Manuel Valls junto a Emmanuel Macron
Manuel Valls junto a Emmanuel Macron - REUTERS
PERFIL

Así es Manuel Valls, el posible candidato a la alcaldía de Barcelona del que Macron no se fía

«No me fío de Valls. Lo creo capaz de cualquier mala jugada», habría afirmado el presidente de Francia, según el semanario satírico «Le Canard Enchaînée»

MADRIDActualizado:

Corría abril de 1982, la izquierda francesa vivía sus años dorados y un joven «militante socialista», con pinta de adolescente, intervenía en un programa de la televisión para explicar el impacto del paro sobre la juventud. El jersey de rombos, la camisa y algunos lapsus, quizá fruto del nerviosismo, no permitían imaginar en él al futuro primer ministro. Manuel seguía siendo Manuel, y no Valls; seguía siendo, en definitiva, el hijo de un pintor catalán y una mujer suiza; el muchacho «reservado, autoritario y ambicioso» que «leía enormemente», según su hermana Giovanna; el admirador del socialista de centro Michel Rocard; y el estudiante de Historia al que nunca había tentado la revolución. Ahora, pasando de puntillas por la política francesa y barajando la idea de presentarse a la alcaldía de Barcelona con Ciudadanos, el político, según ha informado el semanario satírico «Le Canard Enchaînée», se enfrenta a un duro golpe: la desconfianza de Macron. «No me fío de Valls. Lo creo capaz de cualquier mala jugada», habría afirmado el inquilino del Elíseo.

Tras abandonar las filas del Partido Socialista, Valls se unió a las de «La República en Marcha», el partido de Macron, en junio del año pasado. «Deseo estar en la mayoría, es una forma de coherencia. Apoyé a Emmanuel Macron antes de la primera vuelta, me costó caro», afirmó el ex primer ministro entonces. «Me quiero sentar en el corazón de esa mayoría por coherencia, una parte de mi vida política termina, dejo el Partido Socialista o el Partido Socialista me deja», añadió. Lo cierto es que, desde su juventud, el ex primer ministro había sido crítico con la formación en la que militaba.

Un «reformista»

Inevitablemente ligado al conservadurismo, el pragmatismo y el gusto por mantener el orden, ostentar el cargo de ministro de Interior siempre ha identificado a su titular con esos rasgos. Manuel Valls lo alcanzó en mayo de 2012, cuando el por entonces nuevo presidente, François Hollande, lo designó para el puesto. El joven político ya venía curtido de once años al frente de la alcaldía de Evry, una ciudad de la periferia parisiense con fama de conflictiva. Su nueva ocupación le quedaba como un guante. Con un perfil muy poco izquierdista, Valls siempre ha reivindicado a figuras políticas de centro, con un carácter moderado y poco apegadas a los cambios bruscos. En su despacho, cuentan, cuelga un retrato de Georges Clemenceau, un gesto que equivale a una declaración de intenciones: el que fuera dos veces primer ministro de la Tercera República Francesa consideraba que «la emancipación de los desheredados» debía resultar «de su propio esfuerzo». Una tarea a la que los políticos debían contribuir creando un medio social adecuado, y «cada vez más favorable». Nada, en definitiva, de alborotos o revueltas sociales.

«La ideología ha conducido a desastres, pero la izquierda que defiendo guarda un ideal: la emancipación individual. Es pragmática, reformista y republicana», explicaba Valls en octubre de 2014. Avispado, el periodista que le entrevistaba captó el matiz, preguntándole si no debía ser también socialista. «Lo repito: pragmática, reformista y republicana», zanjó el sin embargo miembro del Partido Socialista. Sus declaraciones no resultaban sorprendentes, porque siempre había sido crítico con esa etiqueta política: en 2009, ya propuso cambiar el nombre de su formación, sustituyendo el término «partido» por el más abierto «movimiento», y desterrando para siempre el de «socialismo», un concepto que consideraba «desfasado» y propio «del siglo XIX», por otro que no especificó.

Ministro estricto

Valls no se aburrió en el cargo. Uno de los momentos más difíciles de su gestión llegó con el llamado «caso Diuedonné», así bautizado por el humorista Dieudonné M'bala M'bala, muy popular en Francia e inventor de un saludo, llamado la «quenelle», consistente en estirar el brazo derecho, recto, hacia abajo. Su parecido con el saludo nazi, unido a las bromas sobre el Holocausto hechas por el cómico y a su vinculación con el político negacionista Robert Faurisson, llevaron al ministro del Interior a emprender una batalla personal en su contra: «Hay que acabar con esta mecánica del odio. Dieudonné es antisemita y racista», afirmó en diciembre de 2013, cuando también expresó su deseo de prohibir sus espectáculos. Lo cierto es que en el pasado ya había mostrado sus sensibilidades por el tema. En 2011, en Estrasburgo, se declaró «ligado de forma eterna a la comunidad judía y a Israel».

Como ministro del Interior, Valls también tuvo que hacer frente a la cuestión romaní. Los romaníes, poblaciones gitanas procedentes de la Europa del Este, comenzaron a sufrir deportaciones a sus países de origen durante la Presidencia de Nicolas Sarkozy. En septiembre de 2010, François Hollande criticó la decisión del conservador, que por entonces consideraba «inmoral e ilegal». Su llegada al poder cambió su punto de vista, cuando defendió, en septiembre de 2013, que «solo una minoría» de ellos buscaba la integración. Hollande cerraba así filas con su ministro del Interior, que ya había afirmado que los romaníes tenían «intención de regresar a Bulgaria y Rumanía».

La lucha antiterrorista

Con un aura de socialista conservador y de hombre de orden, Valls accedió al cargo de primer ministro en marzo de 2014. Desde ese puesto tuvo que lidiar con el que ha sido el principal desafío de su mandato: el terrorismo islamista. En enero de 2015, el asesinato de los dibujantes de la revista satírica «Charlie Hebdo» y el asalto a un supermercado kosher de París iniciaron la oleada de violencia que ha sacudido Francia durante los dos últimos años. Los atentados contra la capital en noviembre de 2015 y contra Niza en julio de 2016 ahondaron la espiral de inseguridad. «Debemos comprender que las primeras víctimas son los musulmanes», afirmó al respecto en septiembre de este año. Poco antes también había señalado que Francia «estaba en guerra contra el terrorismo».

Valls, que gozó de la buena consideración de los ciudadanos franceses durante su etapa al frente del Ministerio del Interior, sufrió una grave una caída en popularidad provocada por su desgaste como primer mininistro y por su cercanía al presidente François Hollande.