Internacional

El Nobel de la Paz, un balón de oxígeno para Santos y el proceso de paz en Colombia

El premio supone un aval al presidente colombiano en su momento más crítico y busca relanzar una solución bloqueada desde el plebiscito del pasado día 2 de octubre

Juan Manuel Santos, en un acto de la campaña electoral previa al plebiscito que perdió
Juan Manuel Santos, en un acto de la campaña electoral previa al plebiscito que perdió - AFP

La concesión del Premio Nobel de la Paz al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, supone un balón de oxígeno para un mandatario cuestionado en los últimos días y para el diálogo con la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en el que había empeñado todo su capital político. Asimismo, el galardón puede renovar el impulso de un proceso de paz en punto crítico después de que los colombianos lo rechazaran en referéndum el pasado 2 de octubre.

Santos quiere pasar a la historia como el líder que puso fin a un conflicto que ha desangrado colombia durante los últimos cincuenta años. Un objetivo que acarició con la punta de los dedos tras la firma de los acuerdos con el líder guerrillero, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, en una ceremonia solemne en Cartagena de Indias a la que asistieron algunas de las más destacadas figuras de la política internacional. Los acuerdos habían sido fruto de más de cinco años de arduas negociaciones en La Habana, bajo los auspicios de la Cuba castrista. Pero el inesperado resultado de la votación del plebiscito de aprobación lo habían puesto a él y a la paz contra las cuerdas.

La firme oposición de Álvaro Uribe y Andrés Pastrana, que lo precedieron en la Presidencia de Colombia, decantó la balanza de la opinión pública del lado del no a lo firmado. La concesión de una representación parlamentaria obligatoria para la guerrilla a cambio de que depusiera las armas y las medidas de la denominada justicia transicional, que los detractores del acuerdo consideran garantías de impunidad, fueron el sapo que muchos de los votantes de Colombia, especialmente, la urbana, no quisieron tragarse.

Aval para un proceso tocado

Aunque tanto Santos como la cúpula de las FARC han reafirmado que el cese de la violencia no tiene vuelta atrás, lo cierto es que el escenario abierto tras el plebiscito era de lo más problemático para ambos. Para las FARC, el camino a su habilitación política quedaba bloqueado; para Santos, el gran objetivo de su mandato, malogrado, y su desconexión con gran parte del electorado, patente. Ya había rivales que afilaban la guadaña para un presidente tocado.

El Nobel por sí solo no resuelve la encrucijada, pero, desde luego, refuerza el prestigio de Santos en su momento más delicado, resta crédito a sus críticos y supone un aval de repercusiones globales a su empeño en lograr la paz. Intente lo que intente ahora, lo hará desde una posición mucho más fuerte que antes de recibir el premio.

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