Internacional

Primer aniversario de la intervención de Rusia en Siria

Un año en Siria probando armas, apuntalando a Assad y con 10.000 muertos

Avión de combate ruso enviado a Siria
Avión de combate ruso enviado a Siria - REUTERS
RAFAEL M. MAÑUECO Corresponsal En Moscú - Actualizado: Guardado en:

Hoy se cumple un año del comienzo de los bombardeos de la aviación rusa en Siria, el primer gran conflicto en el que participa Moscú después de la guerra de Afganistán (1979-1989). Un año que ha hecho mejorar la situación para el régimen de Bashar al Assad, ha posibilitado un significativo retroceso del Estado Islámico y le está sirviendo a Rusia para probar nuevas armas y reafirmar su estatus de gran potencia.

Pero en esos doce meses han aumentado también los sufrimientos de la población civil y los muertos. El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos cifra el número de víctimas mortales causadas por las bombas rusas en 9.364, de las que unas 3.804 eran civiles, entre ellas 906 menores y 561 mujeres. El cálculo incluye 2.746 combatientes de Daesh aniquilados y otros 2.814 pertenecientes a otros grupos armados rebeldes.

La misma ONG denuncia la utilización de la aviación rusa de bombas incendiarias, de racimo, de vacío y de perforación de subterráneos y construcciones blindadas. Se trata de municiones muy perfeccionadas de última generación y de gran poder destructivo.

La organización sostiene haber hallado en ciertos tipos de proyectiles una sustancia llamada «termita», elaborada a base de polvo de aluminio y oxido de hierro que, al igual que el fósforo, arde varios minutos y carboniza literalmente a quien le caiga encima. Por su parte, Human Rights Watch (HRW) sospecha que la aviación rusa ha podido utilizar armas químicas en Siria o proporcionárselas al Ejército de Assad.

Armamento ultramoderno

Sin embargo, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, aseguró hoy a la BBC que su país «no está empleando en Siria ninguna munición prohibida por Naciones Unidas». Según sus palabras, «hacemos todo lo posible para evitar víctimas civiles (...) pero si esto ocurre, lo lamentamos».

En cualquier caso, la mayoría de los expertos consideran inevitable que las guerras se utilicen como polígonos de prueba de nuevos armamentos. El especialista ruso en temas militares, Pável Felgenhauer, señala varias primicias utilizada por Rusia en Siria: los aviones Sujói-35, Sujói-24, un nuevo tipo de misil guiado por GPS y las bombas termobáricas, estas últimas capaces de arrasar superficies mayores que un artefacto convencional. Ígor Romanenko, asesor militar y antiguo «número dos» del Alto Estado Mayor del Ejército ruso, constata que «en Siria estamos utilizando armamento ultramoderno».

Además de emplear en Siria bombarderos estratégicos modernizados, Rusia ha ensayado los misiles de crucero «Kalibr», lanzados desde navíos en el mar Caspio, a una distancia de 1.500 kilómetros del objetivo. Son muy difíciles de interceptar y su equivalente en Estados Unidos son los «Tomahawk». Los «Kalibr» fueron también disparados desde el nuevo submarino «Rostov del Don», uno de los sumergibles más avanzados del mundo y difíciles de detectar. Moscú ha probado en Siria también los misiles S-400, una versión muy mejorada de los ya conocidos y temibles S-300.

Ahora, el poderoso portaaviones «Almirante Kuznetso», el buque insignia de la Armada rusa, se dispone a zarpar hacia las costas sirias. El ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, dijo recientemente que el portaaviones «incrementará la potencia de combate de la flota». Actualmente, en la zona hay una decena de barcos de la Armada rusa.

El jueves, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, anunció que Rusia proseguirá a toda máquina «su operación de apoyo aéreo en Siria en la lucha de las tropas de Assad contra los terroristas». Ayer, por su lado, el diario «Izvestia» informaba de un nuevo refuerzo del dispositivo militar ruso en el país árabe. Según el rotativo, han llegado ya a la base de Jmeimim aviones Sujói-34 y 24. «Se han designado además aparatos de ataque a tierra Su-25 que ya han sido elegidos en sus unidades para ser enviados a Siria».

Reducir el gasto militar

El presidente ruso, Vladímir Putin, ordenó en marzo pasado una retirada parcial de las aeronaves desplegadas en Jmeimim, pero advirtió que lo podría volver a reforzar en cualquier momento.

La intervención rusa en Siria está haciendo que las arcas del Estado se resientan. Si el precio del petróleo no despega, a partir del año que viene el Gobierno ruso va a tener serias dificultades para controlar el déficit y encontrar recursos para no dañar el sistema social del país. Ayer, durante uno de los desayunos que organiza el Sberbank, el ex ministro de Finanzas, Alexéi Kudrin aconsejó moderar el gasto militar. Los economistas de oposición rusos creen que los gastos de la guerra en Siria y la ayuda a los separatistas en el este de Ucrania, terminarán hundiendo la economía del país en un contexto desfavorable debido a las sanciones.

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