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Lotería del Niño«Mi mujer me abandonó hace 5 años y hoy no ha dejado de llamar»

Joni Jiménez jugaba un décimo del número ganador del primer premio de la Lotería del Niño

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Un torrente de emociones desbordó a decenas de afortunados de Deusto y Arangoiti por el sorteo de 'El Niño'. Esta es la historia recogida por El Correo de uno de ellos, Joni Jiménez.

Después de años de palos, la vida por fin le ha devuelto una sonrisa a Joni. Lleva más de una década sin trabajo fijo haciendo kilómetros con su vieja furgoneta de 22 años para ganar unos euros con los que sacar adelante a sus hijas, algo que ha hecho «en solitario desde hace cinco años», cuando su mujer se marchó de casa. «Hoy, después de no querer saber nada de nosotros durante mucho tiempo, no para de llamarme», relató con una media sonrisa en el rostro.

Joni no acababa de creerse que por fin su suerte hubiese cambiado. «Llevo toda la vida luchando por mis niñas. Necesitábamos esto porque de verdad no teníamos nada», confesó. Regalarle un perfume a una de sus hijas estas navidades le había costado un esfuerzo tremendo, lo mismo que reunir los 20 euros con los que compró el décimo en el bar Ziortza, de su amigo ‘Tommy’, a donde acude todos los días.

Jon Jiménes lleva años tratando de sacar adelante él solo a sus hijas, Lucía y Yasmina, desde que su mujer les «abandonó». Ayer no podía contener la emoción
Jon Jiménes lleva años tratando de sacar adelante él solo a sus hijas, Lucía y Yasmina, desde que su mujer les «abandonó». Ayer no podía contener la emoción-TERRY BASTERRA

A primera hora de la tarde no sabía qué iba a hacer con el inesperado premio de lotería. Sus hijas menores Lucía y Yasmina -de 13 y 14 años, respectivamente- lo tenían bastante más claro. «Quiero un viaje a Roma, unas extensiones y un iPhone», dijo la pequeña. Jiménez estaba viendo el sorteo en casa cuando se enteró. «Al principio pensaba que solo tenía los últimos tres números, pero cuando vi que eran los cinco perdí el décimo de lo nervioso que me puse. No sabía dónde lo había metido. Al de un rato, cuando me tranquilicé, apareció», apuntó. Para sus hijas también fue un shock tremendo. «Me despertó mi hermana tirándome de los pelos», recordó Lucía.

Esta familia de etnia gitana vive en Arangoiti desde hace 8 años y subsiste gracias al dinero que consigue su padre con trabajos puntuales con una furgoneta que ahora jubilará y a las ayudas sociales. Desde ayer afrontan la vida con más alegría y con «seguridad», algo que el padre no ha podido hacer desde hace más de una década por circunstancias de la vida.

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