ANÁLISIS

«Assetto Corsa»: la gracia está en su interior

El videojuego de conducción apela a la simulación para el entretenimiento pero ofrece un modo carrera demasiado exigente para los inexpertos

Mira en el video un «gameplay» del juego

La competitividad que existe en los videojuegos de conducción es muy grande. Hay dos vertientes claras: los títulos que apuestan por la simulación y los que, para favorecer el juego, sacrifican algunos aspectos de la realidad. «Assetto Corsa» se encuentra en el primer grupo con una propuesta muy exigente pero, a su vez, accesible y capaz de complacer a los jugadores menos experimentados.

Con un amplio catálogo de coches con licencia oficial y pistas reales, este videojuego está muy enfocado al modo individual. Su apartado visual, pese a los esfuerzos conseguidos, muestra un considerable «efecto barco», es decir, la reproducción del trazado, realizado mediante la tecnología de barrido láser, da buen resultado, pero los coches ofrecen una sensación de estar volando. Se podría decir que la reproducción real de los bólidos están a un buen nivel, pero sin ser sobresaliente. Eso revierte en una pequeña carencia de matices que embrutece la emoción visual. En comparación a la belleza practicada por otros títulos incluso de hace un par de años, aquí su punto fuerte no son los gráficos.

Ofrece, no obstante, la posibilidad de emplear ayudas que favorecen a la conducción. Es, por tanto, menos brillante que otros juegos como «Gran Turismo» o «Forza Motorsport». Tal vez se justifica por el escaso presupuesto destinado, pero por ejemplo, las animaciones y secuencias cinemáticas brillan por su ausencia. Pero donde sí planta cara este simulador a otros rivales es en su inmenso abanico de posibilidades para personalizar y modificar las características en aras de ajustar niveles y satisfacer, en efecto, las necesidades de cada jugador. Habrá quien dude del espectáculo, pero el sabor que deja su simulación es muy agradable, pero ello desluce la experiencia (como en tantos otros juegos similares) en la piel de los neófitos en estas lides que solo buscan algo de diversión.

Aunque le hace falta pulir algunos controles, acceder a las carreras se practica con dureza. Estas se resuelven con cierta dificultad y obliga a ponerse manos a la obra en adelantamientos y pasos por curva -reciben por cierto una penalización por las salidas de pista y choque fortuitos-. Y esa sensación de intento de simular la conducción real se aprecia considerablemente en los virajes y subvirajes, el comportamiento en las curvas y las frenadas incendiarias con lo que, por ejemplo, ponerse al volante de un coche de 400 CV bien seguro que es incontrolable a las primeras de cambio.

Desarrollado por el estudio italiano Kuno Simulazione y disponible para PlayStation 4 y Xbox One -después de comenzar su andadura previa en PC-, el videojuego cuenta con un total de 102 vehículos disponibles de las principales marcas del sector, como Ferrari, Mercedes, BMW o Ford, así como unos 26 circuitos diferentes. En carrera, el juego ofrece una Inteligencia Artificial del resto de vehículos decente, aunque en muchas ocasiones -dependiendo del nivel- demasiado precisa y frustrante. Tal vez esa consistencia obliga a exprimir las horas de juego para lograr correr como un profesional.

En cuanto a los modos de juego disponibles, el simulador de coches cuenta con carrera rápida, pero un modo carrera demasiado exigente, a veces tedioso para el neófito, y que puede llegar a desesperar al jugador menos avanzado por culpa del ritmo inicial y el alto nivel de la conducción. Se basa en competiciones que van desde un corredor novato hasta niveles experto y se centra, únicamente, en escasos modelos de coches. En cambio, se valora un buen modo multijugador (carreras de hasta 15 rivales) y un extenso universo de eventos especiales que da la posibilidad de disputar carreras (cortas y largas).

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