El mejor cantante de Elvis Presley, Greg Miller, en un momento de la entrevista, - FOTO: JAIME GARCÍA/VÍDEO: RODRIGO MUÑOZ BELTRÁN

Greg Miller, el mejor imitador de Presley: «Elvis me dio claves para cantar y encontrar novia»

El mejor imitador del «rey del rock» interpreta mañana sus éxitos en el Casino Gran Madrid

MADRIDActualizado:

Greg Miller (San Diego, 1958) tenía 17 años cuando recibió una llamada del «rey del rock». Este joven californiano se había pasado la noche frente a la taquilla del estadio donde Elvis Presley iba a tocar para disfrutar del «show» desde la primera fila. Su tupé, que todavía conserva recio y frondoso, y las vestimentas que Miller llevaba a imagen y semejanza de su ídolo, llamaron la atención del artista. «Me vio y se quedó sorprendido de lo parecidos que éramos y contactó con unos amigos míos porque quería conocerme. Fue una gran sorpresa para mí», relata a ABC el que es considerado por la crítica como su mejor imitador, que acude a la cita ataviado con un apretado mono blanco con pantalón campana, decorado con flecos y tachuelas.

El también actor en «Leaving Las Vegas», junto a Nicolas Cage, acumula más de 10.000 conciertos en homenaje a su cantante predilecto. Antes de comenzar una gira con 20 conciertos por Australia, Miller recalará mañana en el Casino Gran Madrid para inaugurar una serie de tributos a los artistas más emblemáticos de la historia como Queen o Michael Jackson. En el espectáculo «Rocking cocktails by Elvis» maridará la interpretación de los temas más famosos del artista, como «Suspicious minds», «Love me tender» o «Now or never» con algunos de sus combinados favoritos.

«Me trataba como a un hijo; su sueño era hacer una gira mundial y yo lo estoy cumpliendo en su honor»

Durante los dos años que pasaron desde aquella noche hasta la repentina muerte del «king», el 16 de agosto de 1977, la amistad entre ambos se afianzó, hasta el punto de que se trataban como padre e hijo. «Él estaba casi siempre de gira, y yo en San Diego, pero me llamaba casi a diario. Me mandaba regalos de cumpleaños, además de fotos y discos, todo firmado por él», recuerda Miller, en un español aderezado con términos en inglés y un marcado acento norteamericano. «Me preguntaba por cómo me iba en la escuela y yo le contaba sobre mi intención de conseguir trabajo, de comprar mi primer coche... También me dio unas “tips” (claves) para cantar y para encontrar novia... Cosas normales para un chico de 17 años», comenta el cantante, entre risas.

Muerte prematura

Un problema con el pasaporte de su representante impidió que Elvis pudiese realizar la gira internacional. «Su manager no era ciudadano estadounidense y estaba de forma ilegal en el país. Si salía, no podía volver. No tenía papeles para viajar. Y Elvis no quería perderlo, por lo que renunció a salir del país», explica Miller, que asegura que en los últimos años de su vida, Presley le comentó que quería organizar su primera «tournée» mundial, una ilusión que su repentina muerte, a los 42 años, le impidió materializar.

Fue entonces cuando Miller tomó el relevo y comenzó a llenar teatros con sus logradas imitaciones. «Estoy cumpliendo su sueño en su honor, lo estoy viviendo por él», afirma, orgulloso. Un collar de turquesa y plata, que Elvis lució durante una gira en 1976, es una de las joyas más preciadas que custodia Miller. «Me lo envió por correo por mi cumpleaños. Está gravada su firma por detrás. Es el regalo más especial», cuenta el cantante, que también tiene un repertorio de quince trajes de los años 50 confeccionados por el sastre del propio «rey del rock».

Que Miller mañana pase por Madrid no es casualidad. Hace seis caños que pisó por primera vez España. Aquí conoció a una madrileña, residente en Alameda de Osuna (Barajas). Ella educó su acento español, que aun tenía dejes mexicanos, por su inicios en unos grandes almacenes en San Diego, donde trabajó con compañeros hispanos. Y ella también fue quien logró llevar al altar al doble de Elvis. No se casaron en Las Vegas ni tampoco fue vestido como su ídolo. Lo hizo en Alcalá de Henares y, por una vez, se puso «un traje normal».