El presidente de Argentina, Mauricio Macri, participa de un encuentro con periodistas
El presidente de Argentina, Mauricio Macri, participa de un encuentro con periodistas - EFE

Macri busca el acuerdo con los peronistas para salvar la enésima crisis del dólar

Tras pedir ayuda al FMI, el presidente argentino recibe el apoyo mundial para dejar atrás las políticas populistas

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Después de la tempestad del dólar, el Gobierno de Mauricio Macri confía en que pronto venga la calma (monetaria) de la mano de miles de millones del FMI. El presidente de Argentina sorprendió esta semana, tras una abrupta devaluación provocada por la disparada de la divisa estadounidense, al anunciar que había pedido un rescate financiero preventivo y el prestamista elegido era el organismo internacional que dirige Christine Legrand.

La noticia cayó como un balde de cubos de hielo sobre las cabezas más y menos informadas del país. El espaldarazo casi inmediato de potencias como Estados Unidos, con Donal Trump; China, con Xi Jinping, o Japón, con Shinzó Abe; además del apoyo expreso de Enrique Peña Nieto (México), Mariano Rajoy, Sebastián Piñera (Chile) o Michel Temer (Brasil) trataban de amortiguar el efecto demoledor que causó el anuncio (sinónimo de crisis) en la población. El mensaje pretendía transmitir que los argentinos no están ni les van a dejar solos ahora que se encuentran en proceso de pasar página definitiva a las políticas populistas.

La subida de la bolsa, de más de 12 puntos en dos días consecutivos y la aprobación de una ley de Mercado de Capitales que anulaba otra de Cristina Fernández que imponía representantes del Estado en las grandes empresas y bancos, que en su día eran accionistas de fondos de jubilación y pensiones que fueron nacionalizados, dieron un efímero respiro a un Presidente que no logra generar confianza en los inversores y ahora parecería haber perdido la de parte de sus electores.

El apoyo de media docena larga de gobernadores peronistas (el kirchnerismo es residual y de otro planeta), el silencio pacífico del sindicalismo y el visto bueno de empresarios y compañeros de Cambiemos, la coalición de Gobierno de liberales y socialdemócratas, también pareció influir algo para que las aguas turbulentas de la semana no se desbordaran. A este escenario hay que sumar que los bancos mantuvieron su liquidez y cualquier parecido o amenaza de un «corralito» estaba a años luz de la realidad. Pero la gente no se fía y el dólar cerro la semana más negra de la gestión de Macri, con un récord al superar los 24 pesos durante parte de la jornada. El Banco Central, sólo ese día, tuvo que desprenderse de más de 1.100 millones para frenar la escalada.

Cuando Mauricio Macri dio la cara en una intervención breve (menos de tres minutos) y sin mayores detalles para anunciar que el país volvía al FMI, recordó que tuvo el infortunio de tener que administrar los restos del naufragio de 12 años de kirchnerismo. A «variables» externas «que nosotros no manejamos» y a esa herencia maldita, con la que -quizá ahora se arrepienta- no se quiso ensañar sus primeros meses de Gobierno, atribuyó el escenario de estrechez actual pero Macri va camino de cumplir tres años de gestión insistiendo en un modelo y un equipo que le ha demostrado que, así, no funciona.

El «gradualismo» que defiende no le da los resultados soñados y el gasto público es disparatado. La llamada «corrida cambiaria» de los últimos días que provocó el desplome del peso, para la mayoría de analistas y empresarios lo que hizo fue sincerar el valor de la moneda. Cristiano Ratazzi, CEO de Fiat Argentina y uno de los diez ejecutivos que se reunió con el Presidente el viernes, va más lejos y considera que «el dólar debería estar a 26 pesos». El atraso cambiario forma parte de lo que el exministro de Economía de Cristina Fernández y exembajador en Washignton del actual Gobierno, Martín Lousteau llama «triángulo de las bermudas de la herencia económica». «En el vértice superior -ilustra- estaba el cepo al dólar (restricción de compra venta de la divisa), las tarifas de servicios públicos atrasadas y la inflación en curso. En otro vértice, el déficit fiscal y en el último, un país que no crecía». Lousteau advierte que la corrección de uno de estos extremos provoca y provocó, la profundización del problema de los otros por no hacerse de forma coordinada. Por eso, aprecia «una mala administración» de Gobierno y echa en falta un ministro de Economía sólido o un equipo compenetrado.

Tocar fondo

«Después de Estados Unidos el país que tiene físicamente más dólares es Argentina», recuerda Hernan de Goñi, director de El Cronista Comercial. El dato no es casual, un argentino de 55 años puede contar, sin temor a que le falle la memoria, media docena larga de crisis severas desde su nacimiento. La última, la del 2001 la tiene fresca en la memoria y al oír a su presidente recuperar las siglas de FMI que identifica con tocar fondo, la primera expresión que le salió de los labios fue un clásico: «Estamos otra vez en el horno».

Pese a los intereses de una minoría kirchnerista que disfruta con esta crisis lo cierto es que el pastel de la gobernabilidad no está quemado, más bien algo crudo pero a tiempo de encontrar el punto adecuado. Sin mayoría en el Congreso y el Senado, Mauricio Macri parecería estar dispuesto a recuperar «el arte del acuerdo» al que apeló en su discurso de investidura de diciembre del 2015. En plena turbulencia del dólar y con las negociaciones con el FMI en marcha, la decisión de sentar en la misma mesa a la mayoría de los gobernadores peronistas fue una demostración de que sabe que necesita el consenso. Otra muestra de que Argentina no está al borde del abismo sino con problemas, es que esos gobernadores fueron y no le dejaron solo. A veces, la historia no se repite y los peronistas, aunque incorregibles como les describió Borges, aprenden a esperar su turno para volver al poder.’