Internacional

Polonia exhuma los restos de la tragedia aerea de Smolensk

Las autoridades buscan aclarar el siniestro en el que murieron el presidente Lech Kaczynski y todo su gabinete

ROSALÍA SÁNCHEZ Corresponsal En Berlín - Actualizado: Guardado en:

El avión Tupolev T1-154, que se estrelló el 10 de abril de 2010 a dos kilómetros de la pista de aterrizaje del aeropuerto militar de Smolensk, en el oeste de Rusia, llevaba a bordo al presidente polaco, Lech Kaczynski, junto con casi todo su gabinete presidencial, los principales jefes del ejército y Ryszard Kaczorowski, el último presidente polaco antes de la Segunda Guerra Mundial. No hubo supervivientes. El objetivo del viaje era un homenaje a las víctimas de la masacre de Katyn, los asesinatos en masa de políticos, oficiales del ejército, policías, intelectuales y artistas polacos que llevó a cabo el NKVD, la policía secreta soviética, entre abril y mayo de 1940. Allí murieron cerca de 22.000 ciudadanos polacos por medio de un tiro en la nuca realizado con pistolas Walter PPk y munición de fabricación alemana. La tragedia del Tupolev dejaba descabezada a Polonia por segunda vez y en el mismo escenario, pasando a formar parte del martirologio civil polaco, pero el hermano gemelo del presidente fallecido, Jaroslaw Kaczynski, se negó a creer que fuese un accidente. Hoy comienza la exhumación de las víctimas, que empezará precisamente por los restos de su hermano, en busca de pruebas. «Mi hermano debe ser uno de los primeros en ser exhumado», ha justificado Kaczynski, convencido de que tras el siniestro hubo una conspiración rusa.

Las autoridades y las fuerzas de seguridad rusas que investigaron las causas del siniestro concluyeron que el comandante del avión rechazó la sugerencia de la torre de control, señalando que el mal tiempo aconsejaba un cambio de rumbo y un aterrizaje en Moscú o en Minsk. La aeronave se habría estrellado después del cuarto intento de aterrizaje, tras un descenso pronunciado y una aproximación en la que la nave se enganchó con las copas de los árboles, esa al menos fue la versión oficial. La comisión designada por el Gobierno de Polonia para investigar las causas del accidente, sin embargo, ha dictaminado que existen «serias deficiencias» en los informes rusos, incluida la sospechosa manipulación de parte de las grabaciones de la caja negra del aparato.

Los responsables de la comisión aseguran que las grabaciones de la caja negra se «manipularon y se acortaron», de forma que faltan algunos segundos de sonido con «datos cruciales». Además, Rusia no ha devuelto todavía a Varsovia ni los restos del avión presidencial polaco ni sus cajas negras, por lo que el Gobierno polaco, liderado por el partido nacionalista Ley y Justicia (PiS), ha decidido reabrir la investigación por su cuenta y la Fiscalía ha ordenado la exhumación de los restos de las víctimas.

Nuevas pruebas

El ministro polaco de Defensa, Antoni Macierewicz, ha confirmado la existencia de una prueba más que confirmaría las sospechas del PiS, partido que ha llegado al poder prometiendo en campaña esclarecer el asunto . Se trata de las grabaciones de una conversación que mantuvieron horas después del siniestro en Smolensk los entonces primeros ministros de Rusia, Vladimir Putin, y Polonia, Donald Tusk, que contradicen el contenido de los informes oficiales rusos. En el encuentro no se dijo nada del impacto del avión contra la copa de un árbol o de que el aparato se voltease, ha explicado el ministro, elementos que fueron recogidos posteriormente por el informe oficial polaco. Macierewicz exige que Tusk, actual presidente del Consejo Europeo, se siente en el banquillo de los acusados por su «actuación negligente».

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