La descomunal borrachera que acabó en escalada en los Alpes

Un turista ebrio termina ascendiendo 2.400 metros en una montaña

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No saber medir a la hora de beber puede tener consecuencias de lo más inesperado. En esta sección ya te hemos hablado de algún caso extremo, como el del borracho que subió a un taxi en Dinamarca en 2017 y bajó en Noruega en 2018, atravesando tres países y gastando más de 1.800 euros. Al menos el hombre viajó en un vehículo confortable, todo lo contrario que un turista cuyo caso se ha hecho viral durante los últimos días. El joven salió de marcha... y terminó escalando una montaña en los Alpes.

El blog The Points Guy relata la etílica aventura de este veinteañero, un estonio llamado Pavel, en las famosas cumbres centroeuropeas. Pavel estaba pasando un divertido fin de semana de esquí en la estación de Cervinia, situada en el Valle d’Aosta. Tras emplear el día en la práctica deportiva, decidió salir a tomar algo por la noche. Según parece, la cosa se le fue bastante de las manos y estaba ciertamente desorientado cuando emprendió el camino de regreso a su hotel. Llegar le llevaría mucho más tiempo del que esperaba.

Pavel tomó la dirección equivocada en un cruce de caminos y, en lugar de tomar la senda correcta, comenzó sin darse cuenta a subir montaña arriba. Su vestimenta no era la adecuada para el frío y la nieve. Ni siquiera calzaba botas, sino zapatos, pero por alguna razón siguió adelante y adelante. No se detuvo hasta divisar un edificio. No era el lugar donde debía alojarse, sino un bar llamado Igloo, situado a unos 2.400 metros de altura. Eran alrededor de las 3 de la madrugada y el local ya estaba cerrado, pero el joven se las arregló para entrar.

Ebrio y agotado, tomó la decisión de pasar la noche allí mismo. Bebió algunas botellas de agua que pudo encontrar y se tumbó en un banco, acomodado con algunos cojines. No despertó hasta la mañana siguiente, cuando el personal del bar se presentó allí. Es fácil suponer que al despertar tuvo una de las peores resacas de su vida, probablemente sin saber siquiera cómo había llegado hasta aquel lugar.

Lo peor es que las autoridades ya habían puesto en marcha un dispositivo de búsqueda. Alguien advirtió la ausencia de Pavel y policía y bomberos habían movilizado recursos, temiendo que se hubiese perdido en la nieve. El imprudente turista deberá pagar una multa, pero no será denunciado. Ni siquiera por el dueño del bar donde se cobijó, que ha preferido tomarse el asunto con buen humor. Claro que, habiéndose perdido en los Alpes, una denuncia no fue el mayor de los peligros a los que se expuso.