Soldados rusos patrullan en 2016 por la antigua Palmira, en Siria
Soldados rusos patrullan en 2016 por la antigua Palmira, en Siria - Afp

Putin consigue apuntalar a Assad tras dos años de intervención en Siria

Según Moscú, los rusos han ayudado al Ejército local a recuperar el 85% del territorio

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Cuando anunció, el 30 de septiembre de 2015, el comienzo de la intervención militar rusa en Siria, el jefe del Kremlin, Vladimir Putin, no ocultó que el objetivo de la operación era prestar apoyo y «estabilizar» al régimen «legítimo» de Bashar al Assad, que se encontraba contra las cuerdas acosado por los grupos armados de la oposición y los terroristas del Daesh y el Frente al Nusra. Dos años después, se puede decir que el propósito de Putin se ha hecho en gran parte realidad.

Según el Ministerio de Defensa ruso, gracias a la ayuda de la aviación de Moscú, el Ejército sirio ha recuperado el 85% del territorio del país y ciudades como Alepo, Palmira y Deir Ezzor. Putin dijo el jueves en Ankara, tras reunirse con su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, que «se han logrado crear las condiciones para poner fin a la guerra fratricida en Siria».

La semana pasada, el ministro de Asuntos Exteriores sirio, Walid al Mualem, aseguró en su intervención ante la Asamblea General de la ONU que, tras los avances de estos dos últimos años, «la victoria se ve ahora como algo posible». Por su parte, el ex secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, afirmó a mediados de septiembre en Kiev que «Rusia es dueña de la situación en Siria».

Demostración de poderío

La irrupción de Rusia en Siria, según comentaban entonces los analistas, fue un golpe de timón del Kremlin ante el deterioro de su imagen por la anexión de Crimea y la guerra en el este de Ucrania. Pretendía, sobre todo, una mayor presencia de Rusia en la escena internacional. Los Estados Unidos habían llegado a Siria 14 meses antes, aunque sin demostrar demasiada contundencia. También hubo quien vaticinó que los rusos se empantanarían en Siria en un avispero similar al que sufrieron en Afganistán.

Pero en Moscú consideran «positivo» el balance de estos dos años: 30.000 incursiones aéreas, más de 90.000 objetivos destruidos, nueve bombardeos efectuados desde navíos en el Mediterráneo y el Caspio, en los que se dispararon 70 misiles de crucero, y la devastación de las infraestructuras energéticas en las zonas controladas por el Daesh a fin de cercenar su base financiera.

Assad y Putin se saludan en el Kremlin en un encuentro en octubre de 2015
Assad y Putin se saludan en el Kremlin en un encuentro en octubre de 2015- Reuters

En clave negativa está la muerte de cerca de 12.000 civiles como consecuencia de los bombardeos aéreos rusos, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. En las filas rusas, las cifras oficiales hablan de 38 militares muertos, aunque fuentes independientes consultadas por la agencia Reuters las elevan al doble.

También está pesando el coste de todo el operativo en una situación económica adversa para Rusia debido a las sanciones a las que hace frente. La editora británica IHS Jane’s calcula que Rusia ha venido gastando en Siria cada día entre 2 y 3,5 millones de euros. En marzo del año pasado, Putin declaró que, hasta ese momento, habían dedicado 33.000 millones de rublos (más de 500 millones de euros según el cambio de entonces) al dispositivo militar en el país árabe. A día de hoy, según el diario económico ruso RBK, la operación habría costado unos 140.000 millones de rublos (2.050 millones de euros).

Por delante queda todavía una difícil transición política, que el Kremlin está intentando propiciar en las conversaciones de Astaná, la capital de Kazajstán. Moscú tendrá que bregar con el Ejército Libre sirio y la coalición formada por kurdos y árabes, que controlan amplias zonas en el norte del país, para hacer posible un acuerdo aceptable para Damasco, en donde no quieren oír hablar de una partición de Siria. En esta cuestión, Moscú tendrá también que limar asperezas con Washington en un momento en el que sus relaciones están peor que nunca en décadas.