Filtrando microplásticos con una red manta
Filtrando microplásticos con una red manta - ARACELI ACOSTA

El Mediterráneo también tiene su sopa de plásticos

ABC Natural se embarca en el velero Toftevaag, que este verano ha estado «pescando» basura en aguas de Baleares

Actualizado:

Desembarcamos en la isla del Aire, un islote frente a la costa sureste de Menorca. A simple vista parece un trozo de tierra sólo habitado por la sargantana negra, una especie de lagartija única en el mundo, y donde nidifican aves como la pardela balear o el paíño europeo. Únicamente un faro y una pequeña caseta que sirve de refugio a pescadores dan cuenta de la presencia del hombre en este lugar. Sin embargo, este islote de 34 hectáreas de superficie esconde las vergüenzas de la sociedad de consumo.

Bajo los rizomas de las algas Posidonia, que, una vez muertas, las corrientes y las mareas arrastran hasta tierra, se oculta un arsenal de desechos que revela que los plásticos van en aumento en nuestros mares. En solo un metro cuadrado de esa tierra quien escribe recoge residuos de envases de plástico; restos de bolsas del mismo material; aplicadores de tampones; bastoncillos de oído; latas aplastadas y sus arandelas, y más de 50 tapones plásticos. Todo ello rodeado de una especie de alfombra de «confeti» de colores, que no son otra cosa que los pequeños fragmentos en los que se van convirtiendo muchos de los plásticos que terminan en el mar.

Una nueva app

¿Y dónde están las botellas que se corresponden con esos tapones? No vemos ni una sola a la redonda. «Seguramente llenas de agua y hundidas en el fondo del mar», nos responde Pilar Zorzo, coordinadora de proyectos de Kai Marine Services, organización que junto con la asociación Vertidos Cero ha desarrollado una aplicación para móviles y tabletas para caracterizar las basuras marinas que nos encontramos en mares y playas. Los datos que recoge la app Marnoba -que son aportados por bañistas, buceadores, pescadores o navegantes- quedan clasificados y registrados en una base de datos del Ministerio de Medio Ambiente.

Estos datos servirán a las administraciones y también a Ecoembes -entidad que gestiona la recogida y reciclaje de envases de plástico- para «conocer no sólo la tipología de los residuos que aparecen en el medio marino, también su origen y vías preferentes de transporte, que nos ayudará a enfocar nuestras acciones», explica Elena López Rey, portavoz de Ecoembes. Desde esta organización y en colaboración con la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), han puesto en marcha en las últimas semanas la campaña «1 metro cuadrado por las playas y los mares» para recoger basura en 70 puntos costeros de 23 provincias y dar visibilidad a un problema global que amenaza la biodiversidad marina, desde peces, tortugas y delfines a cachalotes y aves marinas.

Durante nuestra travesía desde el Puerto de Mahón hasta la isla del Aire en el velero Toftevaag, de la asociación Alnitak, se hace filtrado de microplásticos con una red manta y recogemos desde una lancha en sólo unos minutos bastantes bolsas de plástico, algunas de envases de patatas fritas (de una marca española) pero también plásticos de envases de leche de Marruecos. «La corriente del norte de África genera unos meandros que hace que se formen unas mini islas de plástico», explica Ricardo Sagarminaga, biólogo y fundador de Alnitak, que acaba de finalizar una expedición de seguimiento de ballenas, delfines y tortugas en aguas de Baleares en los meses de julio y agosto.

Durante este tiempo han recogido y muestreado el plástico flotante que han encontrado a su paso: «Sin contar los residuos más grandes que hemos sacado, como macetones de palmera o tumbonas, hemos contabilizado cerca de 250 kilos de plástico. Y esto es sólo lo que nos pasó por la proa, ocasional. Si nos ponemos a pescar basura sacamos 1.000 kilos al mes», dice rotundo Juan, quien ha capitaneado el velero durante el verano.

Y es que «toda esta cuenca, entre Baleares y Argelia, está llena de plásticos, aunque no los veamos, porque las islas de plástico no están sólo en la superficie, el plástico está en toda la columna de agua, puede bajar 50 metros, 100 metros... Hay plásticos en todo el planeta: desde el Everest hasta la Fosa de las Marianas, y el Mediterráneo no escapa a esta realidad», apunta Ricardo Sagarminaga. «Si tenemos suerte con las corrientes no llegan a las playas, pero puede darse la casuística de que sí lleguen, de la misma manera que lo hacen las medusas a veces», añade.

Más plásticos en el mar

Sagarminaga, experimentado navegante que lleva casi tres décadas surcando el Mediterráneo a bordo del Toftevaag, ha visto cómo ha ido aumentando la concentración de plástico en el mar: «Cuando empezamos en el 90 teníamos una concentración de un residuo plástico visible desde cubierta cada 120 metros. Ahora, cada 20 metros tenemos un residuo visible, pero en algunas zonas puede ser más».

Las aves confunden plásticos con alimento

No es de extrañar, por tanto, que el año pasado un estudio realizado por investigadores del Instituto Español de Oceanografía encontrara que 1 de cada 6 peces en aguas del Atlántico y Mediterráneo tiene microplásticos en su estómago. Además de los peces, un indicador clave del estado de conservación de los mares y océanos son las aves marinas, por estar en la parte alta de la cadena trófica. Pep Arcos, especialista en aves marinas de SEO/BirdLife, recuerda que un estudio publicado en 2015 en la revista PNAS apuntó que el 90% de las aves marinas tenían plásticos en el estómago.

Y es que algunas aves ingieren los materiales plásticos al confundirlos con su alimento. Por ejemplo, la pardela balear -el ave marina más amenazada de Europa- se guía por el olfato para buscar su alimento, atraída por el dimetilsulfato que desprende el plancton. «El problema es que este mismo compuesto también lo emiten los plásticos», concluye Arcos.