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Henrique Capriles: «Queremos sustituir a Zapatero por Cardoso y Lagos como mediadores»

Entrevista con el líder opositor dos veces candidato a la Presidencia de Venezuela

El dirigente opositor venezolano Henrique Capriles
El dirigente opositor venezolano Henrique Capriles - REUTERS
L. VINOGRADOFF/C. DE CARLOS Caracas - Actualizado: Guardado en: Internacional

Dos veces candidato a la Presidencia, frente a Hugo Chávez en el 2012 y con Nicolás Maduro como adversario un año más tarde, Henrique Capriles (45 años), sigue en «la lucha contra la dictadura». Inhabilitado por quince años, el gobernador del Estado de Miranda cree que la solución a la crisis venezolana podría encontrarse en una mesa negociadora a nivel de gobiernos y no en una intervención militar. «Las crisis no pueden resolverse con golpes de Estado. Nosotros somos demócratas», insiste.

¿Cómo ha afectado a la economía la Asamblea Constituyente impuesta por Nicolás Maduro?

El dólar paralelo, que representa el 50 por ciento de la demanda y de transacciones de divisas de Venezuela, se ha disparado a más de 16.000 bolívares. Es la mayor devaluación de la moneda en toda la historia de Venezuela. Es una debacle económica.

¿Cómo lo percibe el ciudadano?

La economía venezolana, aunque no se diga, está dolarizada. Todos los productos que consumimos se pagan en dólares. El salario del trabajador es de 250.000 bolívares que, hoy, equivalen a 15 dólares. Ahora, el trabajador comenzará a ganar medio dólar al día.

¿Cree que, al final, Maduro va a pagar caro su empeño de imponer la Constituyente?

Será la soga al cuello para Maduro. Pudo cancelar su proyecto y quedar, pese a todos sus atropellos criminales, como un demócrata, pero no quiso. Prefirió hacer un fraude y ahora los venezolanos sufrirán por la comida y falta de alimentos. La escasez lo tiene contra las cuerdas. Por eso, estoy convencido de que la agenda económica va a desplazar las demandas políticas. La conflictividad social va a ser grave.

¿Las Fuerzas Armadas se cuadran ante Maduro o hay divisiones?

El Ejército está dividido en mil pedazos. Su cúpula militar está comprometida con el régimen que lo ha sostenido pero internamente está fracturada. Hay mucho descontento. Un soldado gana unos 40 dólares, un poco más que el salario mínimo de un trabajador.

El escenario que describe es el que precede a una revuelta…

Mi impresión es que no hay posibilidad de una guerra civil en Venezuela. La había hace 4 años porque el país estaba en dividido en dos mitades, muy polarizado. Ahora, el escenario es otro. El Gobierno está muy debilitado.

¿En qué se basa para hacer esa lectura?

La denuncia de fraude de Smartmatic, su empresa informática en las elecciones en todos estos años, era impensable. Confirmar que el sostén de su sistema electrónico permitía hacer trampas ha generado un terremoto en el Gobierno aunque pretenda ocultarlo. Otro evento histórico determinante fue el plebiscito del 16 de julio, organizado por la propia gente, donde votaron 7,6 millones de personas en contra de su Constituyente. Y a esto hay que añadir la abstención del domingo pasado. El apoyo al Gobierno fue del 20% y el de la oposición, el 16 de julio, del 80%. Ahí está su debilidad.

¿Por qué Maduro se aferra tanto al poder?

Porque tiene terror a perderlo y terminar en la cárcel.

¿Hay posibilidad de abrir alguna puerta de salida negociada para el régimen?

Hay una ley de transición, de respeto a la Constitución, que ofrece garantías para que se pongan del lado de la ley. Pero todavía existe mucha soberbia y una posición de fuerza firme. Se podría alcanzar un gran acuerdo nacional que le permita a Venezuela votar y elegir a un candidato que dé garantías de que el siguiente Gobierno no actuará con venganza y revancha, sino que dará paso a un cambio político.

Parece muy optimista

Soy optimista porque veo que estamos llegando al final de la historia. El domingo pasado el chavismo vivió una frustración terrible. Están llorando. Es como el tipo que organiza un baile y nadie le va a la fiesta.

