Restaurante

El Oso, embajada de Asturias

En este establecimiento de Madrid se puede disfrutar auténtica cocina tradicional norteña con productos de primera calidad

El interior del restaurante asturiano El Oso
El interior del restaurante asturiano El Oso - FACEBOOK

Durante más de veinte años, María Lorenzo y Pepe Villanueva han hecho de su establecimiento, a un paso de La Moraleja, una referencia a la hora de hablar de cocina asturiana con guisos como la fabada y el pote, anchoas de la máxima calidad o con un pixín (rape) de barriga negra sin parangón en la capital. Platos bien tradicionales, ejecutados de manera impecable, con productos de primera calidad, sin renunciar nunca a sus orígenes asturianos. Una cocina que algunos han intentado reproducir, con más éxito de público que culinario. En estas dos décadas el polígono de Sanchinarro ha pasado de ser un proyecto sobre planos a una tremenda y abigarrada realidad que casi engulle la pequeña y tranquila parcela que ocupa el restaurante. Allí, en la vía de servicio de la carretera de Burgos, con su propio aparcamiento y una terraza ideal para estas noches de verano, El Oso sigue siendo una dirección imprescindible en Madrid para quienes buscan la mejor cocina del Principado.

En estas dos décadas largas de vida, mientras se sucedían aperturas y cierres de otros establecimientos, esta casa ha mantenido una asombrosa regularidad lo que le ha permitido fidelizar a una numerosa clientela. Incluso hace cuatro años se animaron a abrir un segundo restaurante en el barrio de Salamanca, Esbardos, en Maldonado casi esquina con Serrano, donde ofrecen una carta muy similar y con la misma línea de calidad que en el primero.

La carta no es sólo asturiana, aunque los platos tradicionales de la tierra se conviertan en los grandes protagonistas, empezando por una fabada impecable (20 €) en la que utilizan fabas de cosecha propia y compango casero. Muy buena también la carne gobernada (16), otro guiso popular asturiano que no es fácil encontrar en Madrid. El producto también es importante: jamón ibérico gran reserva de Joselito (24), lomo de la misma casa de Guijuelo (22), un buen surtido de quesos asturianos (20), cecina de buey de El Capricho (18), de calidad pero muy mal cortada, bogavante del Cantábrico en vinagreta (29), o espárragos de La Catedral. Desde sus comienzos han tenido fama las anchoas de la casa (20), que ellos mismos limpian y filetean. Sin embargo en nuestra última visita no estaban al nivel habitual, con menos tersura y más saladas. Buena entrada también la ensaladilla rusa (10).

En los platos fuertes, la gran especialidad es el pixín (rape) de barriga negra (39, para dos personas), que llega directamente de la rula de Avilés y se prepara abierto y al horno. Excepcional. Este mismo pixín puede tomarse en los tradicionales fritos (20), bien jugosos, o por encargo en una caldereta (39). Ahora en temporada no hay que perderse tampoco la ventresca de bonito, que tratan muy bien en la cocina. Como alternativa, buena chuleta de carne roja (49, para dos personas) que llega de la parrilla en su punto exacto. Las albóndigas de rabo de toro (12) son otro clásico de la casa que no decepciona. Postres caseros bastante contundentes. Imprescindible el cremoso arroz con leche. En cuanto a la bodega, resulta bastante tradicional, aunque se encuentran referencias interesantes.

Lo mejor: La calidad del producto.

Precio medio: 60 €.

Calificación: 7,5.

Tel. 91 766 60 60. Cerrado domingos noche. Aparcamiento propio. Terraza.

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