ANÁLISIS

«Deus Ex: Mankind Divided»: el futuro es espeluznante

La nueva entrega del videojuego de rol y acción ofrece la preferencia de sigilo o letalidad sobre un amplio mapa repleto de contenido jugable

Mira en el video un «gameplay» del juego - J.M.S.

Año 2029. La civilización no es como lo es ahora. Es un fugaz destello de lo que un día fue. Por contra, la biotecnología se ha hecho un hueco en la sociedad pero, en lugar de ser esperanzador, provoca miedo. Y ahí te sueltan. En medio del caos para rascar algo de luz. En ese contexto transcurre la historia de «Deus Ex: Mankind Divided», continuación del videojuego de acción y elementos rol ambientado en una época futurista en donde los llamados «aumentos» -habilidades extraordinarias producto de la tecnología-.

A diferencia de otros títulos del género First Person Shooter (FPS), la gracia de esta propuesta se encuentra en la ocultación y el aprovechamiento del entorno en detrimento del enfrentamiento directo, que lo tiene, y se puede practicar; de hecho, al principio del juego se da la opción del estilo que uno desea adoptar, pero su diseño acude al rescate de otras estrategias de combate.

Lanza en ristre, asumimos el control de un personaje llamado Adam Jensen que aparece aquí dos años después de los sucesos acaecidos en «Human Revolution» en donde se registraron millones personas muertas a manos de aquellos que habían instalado esos aumentos que reproducen un humano de nueva generación repleto de habilidades asombrosas.

Con una estimulante sentimiento de dinamismo, el juego se apoya en una estructura narrativa muy elaborada en donde el videojugador intercede en diálogos con otros personajes y en donde se van abriendo diferentes misiones principales y secundarias. En ese sentido, es bastante abierto al tipo de estilo a llevar a cabo, ya que se da la opción de resolver los problemas planteados mediante el empleo de la fuerza o, por el contrario, evitando ser letales. En el sinfín de actividades y objetos que puede recoger, el jugador puede aquí piratear aparatos electrónicos, algunos más difíciles para poner en práctica esta habilidad.

La linealidad de las misiones son evidentes (a pesar de que existen diversidad de rutas y algunas más complejas), pero no enturbian las actividades que vamos descubriendo. De hecho, el inmenso mapa, dividido en distritos entre Praga y Golem City, contempla un gran abanico de contenidos disponibles. Las decisiones que uno toma traen consecuencias, aunque no tan significativas como cabría esperar. En combate, uno puede utilizar las diferentes habilidades que nos facilitan esos aumentos (invisibilidad temporal, visión inteligente…), las cuales se pueden combinar y mejorar conforme progresamos. Además, se pueden combinar algunas y potenciar otras aunque algunas de ellas obliga a desactivar otras tantas para poder sacarle provecho.

En esta diatriba «cyberpunk» y con la humanidad dividida como telón de fondo, este humano 2.0 es capaz de acometer embestidas alucinantes, ocultarse y aprovechar la confusión para avanzar por las coberturas para alcanzar el punto de destino, un sistema, por cierto, avanzado, intuitivo y bien conseguido. El comportamiento es generoso y divertido que se apoya en una dirección artística algo menos consecuente con los nuevos tiempos, ya que a nivel gráfico nos encontramos con un diseño menos avanzado que otros títulos recientes. El motor utilizado para esta ocasión no está a la altura.

Pese a todo, la experiencia de juego es grandilocuente y profunda. No solo es un juego de tiros, que los haberlos, haylos, pero aquí se premia la exploración y la estrategia. Las mecánicas jugables, que a pesar de disfrutarse en perspectiva subjetiva se combina con momentos en tercera persona, resultan brillantes y es un ejercicio de fogosidad virtual. Aunque arrastra algunos tópicos del género, lo cierto es que «Deus Ex: Mankind Divided» los resuelve francamente bien. Cuenta con grandes virtudes y algunos ligeros avances que se perdonan pequeños tropiezos gráficos que justifican volverse a poner en la piel de este agente aumentado (ahora, encubierto) con personalidad misteriosa.

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