¿Quién gobierna de verdad en Venezuela?

No solo Maduro, son varios grupos de poder. En estos momentos hay dos fuertes: el de Cabello y el de Maduro. En público se abrazan pero por detrás se enzarzan en una pelea a cuchillos. Cabello aspiraba a ser presidente con la Constituyente pero Maduro no fue tan tonto como para no verlo.

¿Es Cabello Diosdado el que decide cuándo aplicar mano dura en la calle?

En el tema de la represión creo que ellos dos coinciden. Ninguno ha dado señales de ser menos cruel. Están al mismo nivel.

Cada vez son más las voces que piden que el Ejército intervengan para poner fin al régimen…

No queremos un golpe militar. Las crisis no pueden depender de las armas para solucionarse. No se puede colocar a las Fuerzas Armadas en una encrucijada entre matar o no matar o dar un paso atrás y obligar a una negociación. No vamos a tomar las armas. No creemos en eso. Somos democráticos.

¿Qué efecto cree que ha tenido en el Gobierno las sanciones personalizadas de EE.UU. contra Nicolás Maduro y otros trece miembros del régimen?

Ha sido un golpe duro. Pero les han afectado más las españolas con la UE porque tienen más inversiones en España. También la posición de Panamá, centro financiero de los chavistas, ha sido fuerte para ellos.

La corrupción es una de las señas de identidad del régimen. ¿Tiene una estimación de a cuánto asciende?

No ha habido un gobierno más corrupto en la historia de Venezuela y América Latina. Ni siquiera el de Fujimori. La dimensión del chavismo es superior. Hemos contabilizado unos 500.000 millones de dólares en corrupción que se han fugado al exterior.

¿Venezuela es un narco-Estado?

Creo que es un estado de narcotráfico. Mackled, ahora preso, estaba entre los 10 narcotraficantes más grandes del mundo, era un Pablito Escobar con vínculos con el Gobierno, entre ellos Tareck El Aissami (el vicepresidente).

¿Por qué no pudieron negociar la oposición y el chavismo si había espacio para hacerlo?

Porque la oposición no quería participar en la Constituyente. El problema de la Constituyente es que es inconstitucional e ilegal. Si nosotros nos hubiéramos metido allí y tuviéramos unos resultados como los que anunciaron el domingo, habría sido un suicidio.

Fue positiva o negativa la mediación de Zapatero?

No tengo nada personal contra Zapatero y se lo he dicho, pero el balance de sus gestiones son: más presos políticos, no hay elecciones a gobernadores ni alcaldes... Cualquier político venezolano le supera. Decía que Maduro le escuchaba pero se han burlado de él, le han vacilado. Debería dar a conocer a los venezolanos sus resultados, a ver qué pasa. Aunque no sé si tendría la capacidad de dar la cara y hacerlo. El que es amigo mío y conozco bien es Felipe González.

¿Se ha planteado la mediación de un grupo de países garantes o alguna fórmula que ayude a salir de esta crisis?

Esa propuesta está y estaba en la mesa. La relación tiene que ser a nivel de gobiernos. La oposición tendría a dos representantes, y el Gobierno otros dos. Habría un quinto país como observador o garante.

¿En quién ha pensado?

No veo a Zapatero en el grupo porque no inspira confianza a los venezolanos. Todo se hubiera resuelto si hubiera escuchado mi propuesta de nombrar a nuestros representantes.

¿Y quiénes serían esos representantes de la oposición?

Pensamos en los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso de Brasil y Ricardo Lagos de Chile, con larga trayectoria. Y bueno que el gobierno escoja los dos suyos.

¿Siente que América Latina ahora está más sensibilizada con Venezuela?

Bastante. Nunca Venezuela había tenido tanto respaldo como ahora. A las dictaduras hay que arrinconarlas y acabarlas. Y hay que mirarse en el espejo de Venezuela porque mañana puede ser su país en el que se encuentra en una situación como la nuestra. La gente espera primero la atención de salud y comida antes que la democracia y la libertad. Para el que vive en la extrema pobreza la democracia no le representa nada si no tiene con qué comer. Hay que educar y mostrar que el único camino para superar la pobreza es la democracia.

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