Un juez de la Corte Interamericana de DD.HH. compara al Gobierno de Macri con la dictadura militar

El ministro de Justicia de Argentina piden la renuncia o expulsión de ese Tribunal de la OEA del juez, Raúl Eugenio Zaffaroni

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La Corte Interamericana de Derechos Humanos tiene un problema. El ministro de Justicia de Argentina, Germán Garavano, diputados, senadores de los partidos que integran la coalición de Gobierno Cambiemos, y juristas de reconocido prestigio, piden la renuncia o expulsión de ese Tribunal de la OEA del juez y ex miembro de la Corte Suprema, Raúl Eugenio Zaffaroni. El detonante de esta demanda son las declaraciones públicas de Zaffaroni donde insta a la población a la «resistencia», compara al Gobierno argentino con la última dictadura militar y expresa su deseo de que el presidente, Mauricio Macri, salga antes de tiempo de la Casa Rosada.

Raúl Eugenio Zaffaroni, asesor a su vez de la ex presidenta Cristina Fernández, no tiene buenos deseos para el actual Gobierno argentino. «Quisiera que se fueran lo antes posible para que hagan menos daño». Con mandato hasta el 2019 en el tribunal de la OEA, Zaffaroni invocó «a la resistencia. A la resistencia no violenta, me refiero». Espantado con el Ejecutivo, animó a los argentinos, en una entrevista de radio, a «no deprimirse» porque con el «tiempo, todo pasa. Esto también va a pasar, como pasamos la dictadura militar, el menemismo, a Domingo Cavallo» (ex ministro de Economía). La secuencia que, a su juicio, se va a producir, será una moviola o repetición, «lo mismo que en el 2001», asegura, en alusió al año del crack de Argentina y del corralito. Convencido, al menos en su discurso de que un «aparato de poder de esta naturaleza», en refrencia al Gobierno, cuando se «ve frente a una crisis» adopta «medidas locas» que «son peligrosas», lo explica con varios ejemplos: «Nos costó la guerra de Malvinas, el estado de sitio en 2001, los muertos en Plaza de Mayo. Hay que tener mucho cuidado porque puede haber violencia y muertos». El último de sus pronósticos resulta demoledor. «Hay que tener cuidado con el colapso final, que será económico» porque «esto, no tiene salida».

El ministro de Justicia, Germán Garavano, salió de inmediato al paso de sus declaraciones: «Zaffaroni debería renunciar la Corte Interamericana». El diputado de la Unión Cívica Radical, Mario Negri, dijo que «la distancia entre sus deseos de que este Gobierno se fuera cuanto antes y la invitación a que lo empujen o lo desestabilicen no existe». El abogado Alejandro Fargosi, ex miembro del Consejo de la Magistratura, equivalente al Consejo general del Poder Judicial,dejó aparte la diplomacia, «da vergüenza y debería ser removido (destituído) de la Corte Interamericana». «El estatuto de la Corte -añade- es incompatible con tener actividades que afecten su independencia, imparcialidad, la dignidad o el prestigio de esa función... Zaffarini -concluye- parece creer que ser juez de la Corte Interamericana no lo inhabilita para hacer política partidista y de la peor porque ha atacado abierta y frontalmente al Gobierno argentino».

Penalista con vuelo internacional, la carrera de Zaffaroni arranca en la dictadura argentina (1976-83). El ex ministro Rodolfo Terragno, recuerda, «días después de arrebatar el poder, Jorge Rafael Videla designó a Eugenio Raúl Zaffaroni al frente del Juzgado Nacional en lo Criminal de Sentencia de la Capital Federal». Al asumir el Juzgado, Zaffaroni juró «observar y hacer observar fielmente los objetivos básicos fijados (por la dictadura) y el Estatuto para el Proceso de Reorganización Nacional», razón por la que Terragno se opuso a su designación en el Supremo argentino, en el Senado: «Quien había convalidado el secuestro y desaparición de la Constitución nacional no podía ser nombrado su custodio», explica en un libro.

A Zaffaroni, cuando todavía era miembro del Supremo argentino (hasta finales del 2014) , le descubrieron que en cuatro apartamentos suyos se ejercía la prostitución. Algunos de sus fallos son más que polémicos. En un caso de abuso sexual a una niña de 7 años ( obligada a hacer una felación) por parte del encargado de un edificio, consideró como atenuante que el agresor «apagara la luz». En un robo a mano armada, con un cuchillo, su ex señoría esgrimió un argumento para atenuar la pena de lo más ocurrente: «Un cuchillo no es un arma».

También en materia de narcotráfico sorprenden las palabras de Zaffaroni, como recuerda en una columna Marcelo Carlos Romero, fiscal del Ministerio Público de Buenos Aires. En una de estas, tras desbaratar una de las cocinas de la muerte donde se vendía la droga, el todavía miembro de la Corte Interamericana de DD HH no consideró apropiado considerar el local un punto de comercio ilicito porque no se encontraba comprador alguno.

A mediados del 2016, el Tribunal de Disciplina del Colegio Público de Abogados de la ciudad de Buenos Aires, le suspendió la licencia de abogado por 90 días, por incumplimiento reiterado de los plazos que le obliga a ley para volver a ejercer como abogado tras abandnar la Corte. Aún así, durante ese lapso de tiempo y pese a ser contrario a las normas de la propia Corte, Raúl Eugenio Zaffaroni siguió siendo uno de los siete jueces de máximo tribunal de la OEA en derechos humanos.