Internacional

El hijo de un analfabeto lucense al que la emigración ascendió a terrateniente

Las raices del dictador Fidel Castro están en Láncara donde se conserva la casa en la que nació su padre

Fidel Castro, durante su visita al pueblo de Láncara en 1992
Fidel Castro, durante su visita al pueblo de Láncara en 1992 - EFE

Por exceso y por defecto, tras la personalidad de Fidel Castro estaba la figura de su padre, Ángel Castro Argiz, un gallego nacido en la localidad gallega de Láncara en 1875 que pasó de analfabeto en Lugo a poderoso terrateniente en Cuba, después de haber emigrado para combatir en la Guerra de la Independencia a finales del siglo XIX. «No se puede haber hecho lo que él hizo si no se tiene un carácter fuerte».

Así lo afirmó el propio dictador en una entrevista con Ignacio Ramonet recopilada en el libro «Fidel Castro, biografía a dos voces». «“Don Ángel Castro” le decían, una persona muy respetada, de mucha autoridad en aquella especie de feudo». Con ese término aludía al pequeño imperio que su progenitor construyó a su alrededor: «Tenía no menos de 11.000 hectáreas de tierra. [...] Llegó a tener bajo su mando hasta 300 hombres».

Contra lo que representaba la figura paterna fue contra lo que primero se rebeló: «No me rebelé contra mi padre, era difícil, porque era un hombre de muy buen corazón. Me rebelaba contra la autoridad. Me gustaba estar en cualquier lugar menos en casa. Porque representaba la autoridad y me animaba ya el espíritu rebelde. Empecé a serlo a los seis o siete años».

En aquella charla, el líder castrista indicó que en la forja de su personalidad influyó una contestación a «a cierto autoritarismo español» encarnado en «don Ángel», que se manejaba con el gallego, «aunque no lo usaba», y «estaba contra la República», según confesó. «Pero seguramente lo que más ha influido es que, donde nací, vivía con la gente más humilde. A algunos de ellos, incluso, a la hora del almuerzo, yo les llevaba una lata llena de la comida excedente, por no decir sobrante». Así se expresaba Fidel sobre el entorno creado por su padre.

Visita en 1992 con Fraga

El dictador pudo conocer sus orígenes en 1992 gracias a una invitación del entonces presidente de la Xunta, Manuel Fraga, que le acompañó a la casa donde vivió su progenitor antes de que «muy joven, con dieciséis o diecisiete años lo reclutaran y enviaran a Cuba a la guerra. [...] La teoría es que mi padre era uno de aquellos jóvenes pobres de Galicia a los cuales algún rico le daba una cantidad de dinero para que lo sustituyera en el servicio militar».

Así describía esa sencilla vivienda, hoy deshabitada y con un estado de conservación deficiente: «Es una casita pequeñita, de unos diez metros de largo por unos seis de ancho. Una casa de lajas de piedra. Vivía toda la familia y supongo también los animales. En la única pieza estaban dormitorio y cocina». En el centro, la típica hoguera de las construcciones gallegas de la época.

En ella estuvo Fidel treinta minutos el 28 de julio de 1992, cuando la localidad lucense lo nombró hijo adoptivo, algo que ha repetido este año con su hermano Raúl. Aseguró que era uno de los días más felices de su vida. «Me siento honrado de que la casa de mi padre no sea un palacio, sino una choza humilde». No obstante, quien lloró en aquella jornada no fue Fidel, sino el propio Fraga, cuyo padre también había emigrado a Cuba.

En torno a esta sobria construcción se recordó ayer al mandatario. En su fachada aún se puede leer: «En esta casa en 1875 nació ángel Castro Argiz, gallego que emigró a Cuba donde plantó árboles que aún florecen». Y flores, rosas blancas, depositaron allí el alcalde y su predecesor, que empujaron la silla de ruedas de Manuela Argiz, prima lejana del dictador, de 103 años y hoy en un geriátrico.

También en una residencia recibe hoy cuidados la prima carnal del tirano, Victoria López Castro, que siempre acumuló fotografías y recortes de prensa de su familia. Una enfermedad degenerativa le impide hoy recordar todo. Como tantas otras zonas del rural gallego, Láncara tampoco escapa a la despoblación y el progresivo envejecimiento. Sus veintiséis parroquias apenas superan los 2.700 habitantes. Un pequeño saco con tierra de la finca que rodea a este casa, en la comarca de Sarria, viajó a la Isla en una visita del exregidor al país caribeño. Castro la recibió emocionado.

En el municipio no quieren desaprovechar la oportunidad de convertir el otrora hogar gallego de los Castro en un discreto museo, un homenaje y un recurso turístico más para la zona. Antes deberán resolverse algunos escollos con sus propietarios. Pronto Rául Castro, que estuvo en Láncara en 2005, recibirá en La Habana el título de hijo predilecto otorgado en verano.

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