Internacional

Putin y Erdogan, del odio al amor en un año

Las relaciones bilaterales avanzan hacia la normalidad un año después del trauma que supuso el derribo par cazas turcos de un avión ruso

Putin y Erdogan, un encuentro en San Patersburgo en agosto
Putin y Erdogan, un encuentro en San Patersburgo en agosto - Reuters

Los trabajadores del Consulado de los Países Bajos en Estambul pueden despreocuparse por las lluvias de huevos. La ira de los ciudadanos turcos por las políticas de Rusia suelen acabar aquí por su cercanía con la delegación de Moscú y la similitud de sus banderas.

Hace un año, un grupo de nacionalistas turcos, tan exaltados como confundidos, incluso llegaron a tirar huevos contra el edificio. Poco después, el derribo de un avión de combate ruso S-24 por parte de dos cazas turcos F-16 en la frontera con Siria tensó al máximo las relaciones entre los dos países. Los análisis más apocalípticos incluso lo definieron como un posible detonante de guerra entre Rusia y los países de la OTAN.

Doce meses después la situación ha cambiado drásticamente. Los presidentes Recep Tayyip Erdogan y Vladimir Putin han reiniciado los contactos, dejado atrás las mutuas acusaciones verbales y mantenido varias reuniones bilaterales para apuntalar la relación. Los medios de comunicación progubernamentales de ambas partes han dejado de atacar al otro país a través de noticias incendiarias y sesgadas (o directamente falsas). La buena relación se extiende también al ámbito energético tras la firma del acuerdo para la construcción de un importante gasoducto submarino. Los dos países están incluso considerando establecer también vínculos militares. Según lo anunciado recientemente por el ministro de Defensa turco, Fikri Isik, Ankara mantiene conversaciones con Moscú para la compra de sistemas de defensa de misiles aéreos S-400.

Hostilidad hacia Occidente

El acercamiento se produce al mismo tiempo que Turquía aumenta la hostilidad de su discurso contra la Unión Europea y los Estados Unidos. «Occidente está del lado de Daesh», ha llegado a decir Erdogan durante una visita oficial a Pakistán. Este nuevo equilibrio de apoyos ha llevado a muchos a preguntarse si Turquía puede cambiar de aliados estratégicos.

«No creo que sea posible. No es una opción que Turquía salga de la OTAN», explica a ABC Enes Bayrakli, experto en política exterior turca en el centro de estudios SETA. «Esto tendría un efecto devastador para la seguridad en Europa y también en Turquía. Incluso aunque se tenga buena cooperación con Rusia… Si se echa un vistazo a la historia, Rusia siempre ha tenido muchos intereses en Turquía», añade.

Aunque el acercamiento comenzó antes, el golpe de Estado en Turquía aceleró el proceso de reconciliación tras las disculpas de Erdogan por el derribo del cazabombardero ruso. No obstante, los cambios tan bruscos en la relación entre Ankara y Moscú hacen pensar a otros analistas consultados por este periódico que todavía quedan recelos, sobre todo en el Kremlin. Muchas de las duras sanciones económicas que Putin impuso contra Turquía durante la crisis diplomática tras el incidente del avión de combate, que supuso la muerte de dos militares rusos, todavía no se han eliminado.

«Por supuesto que Turquía, bajo el poder de Erdogan, está dando la impresión de que tiene más lazos con Rusia, lo que abre la puerta a una perspectiva Eurasiática como alternativa a la Unión Europea», apunta el columnista Semih Idiz. «Pero esto es más fácil decirlo que hacerlo, sobre todo en lo que se refiere a la OTAN».

La realidad es que Turquía y Rusia mantienen abiertas numerosas disputas. Idiz hace un repaso de algunas de ellas: «Está el asunto de los Tártaros de Crimea y la situación en el Cáucaso de Chechenia y Daguestán, y todo eso sin ni siquiera mencionar la relación estratégica de Moscú con Armenia y la de Ankara con Azerbaiyán».

Escudo del Éufrates

Y por último, Siria. La guerra en el país árabe es un tablero donde se reflejan todas las contradicciones y debilidades de las alianzas internacionales. A finales de agosto Turquía inició la operación «Escudo del Éufrates», una incursión desde su territorio en apoyo a diversas milicias del Ejército Libre de Siria. Esta acción hubiera sido imposible sin el beneplácito de Rusia, cuyos aviones de combate sobrevuelan la zona. Por esta misma razón los cazabombarderos turcos no pueden para dar cobertura aérea a las tropas que avanzan hacia Al Bab, un enclave estratégico para atacar Alepo. Moscú no lo permite.

Los dos países continúan apoyando a bandos completamente opuestos sobre el terreno. «En algunas partes de Siria, Rusia todavía está cometiendo crímenes horribles, y eso es inaceptable para Turquía», apunta Enes Bayrakli al ser preguntado hasta dónde llega la cooperación entre Moscú y Ankara en Siria.

En el alcance de la colaboración entre los dos países eurasiáticos tendrá un papel fundamental el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y su política en Oriente Próximo. Los vínculos del millonario norteamericano con Putin preocupan en Europa, aunque no tanto en Turquía. «Por un lado existe preocupación por la islamofobia mostrada por Trump —asegura Bayrakli—. Pero por otra parte la política de Obama ha sido un desastre para Turquía y con Clinton se esperaba que se continuara en esa línea. Ankara con Trump está a la expectativa. Si consigue llegar a acuerdos con Rusia en Ucrania y en otras partes, eso puede ser algo bueno, y Turquía lo ve con buenos ojos, claro».

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