Manifestantes ondean banderas de la era de la monarquía constitucional iraní durante una protesta en la embaja de Irán en Berlín
Manifestantes ondean banderas de la era de la monarquía constitucional iraní durante una protesta en la embaja de Irán en Berlín - EFE

Irán debate su futura política tras dar por sofocada la revuelta

Varios diputados intentan bloquear el presupuesto de austeridad de Rohani

CORRESPONSAL EN BEIRUTActualizado:

Normalidad en las calles de Teherán después de que las autoridades iraníes hayan dado por finalizadas las protestas antigubernamentales que comenzaron el pasado 28 de diciembre y que se han cobrado la vida de al menos 21 personas y la detención de más de mil. Las principales avenidas y plazas de la capital permanecieron en calma y la presencia policial volvió a ser la habitual tras el amplio dispositivo de seguridad contemplado en las últimas jornadas, según recogió Efe. La televisión estatal ha emitido imágenes de grandes multitudes desfilando de nuevo en apoyo del Gobierno, en ciudades como Isfahan, Ardebil y Mashhad, principales centros de una protesta causada por los altos precios y la falta de oportunidades entre otros factores.

Una semana después de que empezaran las protestas se impone la teoría de que su origen fue espontáneo y sin un claro liderazgo, prendiendo la mecha en los barrios obreros de las pequeñas ciudades y ganando después el apoyo de numerosos activistas y ciertos sectores de la clase media educada. Los incidentes han sido motivo de preocupación internacional y no se descarta que Estados Unidos decida imponer nuevas sanciones como castigo. El gobierno iraní al completo ha cerrado filas contra las revueltas aunque muchos diputados han solicitado al presidente Hasan Rohani que se tomen en cuenta las peticiones de los manifestantes. Así se han producido ya movimientos en el Parlamento para bloquear el presupuesto anunciado el pasado mes y que incluía recortes en ayudas y aumentos del precio de los combustibles.

EE.UU., Israel y Arabia Saudí

El jefe de la Guardia Revolucionaria, el general Mohamad Ali Jafari, anunciaba el miércoles por la noche el «fin de la sedición», tras el envío de tropas a las provincias más afectadas por las revueltas. A pesar de que el Gobierno ha querido minimizar la trascendencia de las manifestaciones, cifrando el número de participantes en unos 42.000 en todo el país, lo cierto es que el despliegue de la fuerza de élite del régimen supone el indicio más claro de que las protestas han sido tomadas en serio. Para el ministro del Interior, Abdulreza Rahmaní Fazlí, la duración de la agitación se ha debido a «la tolerancia de las autoridades» en algunas localidades y al propósito de «los enemigos» de Irán de debilitar el país. El gobierno no ha dudado en señalar estos días a EE.UU., Israel y Arabia Saudí como instigadores de unas revueltas que no dejan de evidenciar el descontento de la población con la complicada situación económica.

También el enviado de Irán ante la ONU, Gholamali Joshroo, ha acusado a Estados Unidos de interferir de forma «grotesca» en sus asuntos internos y denunció al presidente y vicepresidente norteamericanos por incitar a los ciudadanos a participar en actos ilegales a través de ·sus absurdos tuits», en referencia a la violencia verbal exhibida por Trump y Mike Pence en internet en contra de Irán.

Desde Beirut, Hassan Nasralá, el líder del grupo libanés Hizbolá, financiado generosamente por Teherán, afirmó que las esperanzas de Trump y de los israelíes de ver el desmoronamiento del régimen se han visto truncadas.

Son pocos los analistas que han considerado la rebelión como una seria amenaza al régimen islamista que domina Irán desde la revolución de 1979. A pesar de ello ha sorprendido la audacia mostrada por alguno de los manifestantes, en un país donde la libertad de expresión está muy restringida, pidiendo la caída del líder supremo, Ali Jamenei, y rechazando la manida excusa empleada por las autoridades de culpar al enemigo extranjero de todos los males que aquejan al país.