Internacional

Nuevo secuestro de Abu Sayyaf en Filipinas

En los últimos tiempos la milicia islamista ha convertido la extorsión en su seña de identidad

La embarcación en la que se ha hallado el cadáver
La embarcación en la que se ha hallado el cadáver

El Ejército de Filipinas ha anunciado este lunes el hallazgo del cadáver de una mujer en una embarcación abandonada en la provincia de Sulu, tan solo un día después de que la milicia islamista de Abu Sayyaf hiciera público el secuestro de un ciudadano alemán, así como la ejecución de su compañera.

«El cadáver tenía heridas de bala y una pistola fue encontrada al lado del cuerpo», reconoció Filemon Tan, portavoz de la comandancia de Mindanao.

El domingo, la milicia radical Abu Sayyaf hacía público el rapto de un turista alemán, Juegen Kantner, de 70 años, en Tanjung Pisut. «Desafortunadamente, la otra persona murió, ella trató de dispararnos, así que la ejecutamos (la mujer asesinada fue identificada con el nombre de Sabrina)», destacó, sin embargo, Abu Ramie, portavoz del grupo radical.

La organización islamista Abu Sayyaf nació en 1991 como una escisión del Frente Moro de Liberación Nacional. Su fundador, Abdurajak Abubakar Janjalani, era un clérigo que luchó en Afganistán, donde (asegura) conoció a Osama Bin Laden y sintió la llamada a una yihad global.

Desde su nacimiento, hace ahora un cuarto de siglo, el grupo ha sufrido una notable vuelta de tuerca interna, con numerosas muertes en su liderazgo. Entre las principales obras de su legado de terror se encuentra el atentado con explosivos contra un ferry en la bahía de Manila en febrero de 2004, donde al menos 116 personas perdieron la vida.

Ya en julio de 2014, su líder, Isnilon Totoni Hapilon, juraba lealtad a la red del Estado Islámico.

Ahora, el grupo armado ha convertido la extorsión en su seña de identidad: A finales del pasado mes de abril, John Ridsdel, un turista canadiense raptado siete meses antes por los radicales junto con los tres rehenes actuales, era ejecutado tras expirar el plazo de sus captores, que exigían 20 millones de euros por su entrega.

Posteriormente, los terroristas emitirían un ultimátum sobre la suerte de tres de los rehenes capturados junto con Ridsdel -el canadiense Robert Hall, el noruego Kjartan Sekkingstad y la filipina Marites Flor. El primero de ellos sería decapitado tras expirar el chantaje islamista, mientras que Sekkingstad y Flor acabarían siendo liberados.

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