Internacional

La historia de Aylan Kurdi y de su familia un año después de la tragedia

La imagen del pequeño ahogado en la costa de Turquía dio la vuelta al mundo, recorrió las redes sociales y trató de concienciar sobre el drama de la crisis de los refugiados y el sufrimiento sus víctimas más vulnerables: los niños.

El niño Aylan Kurdi, ahogado en la costa de Turquía
El niño Aylan Kurdi, ahogado en la costa de Turquía - AFP
ABC.ES Madrid - Actualizado: Guardado en:

Aylan Kurdi tenía tres años, vestía pantalones cortos azules y una camiseta roja y huía de la guerra que destruía Siria desde hacía cuatro años. Su imagen, ahogado en la costa de Turquía, dio la vuelta al mundo, recorrió las redes sociales y trató de concienciar sobre el drama de la crisis de los refugiados y el sufrimiento sus víctimas más vulnerables: los niños. Y es que diferencia de Kim Phuc, la chica vietnamita asustada por los bombardeos con napalm, o de Kong Nyong, el pequeño sudanés acechado por un buitre en la fotografía de Kevin Carter, Aylan fue retratado sin vida.

El día de su muerte, provocada por el hundimiento de dos embarcaciones, otros cuatro menores también fallecieron junto a Aylan. Entre ellos su hermano Galip, un crío de cinco años, y la madre de ambos, Rehan, de 35. Ninguno tenía chaleco salvavidas. Doce personas perdieron la vida cuando intentaron cruzar el mar desde la localidad turca de Bodrum rumbo a la isla griega de Kos. Abdullah Kurdi, esposo de Rehan y padre de Aylan y Galip, logró sobrevivir al naufragio. Fue encontrado medio inconsciente y llevado al hospital cerca de Bodrum. Como señaló entonces, su único deseo consistía en regresar a Kobani, la ciudad siria de donde procedían, para enterrar a su mujer y a sus hijos.

«Después de alejarnos unos 500 metros de la costa, en el bote empezó a entrar agua y se nos mojaron los pies. A medida que aumentaba el agua, cundía el pánico. Algunos se pusieron de pie y el bote volcó. Yo sostenía a mi mujer de la mano», explicó Abdullah, que también admitió que pagó a unos traficantes para alcanzar Kos junto a su esposa e hijos. Iniciado el viaje, la guardia costera los detuvo. Y por eso decidieron tomar un bote comenzar a remar por si mismos, hasta que el naufragio provocó la tragedia.

Un año más tarde, cabe preguntarse si la fotografía de Kurdi ha surtido el mismo efecto que la de esos otros niños víctimas de la violencia o el hambre. No parece así. La imagen de Kim Phuc y la cobertura periodística de la guerra de Vietnam, la denuncia del uso de napalm, contribuyeron a finiquitar un conflicto que traumatizó a toda una generación de estadounidenses. En 1993, el durísimo retrato tomada por Kevin Carter desencadenó un duro debate sobre la hambruna en Sudán y la indiferencia de occidente ante los padecimientos de ese país africano. La crisis de los refugiados, sin embargo, es ahora cosa del pasado. El acuerdo alcanzado por la Unión Europea y Turquía para cortar la ruta de los Balcanes, puerto de llegada tras una travesía por el mar Egeo, ha sido una solución criticada por asociaciones como Médicos sin Fronteras, que ha rechazado recibir fondos de Bruselas para protestar como la decisión.

Sobreponerse a la desgracia

Antes de iniciar su fátidica travesía, Abdulá Kurdi y su familia querían ir a Canadá, donde vivía una de las hermanas del hombre, Teema Kurdi. Habían realizado una solicitud de asilo con apoyo privado ante las autoridades canadienses, pero fue rechazada en junio por complicaciones con las solicitudes desde Turquía. Incluso, en una ocasión Teema lllegóa a declarar: «Yo estaba intentando patrocinarles, y mis amigos y mis vecinos me ayudaron con los depósitos bancarios, pero no pudimos conseguir sacarlos y por eso se subieron en un bote. Yo incluso les pagaba el alquiler en Turquía, pero es horrible el modo en que tratan a los sirios allí».

Más de un mes después de la muerte de su familia, Abdulá, acompañado de su hemana que habia volado desde el país norteamericano, era entrevistado por el diario «The Guardian» en la Fundación de Caridad Barzani, en Irak. Así comenzaba su nueva vida. Mientras tanto, más concienciado que nunca, Abdulá comentaba al periódico: «Quiero que se ayude a los niños de Kobani. Estoy visitando campode refugiadops en nombre de mi hijo Aylan. He visto todo los que sufren. No les dejaré en la estacada».

Teema también consiguió que Canadá, la tierra soñada, les abriese las puertas a otros de sus familiares. Mohammed Kurdi (tío de Aylan), su mujer y sus cinco hijos llegaron al aeropuerto de Vancuver dispuestos a empezar de nuevo. Mohammed, barbero de profesión, empezó a trabajar en el salón de peluquería de sus hermana y la fotografía en que cortaba el pelo a su primer cliente canadiense, Richard Stewart -alcalde de Coquitlam-, dio la vuelta al mundo. Esta vez, se mostraba la cara positiva de la historria de los refugiados que lograban sobreponerse a la desgracia.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios