El presidente Donald Trump, esta mañana en Davos
El presidente Donald Trump, esta mañana en Davos - AFP

Trump afirma que es falso que ordenara despedir al fiscal especial de la trama rusa

Según «The New York Times», fue el abogado de la Casa Blanca, Donald McGahn, quien le disuadió amenazándole con dimitir

CORRESPONSAL EN NUEVA YORKActualizado:

La investigación sobre el supuesto complot entre la campaña de Donald Trump y Rusia es un nubarrón negro de dudas sobre la Casa Blanca con pronóstico de no moverse durante un buen tiempo. Nada mejoraría más el humor del presidente de EE.UU. que el caso se dé por terminado y salve el riesgo de un ‘impeachment’ o procesamiento en el Congreso y que nadie pueda poner mácula a su histórica victoria electoral. Desde el verano, su equipo de abogados insiste en que apuestan por la colaboración y la transparencia con el investigador especial del caso, Robert Mueller. Pero antes de eso, Trump quiso acabar con el problema de un plumazo, según han revelado varios medios estadounidenses.

El pasado mes de junio, el presidente de EE.UU. ordenó el despido de Mueller, a pesar de las muchas recomendaciones internas de que no lo hiciera, ante el riesgo de una tormenta política y legal sin precedentes. El director de la Oficina Legal de la Casa Blanca, Donald McGahn, abogado de Trump durante la campaña y colaborador cercano del presidente, se negó a hacerlo y dijo que dejaría el cargo antes de trasladar la orden al Departamento de Justicia. La amenaza de McGahn forzó a Trump a cambiar de opinión y dejó a Mueller en su puesto, según una exclusiva publicada por ‘The New York Times’ y después corroborada por otras fuentes a ‘The Washington Post’ e incluso a medios favorables al presidente, como la cadena Fox. Uno de sus presentadores favoritos, Sean Hannity, reconoció que sus fuentes confirmaban la información del diario neoyorquino.

«Noticias falsas»

La reacción de Trump desde Davos fue muy diferente: «Noticias falsas, amigos, noticias falsas. La típica información falsa de ‘The New York Times», respondió a preguntas de los reporteros.

El episodio ocurrió en un momento crítico para Trump en la Casa Blanca, con una creciente frustración sobre el goteo continuo de noticias sobre la investigación de la trama rusa, y demuestra la volatilidad de su gestión. Trump estaba furioso por el nombramiento de Mueller, un fiscal de prestigio reconocido en todo el espectro político, que había sido director del FBI, pero que molestaba al presidente porque, además de examinar el supuesto complot con Rusia, había decidido incluir en un investigación una posible obstrucción a la justicia por parte del multimillonario neoyorquino. En una conversación con el entonces director del FBI, James Comey, Trump le exigió lealtad y le animó a que archivara una investigación sobre su anterior asesor de seguridad nacional, Michael Flynn, involucrado en conversaciones con agentes rusos. Comey no hizo caso a las recomendaciones y fue despedido, pero reveló esas conversaciones con Trump.

La frustración del presidente se originó por la recusación de su fiscal general, Jeff Sessions, en el caso de la trama rusa, lo que acabó forzando el nombramiento de Mueller por parte de su segundo en el Departamento de Justicia. Trump debía temer que Mueller no sería benigno para él y trató de forzar su renuncia con acusaciones de conflicto de interés de poca entidad (entre otras cosas, aseguraba que Mueller tuvo una disputa sobre el pago de su membresía en un club de golf de Trump en 2011).

El enfado de Trump también tenía que ver con la posibilidad de que Mueller investigara sus finanzas personales, lo que para el presidente sería «cruzar una línea roja», según aseguró en una entrevista con ‘The New York Times’ en julio.

Contra la opinión de todos -entre otros, sus entonces estratega jefe, Steve Bannon, y jefe de Gabinete, Reince Priebus- decidió cortar por lo sano y despedir a Mueller, aunque después abortó por la amenaza de la Oficina Legal.

Mueller se ha enterado del episodio en los últimos meses, durante los interrogatorios que ha mantenido con varios miembros de la Casa Blanca para sus investigaciones, y podría formar parte de las pruebas sobre si Trump trató o no de obstruir el curso de la justicia.

Las revelaciones también han servido para recuperar llamamientos en el Congreso para proteger a Mueller u otros investigadores especiales de despidos intempestivos por parte del presidente. Hasta ahora se habían tratado de aprobar dos leyes, con apoyo de legisladores de ambos partidos, todavía sin éxito.