Internacional

La paz inacabada de Peres preside su adiós en Jerusalén

Justo antes del funeral, las cámaras captaron el momento más simbólico del evento: el mandatario israelí, Benjamin Netanyahu, estrechó la mano e intercambió unas breves palabras con el presidente palestino, Mahmud Abás

Tsvia Walden, hija del fallecido expresidente israelí Shimon Peres, da un discurso durente el funeral de su padre
Tsvia Walden, hija del fallecido expresidente israelí Shimon Peres, da un discurso durente el funeral de su padre - AFP
MIKEL AYESTARAN Corresponsal En Jerusalén - Actualizado: Guardado en:

Shimon Peres descansa en el cementerio del monte Herzl de Jerusalén, a unos metros de donde reposa otro Nobel de la Paz, Yitzhak Rabin, el primer ministro asesinado por un judío extremista en 1995. Adversarios políticos en vida, la muerte les ha unido en el lugar que Israel tiene reservado a los «grandes de la Nación». El tercero de los protagonistas de los Acuerdos de Oslo de 1993, Yaser Arafat, está enterrado al otro lado del muro, en la ciudad cisjordana de Ramala. Desde allí viajó hasta Jerusalén el presidente palestino Mahmud Abás para tomar parte en el funeral de estado más importante que ha organizado Israel en las últimas dos décadas en el que estuvieron presentes el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, sus homólogos francés y alemán, el príncipe Carlos de Inglaterra o el rey de España, Felipe VI, entre una nutrida presencia internacional. Un viaje de apenas diez kilómetros, pero que Abás no realizaba desde hacía seis años. El homenaje al ex presidente y primer ministro, que falleció el martes a los 93 años de edad por un accidente vascular cerebral, pudo con las fuertes diferencias que mantienen el proceso de paz congelado.

Justo antes de la ceremonia, que duró tres horas, las cámaras captaron el momento más simbólico de un funeral en el que la palabra paz estuvo en boca de cada familiar, amigo y político que tomó la palabra. Netanyahu, y su esposa, Sara, estrecharon las manos e intercambiaron unas breves palabras con el presidente palestino, quien comentó sin perder la sonrisa «mucho tiempo, mucho tiempo», en referencia a ese último encuentro en la ciudad santa de hace seis años en la residencia del primer ministro. Netanyahu le agradeció su presencia y le dijo que «es algo que aprecio mucho en nombre de nuestro pueblo». Tras este saludo cordial, Abás tomó asiento en primera fila entre el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el primer ministro húngaro, Viktor Orban.

Cada detalle del protocolo es fundamental en este tipo de acontecimientos e Israel trató al líder palestino con todo el respeto que se merecía el único jefe de estado árabe que acudió al adiós de Peres. Egipto, uno de los dos países vecinos que tiene un acuerdo de paz con Israel, envió a su ministro de Relaciones Exteriores, Sameh Shukry.

Paz y seguridad

La ceremonia tuvo una primera parte para los elogios a una persona que fue clave en el nacimiento del estado de Israel en 1948. Netanyahu recordó las diferencias que tenían respecto al conflicto con los palestinos y cómo Peres le decía que «la mejor seguridad es la paz», pero él le respondía que «sin seguridad no hay paz». Una discusión que, tras su muerte, el líder conservador zanjó al asegurar que «los dos teníamos razón. El objetivo no es el poder, el objetivo es la existencia y coexistencia». El escritor Amos Oz, amigo personal del fallecido y una de las plumas más internacionales del país, adoptó un tono reivindicativo para pedir que «se cree un estado palestino junto a Israel. Debemos dividir esta casa en dos apartamentos. ¿Dónde están los líderes valientes con continúen con su legado?», preguntó a la audiencia un Oz siempre muy crítico con el actual gobierno y su política de reforzar la ocupación.

Obama fue le encargado de hablar en representación de la gran presencia internacional, una muestra del peso que tenía Peres en el exterior, y arrancó sus discurso con una alusión directa a Abás y Netanyahu, a quienes recordó que la paz por la que soñaba Peres sigue siendo una «tarea inacabada». En el discurso, que puso fin a las exequias, el mandatario estadounidense, también Nobel de la Paz, dijo que «incluso frente a ataques terroristas, pese a repetidas decepciones en la mesa de negociación, insistió en que, como seres humanos, los palestinos debían ser vistos como iguales en dignidad a los judíos y debían por tanto ser iguales en su derecho a la autodeterminación». Obama, como Netanyahu, recordó algunas de sus conversaciones privadas con el fallecido en las que «me decía que el pueblo judío no quiere gobernar a otro pueblo, desde el primer día estamos en contra de amos y esclavos». El presidente de Estados Unidos llegó justo para el acto y se marchó directo del funeral al aeropuerto, pasó apenas cuatro horas en total en Israel, cuatro intensas horas.

El funeral estuvo blindado por extraordinarias medidas de seguridad que paralizaron la ciudad santa durante la mañana. El monte Herzl fue una fortaleza blindada por 8.000 agentes de seguridad que cortaron todos los accesos para garantizar la seguridad del adiós a un Peres cuyo nombre «aparece en todos los capítulos de la historia de Israel», como recordó el presidente Reuven Rivlin.

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