venideros las pruebas de Hércules. Doce trabajos épicos pensados para expiar su grotesca conducta. El grueso de la trama en este juego se concentra en una acción directa y la exploración de los 16 colosos a los que hay que vencer. Todos ejercen de jefes finales, por lo que no hay momentos para la dispersión. Acción directa y pura. Pero en el camino hacia las batallas el jugador se topa con el problema de la ignorancia, del desconocimiento de la ubicación de sus rivales.

Cada uno de ellos habita en una localización única y diferente. La única guía es la luz que proyecta la espada, pero se desconoce la distancia. Tampoco pueden ser derrotados sin hacer uso del entorno de la batalla y sin reunir las debilidades que tienen, un paso fundamental que supone otro de los principales desafíos del juego. Esa línea cronológica consigue que sea el propio sistema la que lleve la voz cantante. Aunque pases por un lugar diseñado para el enfrentamiento, si no coincide con el enemigo que toca tan solo se encuentra ante un páramo.

Toda la aventura transcurre en medio de una solitaria búsqueda. El guerrero -al que se le conoce simplemente como Wander- sin más compañía que su cabalgadura, Agro, cuyo dominio se resiste por su naturaleza animal. Una fórmula experimentada en otros juegos como «The Last Guardian». El silencio y, sobre todo, la dulce música son dos importantes elementos narrativos que transmiten una emotividad apabullante.

El gran logro del juego es haber sabido comunicar un sentimiento de manera tan expresiva. «Shadow of the Colossus» no solo es una experiencia imprescindible, sino uno de los juegos más importantes que se puede encontrar. Una verdadera obra de arte, imprescindible para aquellos que tuvieron la oportunidad de vivirlo en las ocasiones en las que se adaptó y para aquellos que, ahora, deseen sumergirse en en ella con la inocencia mirada del recién llegado.